Sendero a prisión: Parte 6

EL DROGADICTO DE A PIE

Veo, como usted, miles de veces en canales de televisión a periodistas, investigadores o personas de cualquier puesto político diciendo más o menos cosas parecidas entre ellos: “El drogadicto, la droga, es un problema de salud pública”.

HAY QUE QUITARSE LA VENDA: Si no les hiciera tanto ruido, ya que sería como una demostración de avaricia explícita, la droga, por sus jugosas ganancias, sería un negocio controlado por el estado. Pero allí romperían su sentido de pureza moral que les justifica su existencia, es un paso que los deleita y que al mismo tiempo temen dar.

Bien, volviendo al hecho de los drogadictos como gasto público, es, en ciertos vectores sociales, una mentira inmensa. Piense en una mujer y en un hombre mayor de 25 años, con tatuajes feos, mal hechos, con cuerpos flacos, ropa muy usada encima, ropa sucia o de aroma neutro, piense en personas que todo el tiempo están pensando en consumir, en vender las sillas, las garrafas, algunos y algunas con nódulos que provienen de sus muelas, y también manchas en distintas partes del cuerpo, en gente que puede caminar 12 kilómetros buscando al proveedor, que jamás sabe si tiene un resfrío o cáncer pulmonar, u otro tipo de cáncer, o sida, o cualquier enfermedad que nos aterra. Come cada día por medio, pues no le apetece, no le “nace” el hambre, incluso está más dispuesto a una changa mínima en pos de drogarse antes que de comer. Así viven décadas, muchísimos años, bien puede pensar: “qué exagerado”, pues conozco gente de más de 60 años que se comportan así, quizás algunos cambian hacia un alcoholismo con un único fin: cirrosis. Entonces, si el 99% de esta gente no va a acudir a un hospital público durante décadas, pregunto: ¿dónde está el gasto público?

En serio nos tenemos que tragar esa mentira, cuando al gasto público en salud no le importa ni los dientes de los pobres, que apenas pueden cuidar los manchados y cariados dientes (3 o 4) que le quedan en su boca, por más que jamás se haya drogado. Si ni esas personas son atendidas con la prevención de la enfermedad en la acción de evitar que una gripe se convierta en una neumonía, o un caso de apendicitis termine en peritonitis, y así podría seguir.

Nos hablan, nos gritan desde sus pedestales morales, tanto el estado como el buen ciudadano, sobre cómo tienen que ser los días en convivencia ciudadana. ¿Sabe el estadista como es la mañana del adicto? ¿Cómo es cuando llega la noche? ¿Saben los grises ciudadanos del bien? ¿O simplemente escuchan los decires basados en datos que no son para nada reales?

El único gasto que un drogadicto le dará al estado, es el de ver en donde lo enterramos o a que casa velatoria le envían el cheque para su cremación, gasto que generamos todos los pobres, seamos drogadictos o no.

CENTROS DE REHABILITACIÓN

Pienso que para que una persona busque ayuda en un centro de rehabilitación, cualquier sea, e internar a un familiar, debe haber una estructura cognitiva distinta, debe saber y conocer un mundo mejor, entre comillas claro, mundo alejado de aquí, de terrenos con 15 casas de lajas, dónde cada uno es un micro barrio con sus reglas. Tiene que haber visto que si, que claramente es posible cambiar, no desperdiciar el resto de lo que quede de vida, bien, todo este tipo de logros y realidades alcanzables, aquí se desconocen, hay ambición, si, hay sueños, si, pero realmente están muy lejos de lo que cualquier persona de clase media puede ver, pensar, sentir o construir con constancia y esfuerzo, todo ese combo de mixturas que es necesaria para tomar la decisión de internar a alguien, y si no se poseen los recursos, ahí si cargar el saturado sistema público nacional.

El único gasto público de un pobre, está en su nacimiento, la infancia (cada vez menos aportes estatales) y, como ya dije, en su muerte.

Lamentablemente hay que entender cosas muy duras y son las siguientes: si alguien escribe la palabra “hola” ¿por qué asumimos que no es un analfabeto? Saber leer y escribir, tiene que dejar de ser la vara del analfabetismo, al menos por estos lados. Aquí no se conoce el concepto ni la palabra “rehabilitación”, imagínense que me han preguntado: ¿qué es una garantía? O, me han llamado cientos de veces para que les traduzca (con mi nulo conocimiento penal), la citación de turno de la justicia, o la presentación en PDF del fiscal o fiscales de turno que dieron en alguna audiencia imputativa. ¿Por qué digo todo eso? Porque intento explicar que no hay un GPS de mejora que pueda aplicarse, nada llevará a estas personas a pensar en rehabilitación como algo necesario para una vida mejor, como el primer paso.

