“Bueno, ha sucedido de nuevo, me han echado del trabajo, puede llegarse a la conclusión de
que me gusta estar a la deriva, pero hoy no lo esperaba en realidad. Llego a la oficina puntual,
nueve de la mañana (porque a veces por obligaciones cambian el turno tarde por de la
mañana) y me siento en mi escritorio; la secretaria, mano derecha de C y llamada L me dice:
“Hoy ponete con la web, que está medio cachi, una mierda”. Recuerdo pensar que era una
broma, y luego, al reconocer que de broma aquella frase no tenía nada, analicé quien era la tal
L (Gerenta) que me lo estaba diciendo, concluí lo siguiente: “esta piba, que está acá, sentada
tras un escritorio, orgullosa de comandar una oficina, que mira con superioridad hacía la
gente que camina; no estudió nada, no tiene ningún tipo de preparación, mucho menos
experiencia, está aquí ya sabe usted porqué. Por la cara de gato, por sus tetas y su culo,
Argentina en todo su esplendor”. Para su mala suerte y también para mi mala suerte, a este
tipo de personas nunca les tuve mucha paciencia, las considero “trolas de mostrador” y nada
más. Y si tan solo fuera eso, pensar eso y nada, guardarme para mí el pensamiento, mañana
de seguro estaría nuevamente sentado en mi escritorio a las nueve de la mañana. Pero soy fan
de no guardarme nada, y le hice saber de forma literal y sin filtro, lo que pensaba de ella.
Conclusión: despedido.
Tengo cero tolerancia en el último tiempo, aunque puedo justificar un poco el accionar de
esta mañana. Anoche no pude dormir por un fuerte dolor de muelas, de esos que te hacen
llegar el dolor hasta el paladar y el oído mismo incluso. Mi justificación: estaba sin dormir,
me dolía la muela, pasé un fin de semana tormentoso. Excusas se encuentran hasta por debajo
de las piedras, no creo que alguna valga, a nivel lógico, para justificar mis acciones. Estoy
demasiado intolerante, me doy cuenta”.
Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/