Vuelvo a decirlo: aquí, el drogadicto jamás será un gasto público. Ese mensaje que dan, es solo un refuerzo moral y sistémico. Hay vidas enteras de puestos burocráticos que dependen de la droga vista como problema para sostener sus vidas económicas, para tiparlas y clasificarlas, para hablar sobre droga. El estado hace todo el negocio completo con la droga a excepción de uno solo: no la vende. No puede permitirse perder su imagen de pureza. Sin embargo, tiene un circuito de justificación inmenso alrededor de la droga.

Piénselo un segundo: ¿De qué hablaría? No vaya a ser cosa que lo único ilegal que llegue a los medios de comunicación sean los delitos de guante blanco, los fraudes bancarios y empresariales donde los ganadores, siempre viven en los mismos barrios privados, con estrafalarios apellidos, etc. Un montón de lugares a donde la policía no puede ir a justificar, ni a ejercer la misma violencia y avasallamiento espectacular de derechos para luego salir aplaudidos en redes sociales. Hay cosas que no se tocan.

El drogadicto como gasto de salud público no mueve ninguna vara, no es un problema político, es una necesidad estatal, disfrazada, muy disfrazada.

Sendero a prisión: Parte 5

ALGUNAS ACLARACIONES BREVES

En el capítulo anterior hablé bastante o di varias referencias sobre cálculo diferencial y formas matemáticas, pensará que a lo mejor esto está por convertirse en un postulado algorítmico sobre la cuestión principal que se trata, pues no. Y he aquí un secreto si usted no conoce cálculo avanzado: no se trata de resolver cuentas, se trata de “operar” ideas, cuando usted ve un algoritmo o fórmulas con simbolismos matemáticos raros, tómelo como una forma de comportamiento y además un símbolo de abreviatura, ya que sino, para explicar la fórmula o algoritmo, deberíamos escribir párrafos u hojas enteras, por eso la necesidad de representación y simbología en matemática. Pero el secreto es simple: pensar. Cuando usted está pensando si alguno de sus proyectos funcionará o no, ya está haciendo cálculo avanzado, que es simplemente operar ideas. Seguiré con esa línea, refiriéndome a las distintas cuestiones como fuerzas y acciones que interactúan entre sí.

LAS FUERZAS IGNORADAS

¿Cuál es el peso de un abandono? ¿Y el de una violación? O, ¿el de todos los golpes recibidos?

Vivir no es algo lineal, vaya novedad. Si pudiéramos dibujar la vida podríamos emularla, o paralelizarla mediante un gráfico con subidas y bajadas, movimientos que son respuestas u obligaciones a cuestiones muchas veces ajenas a uno, otras, infringidas directamente por uno mismo. ¿Por qué propongo esta forma algo abstracta sobre la existencia? Porque a mi parecer hay fuerzas que aparecen y desaparecen en nuestro camino, puedes llamarle a estas fuerzas como decisiones, traumas, golpes de suerte, de mala suerte, equivocaciones, aciertos, personalidad y todas sus sub-categorías, soledad, muertes, tragedias, placer y goce, ira, ego, y una lista larga de etcéteras. Todo es una fuerza que opera sobre esa gráfica que nuestros días van dibujando.

Entonces, cada cosa de nuestra vida es una fuerza que mueve nuestro día a día, pero podemos pensarlo así:
El abandono de un padre no es una ‘falta de algo’, es una fuerza de impacto. Es el momento donde la gráfica de la vida de un niño sufre una desviación angular tan violenta que, sin una contra-fuerza igual de potente, el destino queda sellado hacia todo otro abanico de espacios (hacia los cuales la gráfica queda dirigida, o el auto-vector si quieres pensarlo como álgebra lineal).

El Estado ve al hombre de 25 años vendiendo marihuana, pero se niega a ver la aceleración inicial y todas las fuerzas posteriores. El Estado es ciego a la dinámica; solo es experto en lo penal porque es algo estático. Sigamos profundizando un poco más y entendamos que, si nosotros podemos ver una decena de fuerzas físicas destructivas interactuando sobre un individuo, bien podemos ver o predecir con exactitud máxima, hacía dónde se dirige X individuo. Pero el Estado no quiere ver esto, porque ahí, realmente debería intervenir, en cambio, prefiere ver una estadística y juzgar un punto dentro de toda la gráfica compuesta por miles o millones de puntos, ¿Por qué? Si somos perversos como el poder, podríamos concluir que no lo hace porque sino no habría delincuentes, pero la cuestión es más egoísta y egocéntrica: teme morir, teme en todo momento, y acapara todo el dinero que puede, por eso la prevención física real es casi inexistente, y motivado por el temor solo gasta con ganas en una sola cosa: policía, policía y policía. Entonces, la política, el poder, la justicia, con sus propias invenciones es un observador inerte:

– La Justicia es Aritmética: 1+1=2. (Hecho + Ley = Cárcel).

– La Realidad es Cálculo: ∫F(t)dt. (La suma de todas las fuerzas en el tiempo).

El Estado odia la integral porque la integral reparte culpas. Si integramos la vida del Chef, el resultado no da “800g de marihuana”, el resultado da un sistema de fuerzas donde el Estado aparece como un coeficiente de fricción que nunca ayudó, o peor, como una fuerza que aceleró la caída.

NO estoy diciendo que cualquiera es inocente y por lo tanto cualquier responsabilidad queda extinta, voy un poco más cerca de ti y te cuento que he visto desplegar toda la fuerza estatal, todo el brazo de la ley para condenar a hombres y mujeres, con reglas éticas y penales de un sistema al cual nunca nadie los invitó y nadie se preocupó por que formen parte.

¿Cómo se le puede exigir a hombres y mujeres cuasi analfabetos, fidelidad a un contrato que nunca firmaron? ¿Cómo se les puede juzgar por no formar parte de una sociedad que solo los reconoce cuando los tiene que esposar? Es la estafa definitiva: el Estado te mantiene fuera de la ecuación del bienestar, pero te pone en el centro de la ecuación del castigo. El delincuente no natural (que no mató ni violó) es la válvula de presión utilizada para avalar lo establecido, para nunca jamás cambiar nada ¿y por qué? Porque si hay delincuentes, se puede sostener el temor infinitamente, por ejemplo: se traslada una falta de variada gravedad cometida por un desconocido (desconocido por vos y ajeno a tu vida), se traslada hacia una ofensa directa a tu ego y cobardía, porque todo delito es una deuda para con la sociedad. ¡Es la máquina de matar más perfecta que ha existido en la historia del planeta!.

LA FUERZA CONTENIDA

Si usted quiere saber por qué ya no se descuartiza un delincuente en la plaza pública lea “Vigilar y Castigar”, pero le dejó algo de spoiler: simplemente porque un hombre muerto ya no produce, no paga impuestos, no consume. ¿El preso produce? No. Pero puede volver a producir. Es un recurso en pausa. Además claro, de que semejante bestialidad de fuerza aplicada sobre los deudos, podría desatar una bomba atómica de sangre.

Y basado en eso llegamos al encierro moderno: la prisión. ¿Qué cree usted que puede pasar? Si a una vida que la interacción de fuerzas demoledoras, sea por elección o por destino, la llevamos a un cubículo derruido y húmedo, y metemos más fuerzas de demolición como: las violaciones, la humillación, la tensión constante, el tener que matar o morir, el abuso constante de los servicios penitenciarios (otros delincuentes encubiertos según la ética ciudadana, y me refiero a tu ética). ¿En serio puede creer que la tendencia destructiva fue corregida? Aquí puede surgir su conclusión más miedosa y cobarde: hay que matarlos, pero tranquilo, vos apoyas el capitalismo, y la justicia evolucionó para no matar un cuerpo que con algunas correcciones (por más inexistentes que sean) volverá a consumir, producir y pagar impuestos, así que, aquí va un alimento para tu terror: buena suerte cuando salgan.

Sendero a prisión: Parte 4

LA ECONOMÍA DE LA DROGA

El ciudadano que no camina por estas calles y estos pasillos, y que solo puede acercarse a estos lados a través de alguna noticia en las redes sociales, leyendo un parte de prensa de algún ministerio público de acusación, puede llegar a pensar que el vendedor ocupado en el narco-menudo tiene un pasar económico fuerte, vibrante y próspero. Pues nada más alejado de eso, como mucho su economía está anclada en un sueldo medio que podríamos poner entre 600 y 1000 dólares mensuales, si medimos los gastos económicos que realiza el estado para extraer de lo cotidiano a todo este tipo de personas, las cifras en comparación son astronómicas.

Ahora, pensemos un poco más e intentemos ver el por qué un pibe busca en ese rubro su razón de ser (sin entrar en datos estadísticos que, considero matemáticamente muy elementales ya que solo es un conteo y no una medición de fuerzas operando y que no es cálculo diferencial, no puede la estadística medir el movimiento mientras este está ocurriendo ni las fuerzas ejercidas en una trayectoria para el desencadenamiento de una acción).

Las excepciones de ingreso a este rubro son iguales al comportamiento que tiene la materia: puede nacer de la nada. Es decir, hay casos donde se entra no ya por necesidad, adicción o cultura, sino por placer, por querer ser parte, o por comodidad.

El caso que considero general, y no una excepción (el mismo que me llevó a realizar este texto) es el siguiente:

Un niño o niña en infancia pobre, con marcado maltrato de parte de sus padres o cuidadores, una infancia en dónde a sus 7 u 8 años ya conocen la ciudad luego de rondarla como un gato curioso, por sí solos. Situaciones de abuso, ya sea sobre ellos o sobre sus hermanos, abusos de violencia o abusos sexuales, sin nadie que denuncie lo ocurrido, por complicidad o por temor. En su pre-adolescencia (12 / 13 años) una escolaridad nula o inexistente desde hace un par de años, ya el cuerpo con carga horaria en labores y changas en negro y mal pagas, más como favor o por cercanía amistosa o familiar. Un precoz encuentro con el alcohol, cigarrillo, marihuana, cocaína, excesos. En todo el recorrido de su desarrollo, jamás se conoce la palabra de un adulto que medianamente logró establecerse, un consejo o una mano que tienda a querer ayudar a corregir el rumbo, y sobre todo, un desconocimiento total de otra forma de vida posible, más allá de lo que pueda mostrar la televisión o las redes sociales o el internet gral. Con todo esto, después de los 17 años, la tendencia es irreversible y solo la enfrentará luego, la policía y toda la carga que descanse en los tipos penales ansiosos por drenarse.

La larga cadena de vivencias forman una masa que no puede desviarse sin una fuerza con la misma carga de dirección contraria. Nadie podrá frenar a alguien que está dispuesto a ganar al menos 600 usd al mes vendiendo, porque no conoce ninguna otra forma de vida. Pensemos que, no pueden explicarse las situaciones con palabras, debido a un desconocimiento total de la mayoría de las palabras, ¿cómo es posible que nazca una reflexión que sirva lo suficiente para elegir un buen camino, si tal palabra no existe internamente en sí mismos, ni en nadie que conocen, que conocieron o que conocerán, si ni siquiera el pastor evangélico del barrio puede conocerlas, obnubilado con la idea de resistir la miseria por un próspero paraíso? Le estamos exigiendo mucho a un ente que no puede darlo, y hay que entender que el lenguaje conocido es el límite del pensamiento, y todo lo que no pueda procesarse por el mismo, se convierte en síntoma de índole variada.

La economía del vendedor, del narco-menudeo es segundo plano, el pibe o piba entra en eso porque no entiende nada más.

Pero acá quiero hacer una diferencia, quiero hacer ver que he notado una inteligencia en distintos pibes, que con cierta instrucción alcanzarían y podrían superar a cualquiera, incluso la he notado en adictos que no tienen sillas ni mesas ni cocinas ni garrafa en sus casas, he visto inteligencia incluso en completos analfabetos. Y ahí entra, para mi, el narco-bandido, quizás algo más peligroso para la sociedad porque está dispuesto y tiene la capacidad física e intelectual de planificar acciones que el transa común jamás podrá. Cosa que explicaré más adelante… junto con toda la matemática diferencial del asunto.

Pero antes de terminar este segmento, quiero destruir la estadística estatal de una vez y explicar como, conceptualmente, el estado roba recursos buscando aplausos por 4 vías diferentes.

Si los gobiernos no usaran estadística y se volcarán al cálculo diferencial podrían ver todas las fuerzas dinámicas del asunto, intervenirlas a tiempo y evitar: tanto condenas, como hechos delictivos y su reincidencia, pero el estado no busca intervenir, solo perpetuarse, y así ejecuta 4 delitos económicos de forma adrede, usando el lema de justicia:

  1. Toda la plata de los contribuyentes que debería usarse en la prevención (cosa que un modelo diferencial dinámico le permitiría ver) jamás es utilizada, todo presupuesto en seguridad es simplemente una acaparación de recursos para unos accionares que tienen un solo fin: asegurar su existencia (la estatal) y obtener el aplauso iluso. Pero usted, sigue aplaudiendo y está siendo estafado.
  2. El gasto en cazar un delincuente que gana por su actividad ilícita un techo aproximado de 1000 dólares, es 50 veces más grande, como mínimo.
  3. Usted votante de TV deberá seguir aportando para mantener al  condenado en prisión.
  4. El condenado, una vez pagada su pena, volverá al mismo ciclo. SI, ES COMO PAGAR TU PROPIO SICARIO.

Sendero a prisión: Parte 3

EL MUNDO COMPLETO Y LA INFANCIA

Desde que llegó el allanamiento hacia el Chef (aunque caímos todos en la bolsa y todos terminamos con una ametralladora en la cabeza mientras un pie nos aplastaba el pecho contra el piso), sospeché y sospecho que lo querían agarrar como sea, y la condena fue mínima por lo que pudieron encontrar (si hubieran allanado otro día la condena hubiera tenido de mínima, 2 dígitos), sin embargo, en mis escalas de delitos, no entra, sigue siendo inocente (no tengo razón y no tengo porqué tenerla), y es una escala, necesaria. Bien, luego de 4 años viviendo aquí, las cosas que se hacían en secreto u ocultas a ojos de mi madre, de mi pareja o de mi mismo, dejaron de hacerse ocultas y simplemente se hacían en el patio. Sí, he visto ladrillos de marihuana apilados mientras iba al baño (el baño era y es compartido y queda en el fondo del terreno), he visto armas, he charlado e incluso han trabajado en mi empresa de limpieza (antes de que la cierre) algunos pibes que fueron los causantes de tiroteos y amenazas o ajustes de cuenta por droga. Conocí todos los secretos, los vi, porque es inevitable, vivimos en el mismo terreno, y más allá de que no participé en todo eso, uno sale al baño o al patio y se encuentra a un grupo de pibes manipulando lo mencionado. ¿Qué haría usted, buen ciudadano? ¿Llamaría a la policía, usted, ejemplo del bien? ¿Los denunciaría? A esos pibes dispuestos a “batallar” por usted, al Chef, quien respondería por usted si pasa algún momento malo y no tiene para comer, le prestará dinero o le traerá comida, sin esperar favores a cambio, ni apurar con el tiempo de devolución del dinero. Alguien que lo invitará a su mesa en las navidades y años nuevo, por más que no te guste o no pienses ser parte, si denuncias a alguien así, viviendo en su terreno, déjame decirte que probablemente ya no tengas alma ni razón que justifique tu permanencia, por carne, por humano, por especie, aunque claro, el sistema estará encantado contigo.

Conocerlo todo, llevó también a que el Chef se abriera conmigo, y que su esposa se abriera con mi madre. Así supimos de la infancia del Chef (recuerde que cuando llegamos a vivir aquí ambos tenían 21 años y un hijo, 4 años atrás).

Y si vemos su vida, conocemos a un chico que probablemente haya sido abusado (aunque él nunca lo dijo), pero su hermana siendo niña fue violada por su padrastro, al igual que su hermano cuando era niño. Si no fuera eso suficiente para arruinar todo porvenir, al tener que seguir conviviendo con el violador, su madre, a partir de los 6 años del Chef, lo obligaba a ir a los semáforos a pedir monedas, y tenía que volver con plata porque sino el castigo era una golpiza. Luego, a los 13 años, cuando ya no podía conseguir dinero en los semáforos tan fácil, se convirtió en algo inútil y fue echado a la calle. Con lo contado hasta acá, es más que suficiente para fabricar un asesino despiadado. Pero tenemos como resultado, un hombre con las sensibilidades que ya mencioné.

Luego de vivir en la calle un tiempo, el estado no lo acogió, pues nunca supo de él hasta que decidió ser un delincuente. Como si eso pudiera decidirse. Como sea, la única fracción social que le dio cobijo fue alguna bandita mal organizada y precaria. Fue cocinero, de droga primero, y luego, vaya a saber por qué curiosidad, quiso ser Chef, un niño sufrido, desamparado, cocinando cocaína, quiere ser Chef en un restaurante. Situación por lo menos interesante de ver. Y más curioso aún es que se convirtió realmente en Chef, logró recibirse. Entonces, había esfuerzo y capacidad. Por supuesto, todo eso terminó cuando decidió hacerse un autorobo en el restaurante donde trabajaba(nadie sospechó de él). No juzgo ese accionar, es inevitable este acto, no hay ninguna base, ningún control o camino elegido, más que el propio.

Luego, comenzó descuartizando a cuanto animal de campo se le cruzó, así se alimentó y vivió un par de años, mientras, escuche usted ciudadano “honesto”, según me contó, y luego de otros testimonios que sugieren lo mismo: cocinaba para gendarmería y se encargaba de llevar las cuentas del negocio, todo avalado por la policía, gendarmes y un fiscal. Desconozco si hubo algún juez metido también, así que por el momento zafan. Por supuesto, no puedo dar nombres.

¿Quién sería el culpable en este caso mencionado, el Chef, al que se le dificulta leer, o todos los que tienen la educación formal y son parte de esa banda delictiva? Si le caemos al Chef morocho y con pinta de chorro, estamos muy mal de la cabeza.

Luego, cuando todo eso tuvo que frenar por cuestión de cambios de gobiernos, fiscales y demás, y eran otros los que se iban a encargar de esa parte (ese negocio sucio estatal nunca frena, no se equivoque, no sea iluso), comenzó su camino en el narco-menudeo.

Sendero a prisión: Parte 2

PRIMEROS CONTACTOS

Argentina le ganaba a México 2 a 0 en el mundial de Qatar, y al finalizar el partido, en 10 minutos, organicé todo lo necesario para mudarme. Fue un movimiento de escape, debía 2 meses de alquiler, y para todo dueño eso es imperdonable. Encima, el dueño del departamento que alquilaba vivía a dos casas de distancia. Primero, me aseguré de que su camioneta no estuviera en la vereda, y recién entonces llamé al fletero. Mi madre pensó que sería una mudanza normal, organizada; nada de eso, la apuré y me apuré, 10 minutos, sino, debería dar explicaciones y demás. Aparte, sabía a dónde íbamos y mi madre no, ella pensó que entraría todo lo que teníamos en ese departamento, en el nuevo lugar, pues no, solo era un cuarto de lajas de tres metros por tres metros con chapa vieja y oxidada a poco más de dos metros de altura. Le grité lo que debía dejarse, ya que ella no notaba que la cosa debía realizarse con urgencia. Las mesas y las sillas no van, su cama de dos plazas tampoco, el lavarropas tampoco, nada, solo el colchón de dos plazas, la cama mía, que luego ella usaría y yo dormiría en el piso, y las bolsas de ropa. El televisor, los cuatrocientos libros (sin la biblioteca), y cualquier cosa que entrara en una caja, nada más. A, si, llevamos la cocina, mi plan era cambiarla por un ventilador ya que el verano estaba llegando y sabría que allí, el calor, sería infernal, y como la cocina estaba preparada para gas de línea, y no contaba con plata ni para garrafas ni para cambiarle los picos, adiós cocina. Como sea, metí a la gata en una bolsa (porque jamás volvería a abandonar un animal por ser pobre) para llevarla con nosotros, y adiós departamento.

Al llegar estaban todos en la vereda, recuerde que era época donde el calor comenzaba. Unas 8 personas adultas vivían en el terreno, cada cual, en su piecita, y unos 6 niños. Ahora, nos agregábamos mi madre y yo. También, cuando llegamos, estaba la “bandita” que el Chef manejaba o que, por fuerza de atracción o carisma, se acercaban a él. Las caras eran raras, duras, feas, nada amigables. Pero pensé: “bueno, el Chef tiene una remera de que trabajaba en espacios públicos en la municipalidad, no va a pasar nada, sino no trabajaría allí”. Me preocupaba mi madre más que nada. Todos se portaron perfecto ese primer día, y siempre, pero estamos hablando de ese día en específico. Me ayudaron a descargar todo de la camioneta del flete, y a ingresar todo a mi cuartito, me saludaban, era todo relativamente normal. El Chef me llamó aparte y me explicó: “acá somos humildes, pero somos todos familia, todos los que viven acá (los adultos y niños a los que me referí) son familiares, lo único, es que somos humildes, nada más”. ¿Se estaba disculpando? Este Chef era el biotipo perfecto, la delicia de un fiscal y de cualquier carga penal. Gordito, moreno, pelo cortado al estilo Daddy Yankee, y con una cara de malo que parecía a propósito. Hablaba casi gritando, y elevaba las manos siempre que hablaba. La primera noche yo imaginaba que mientras estuviésemos durmiendo, entrarían y se sacarían fotos con nuestras cabezas apoyadas en sus armas, y esas cosas de delirio, pero me tranquilizaba la remera de la municipalidad, soy un estúpido.

Hoy, a la distancia, incluso con todos los malhumores y “deficiencias” en cuanto a las reglas de convivencia que no existen casi y que me tuve que fumar en estos años, todos, en mayor o menor medida, me ofrecieron en esos primeros contactos, una especie de disculpa por la humildad del lugar, por tener que vivir de esa forma. Es decir, gente a la cual mucho la ilegalidad de un hecho le es indiferente, se disculpaban por ser humildes. Por tener que compartir un baño, por usar como puerta de ese baño, simplemente una cortina. Por cada costumbre que ellos intuían me eran ajenas o raras, por todo lo que me pudiera parecer desagradable: sus disculpas. Y el primero que lo hizo fue el mismo tipo que hoy está condenado, y a quien todos aplauden su condena por ser un criminal. No quiero pasarme a la romantización, o a la atmósfera poética que mi cabeza rara pueda crear, sino que, este Chef, hacedor de robos armados, se disculpaba ante un completo desconocido que entraba en su mundo, por la humildad del mismo. Un punto importante de resaltar, es que nunca cometió un delito violento contra el individuo común. Siempre, si usaba la violencia era para robarle a otro “transa”. Y me lleva a pensar ¿Cómo dañó a la sociedad? Si, también aquí, muy lejos del centro y de esos bares progresistas que tienen precios elevadísimos, la droga actúa de otra forma, y arruina vidas realmente. Pero no vi cómo, no veo como, la droga, para gente pobre, consumida por gente pobre, se convierte en un problema de salud pública, y por lo tanto en un gasto estatal, y por ende en un delito contra el estado o la administración. En todo caso, lo que si es, es un suicidio en vida. Corpóreo. Te aseguro que ningún “fisura” o drogadicto se convierte en un problema de salud, será, a lo mejor, un debate de en dónde enterrarlo luego. Pero no generará un gasto de salud mientras viva. Seguiré con este detalle más adelante.

Ahora, en esos primeros momentos que se convirtieron en meses, aprendí algunas reglas de por aquí, una: nunca mires ni intentes curiosear nada. No preguntes. Y no te hagas el “poronga” porque vas a tener que responder. Si se quiere, las partes más salvajes de las reglas. Pero, me empezó a interesar este Chef, su forma de ser. Bromista, compañero, preocupado.

Siempre se ocupó de que la “abuela”, la señora de mayor edad que vive en el terreno, estuviera cómoda. Antes de poner pisos a su propia casa, se los puso a la abuela, para frenar un poco la húmedad quizás; le cerró una pared, se preocupó por que siempre las cuentas de luz y los costos de la comida estuvieran bien, que no haya nadie sin comer.

Yo arrastraba un problema al mudarme aquí, había vendido una heladera (en ese devenir económico propio) y el tipo que la compró resultó ser el hermano de uno de los traficantes más grandes de venado, en su tiempo claro. Dejó la heladera parada 3 meses, y cuando la prendió no tenía más gas. Una boludez, pero viene al caso, porque tenía que reembolsar la heladera o esta persona, un poco jodida, según decía, cuando me cruce en la calle, me haría cosas. Frenó en su auto importado un día, bajo en tono amenazante, y encaró para mi cuartito. Fue lo peor que pudo hacer, ya que el Chef, por estar en el “mismo rubro” lo conocía, y respondió por mí. A semanas de conocerme no más. Para no hacerla larga, este “mafioso” por ser el hermano de, se fue con los ojos llorosos y nunca más me molestó. Y cada vez que me cruzó, simplemente giró la cabeza hacia otro lado.

Otra cosa que me sorprendió en esos primeros tiempos, es ver que la preocupación por el bienestar de la familia era la misma que tenemos todos. Al menos por parte del Chef.

Tengas el estado económico que tengas, seas rico, clase media, cualquier tipo de trabajador, la preocupación que tienes por tu familia, tus padres, tus hijos, tu pareja, ayudar de vez en cuando a tus amigos, pedir ayudar a tus amigos en malos momentos, es la misma, seas el director de un banco, o quien sueña con robarlo. Por supuesto, lo que rompe con eso, es la adicción a la droga. Y tenemos en ese perfil de adicto perdido, el primer meollo del asunto, teniendo en cuenta lo que está dispuesto a hacer el drogadicto para conseguir más droga. Y este meollo es pura ironía, ya que, no es culpable el que se droga, dispuesto a llevar a cabo, en la faceta más dura de la adicción, cualquier delito para poder obtener más droga. Ese no es culpable, el consumo entra en el ámbito privado de cada persona, ahora, el que la vende sí. Esto es una barrera, una especie de borde moral, donde hay que justificar algo, siempre estatal claro. Porque la cuestión podría ser: el drogadicto no gana dinero por su adicción, no hay rédito económico, entonces, no hay delito. 

Volviendo al hilo: tenemos un tipo que delinque, el Chef. En esos primeros meses de mi estadía yo lo sospechaba, claro, pero no sabía bien en qué delinquía o como.

Como decía, tenemos para usted un delincuente, que debe estar preso, porque según usted (ojalá que no seas ese tipo de “usted”) deben morir todos. Un delincuente que tiene las mismas preocupaciones, que se acuesta pensando en cómo lograr lo que desea, o cómo alcanzar su meta, de la misma forma en que lo hace usted, al menos el origen y la cuestión es la misma, cambia la mecánica que ejecuta. Un gran padre, incluso demasiado liviano, por así decirlo, a la hora de corregir caprichos de su hijo, un esposo que se ocupa de su esposa, de que este bien, que emprenda una tienda de ropa, o un servicio de esculpir y hacer uñas, de que la nona del terreno esta cómoda, que pase lindas fiestas, que los demás chicos coman, estudien, tengan ropa. Alguien que entra a los perros en invierno, porque lloran del frío, y no los quiere hacer sufrir, alguien que no impone como un tirano por su fuerza y su violencia, y para explicarlo daré el siguiente ejemplo:

A los cuatro meses, yo me junté con mi actual pareja, y las mujeres tienen costumbres que los hombres desatendemos, es lamentable pero es así, nosotros siempre seremos niños perdidos que no sabemos muy bien qué hacer, en cambio la mujer es fuerte, decidida y no permite boludeces, menos aún entre mujeres, y mi pareja y la esposa del Chef (por cierto, la dueña del terreno y por lo tanto de todos los cuartitos) chocaban, constantemente chocaban. Cada una intentaba imponer su carácter. Y si no me echaron a la calle o no hubo peleas físicas entre ambas, fue por mi intervención con mi pareja y por el Chef con la suya. Confirmé esto, a los dos años de vivir acá, cuando charlabamos de todo y me contaban, que sí, que el Chef le decía a su pareja, que éramos buenas personas, que había ciertas actitudes que no había que ejercer contra nosotros, y por supuesto la esposa lo entendió. Lo mismo yo con mi pareja, no podes pedir sonrisas y buen trato, si no lo das primera, vos sembras la semilla de lo que quieres ver. A lo que voy, el diálogo siempre era una opción para la resolución de conflictos, sino, bueno, me hubiera mudado hace tiempo porque simplemente nos hubieran echado.

Tenemos en frente un hombre de gran corazón, que puede ser cualquier vecino, el mejor vecino, o un vecino normal, a veces ruidoso, a veces héroe. Pero toda propiedad de ciudadano se pierde al elegir ser delincuente; él las perdió todas: al delinquir todos piden su muerte. ¿Por qué? ¿Arrancamos la flor si lastima con sus espinas a alguien? O ¿aceptamos la singularidad con su rispidez? ¿Qué hay en esa búsqueda de ser digno, por qué hay que ser perfecto, quién gana con que busquemos la figura diáfana del hombre o la mujer ejemplar?

Sendero a prisión: Parte 1

Se puede pensar que en el mundo hay realmente tres delitos, dos que podríamos considerar como delitos naturales y graves, y uno a evaluar según el caso. Estos son: violación y homicidio (los graves) y robo con violencia (cada caso a evaluar).

Aunque esto suena a reduccionismo brusco y simplista. Por ende agregaré otra categoría de delitos: los delitos civilizados.

Por el momento, atrevámonos a pensar de esta manera, solo con estas categorías. Pero ¿Por qué?

Sucede que el Estado (al menos los tipos de Estado que funcionan en esta parte del mundo), ese pesado e inoperante, como un elefante inmóvil, no tiene derecho a exigir más a sus ciudadanos, no tiene justificaciones que apuntalen su exigencia, entonces usa todo su poder penal para hacerlo. Y como no encuentra la forma de exigir, debido a su incapacidad de velar por los derechos humanos básicos de cada individuo, pero que aún (y cada vez con más fuerza) debe justificarse de forma infinita, demuestra con luces y publicidad que si no se obedece, hay una larga colección de cargas penales existentes, dispuestas a vaciarse sobre cualquier cabeza sin importar su historia, contexto ni razón, y esta acción de vaciado penal el público poco avispado la ama, aplaudiendo la estafa estatal. Y veo este movimiento de fuerza como LA gran estafa, una inoperancia debido a que solo se castiga un hecho que no se previno ni se prevendrá ya que nunca el estado analiza las fuerzas que desencadenaron una acción, y no ejerce ningún movimiento de contra-fuerza para revertir la tendencia del sistema (las conductas criminales), sólo ejecuta una obra de teatro policial para generar espejismos.

LA IGNORANCIA DEL CIUDADANO HONRADO Y TRABAJADOR ES SU MAYOR GOCE.

DE VUELTA A LA REALIDAD

En mi devenir económico, antes de tener que vivir en la villa, alquilaba un departamento nuevo, con todos los servicios y comodidades, alejado de todo lo que hoy vivo y he vivido estos últimos cuatro años. Siempre cooperé con lo social, en esta tarea era muy activo desde mis dieciocho años, hasta mis veintitrés años aproximadamente. Luego, me absorbió el tema de llegar a fin de mes y ya el cuerpo no lo podía poner tanto. Sin embargo, mi origen e intuición siempre me dijo a donde pertenezco, y siempre defendí al que menos tiene, física, conceptual y filosóficamente. Aunque estuve viviendo con ricos, aunque haya generado riqueza, nunca me moví de esa forma perteneciente / propia. Esto lo comento para que se pueda comprender la siguiente situación: llegó un punto en que mi rebeldía no me permitió seguir trabajando en ciertos sectores y comencé a tener problemas con el alquiler y el mantenimiento de mi estilo de vida; como sea, terminé trabajando de delivery, para una cadetería local. Y cuando trabajaba de delivery, hay una vivencia que no se me va de la memoria:

Eran las tres de la tarde de un día de semana y me tocó hacer un viaje a Cabral pasando Mattasi (un sector complicado de mi ciudad, aunque no el más), yo iba en una moto cero kilómetro, a una zona que sabía que era jodida, pero a pesar de todo, siendo pleno día, no me baje de la moto ni apague la misma, por si tenía que correr, y esa misma dirección a la que tuve que concurrir, que me aterraba, es en la que meses después, (y actualmente) me encontré viviendo. Siendo parte del día a día, y aprendiendo todo lo que mi teoría defendía, desde aquí, desde adentro.

Terminar viviendo en la misma dirección exacta, se me hace algo irónico.

Por ende, todo lo que viví aquí da lugar a este texto. La siguiente reflexión será lo más objetiva posible, y cuenta la vida de un hombre de 25 años, condenado en juicio abreviado a 4 años de prisión por narco-menudeo, en su vivienda, fue encontrado con 800g de marihuana. La justicia festeja, y las señoras y señores (éticos, morales, responsables, trabajadores, impolutos) aplauden por Facebook, yo me río, porque si supieran “las cosas”, con su moral cambiante y poco fiable, terminarían pidiendo perpetua, y un hombre de corazón gigante, se pudriría en prisión.