Relato: Diario de ansiedad. Parte #18 (Final)

“Ha pasado casi un mes desde que comencé este ejercicio de escritura, y a la vez, este intento de ‘curarme’ de mis ataques de pánicos o de al menos, dejar que el fuego me consuma para ver si por azar algún cambio se producía, veamos: he renunciado dos veces al mismo empleo, y me han echado una vez de forma definitiva, sí, la rutina de sentarme a escribir ha mejorado mucho, eso no lo niego, el resto sigue igual o peor desde el punto de vista económico. Pienso que si el libro se llama pánico o ansiedad, debería intentar escribir, para ir cerrándolo, una especie de guía para quienes lo sufren, hacerlo sin ser un erudito en la materia, a modo de
testimonio de quien ha vivido diez años con ansiedad. Le doy un título a esta guía:


MANIFIESTO DE VOLUNTAD:
Hay que saber que no se puede frenar nada de lo que suceda, el primer ataque te agarrará con los ojos vendados, serás succionado a un pozo oscuro del que probablemente nunca salgas. ¿Importa salir? En el mundo no creo que haya algún argumento para hacerlo, si encuentras un
motivo, lo harás mirando dentro tuyo más que buscando en el exterior. Una buena decisión sería estar solo siempre, el resto de lo que te quede de vida, así no hará falta ponerte en la postura de dar explicaciones, o peor aún, sentir vergüenza por tener que darlas. Adquirirás, si, una especie de hipersensibilidad, intelectual y física, y ambas partes estarán siempre en tu
contra, conspirarán contra ti, se esconderán y saldrán a cruzarte con cuchillos en cualquier momento sin importar lo que estés haciendo. Dudarás de las relaciones básicas, descreerás de la amistad, alguna vez te vas a convencer de que no debería utilizarse la palabra “amigos”, y
en su defecto se debería utilizar otra, que detalle con rapidez el encuentro casual con alguien cada largos períodos de tiempo. Puedes viajar, creer que al salir de tu propia ciudad ya no serás un fracaso, el espejo reflejando un intento fallido o la persecución loca de una quimera,
el intento vale, pero recuerda que has ganado una sensibilidad que no esperabas, y cada cosa que has amado, degollará la memoria, te abrirá el pecho, llorarás por las noches pensando en la atrocidad que haz hecho ¿Cómo ir a buscar un sueño? ¿Cómo olvidar lo que has amado?
Lo que amas mucho, lo amarás más en la distancia, cuando toda la vida conocida puede morir en tu ausencia, viéndolo así, aterrado por no saber que pasa, volverás más pronto que tarde, abrazarás a los gatos, recordarás las lágrimas derramadas por ellos, por los espacios comunes,
por la casa sucia, la madre, la hermana con problemas de salud, todo esta a salvo y juras no volver a cometer la locura de alejarte como si eso fuera un logro, los sueños, reflexionarás, son del sistema, metas y glorias entre medallas que no valen nada si no puedes estar con los tuyos, procurando que nadie muera, porque así de traidor es este pánico, que en sus primeros
años, además de cargar con la obsesión de tu propia muerte inminente, del piso moviéndose, llorarás mucho por la idea de que alguien cercano deje la vida para siempre… Sufrirás mucho hasta realmente entender con los huesos lo siguiente: el mundo y las metas, no importan absolutamente nada, así que no te tortures más, que todo es invento, vas a morir,
no des explicaciones y ataca todo lo que no te guste, pelea que ya no estamos para disfrutar”.

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Relato: Diario de ansiedad. Parte #17

“Bueno, ha sucedido de nuevo, me han echado del trabajo, puede llegarse a la conclusión de
que me gusta estar a la deriva, pero hoy no lo esperaba en realidad. Llego a la oficina puntual,
nueve de la mañana (porque a veces por obligaciones cambian el turno tarde por de la
mañana) y me siento en mi escritorio; la secretaria, mano derecha de C y llamada L me dice:
“Hoy ponete con la web, que está medio cachi, una mierda”. Recuerdo pensar que era una
broma, y luego, al reconocer que de broma aquella frase no tenía nada, analicé quien era la tal
L (Gerenta) que me lo estaba diciendo, concluí lo siguiente: “esta piba, que está acá, sentada
tras un escritorio, orgullosa de comandar una oficina, que mira con superioridad hacía la
gente que camina; no estudió nada, no tiene ningún tipo de preparación, mucho menos
experiencia, está aquí ya sabe usted porqué. Por la cara de gato, por sus tetas y su culo,
Argentina en todo su esplendor”. Para su mala suerte y también para mi mala suerte, a este
tipo de personas nunca les tuve mucha paciencia, las considero “trolas de mostrador” y nada
más. Y si tan solo fuera eso, pensar eso y nada, guardarme para mí el pensamiento, mañana
de seguro estaría nuevamente sentado en mi escritorio a las nueve de la mañana. Pero soy fan
de no guardarme nada, y le hice saber de forma literal y sin filtro, lo que pensaba de ella.
Conclusión: despedido.
Tengo cero tolerancia en el último tiempo, aunque puedo justificar un poco el accionar de
esta mañana. Anoche no pude dormir por un fuerte dolor de muelas, de esos que te hacen
llegar el dolor hasta el paladar y el oído mismo incluso. Mi justificación: estaba sin dormir,
me dolía la muela, pasé un fin de semana tormentoso. Excusas se encuentran hasta por debajo
de las piedras, no creo que alguna valga, a nivel lógico, para justificar mis acciones. Estoy
demasiado intolerante, me doy cuenta”.

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Relato: Diario de ansiedad. Parte #16

“Si en la rutina cuesta comer, debo entender que en otra forma cuesta aún más, por no decir
que directamente no se come. Que va, estoy atado por la normalidad, por las reglas que
critico y ataco con todos mis nervios, no soy un hombre valiente. Me encuentro pensando a
veces, si tuviera esto, o esto otro, seguro viviría como quisiera, mirándome al espejo, lo dudo.
Sí, podría tener algún terrenito propio, o un localcito en el cual colocar estanterías y acumular
libros usados, ofrecerlos por un módico precio, vivir esa vida, pero no tengo nada de eso, y si
lo tuviera, creo que este chaleco de fuerza llamado costumbre, vida, días, rutina, seguiría,
porque a lo mejor mi propio tormento no es tener que vivir de cierta manera, siguiendo
ciertas reglas, sino, es mi completa falta de huevos.
Ayer por ejemplo sucedió algo extraño, fui a cobrar mis días adeudados, me pagaron, deje la
ropa y volví a mi casa. Al llegar me encontré que tenía una llamada perdida, era C, me
ofreció trabajo de nuevo y acepté (no soy el único loco en este mundo). Ahí quedó toda mi
rebeldía, los farsantes que llevo dentro. En este punto recuerdo a lo que hizo Bukowski, si ya
se, podrá gustarle o parecerle horrible (al cuartito llega un aroma a flores hermoso), pero este
tipo, tan en contra de todo, también suplico en su momento, mediante una carta, volver a su
puesto en la oficina de correos. Verá que escribo sobre muchos, mejor dicho que hablo sobre
algunos autores que menciono, nadie debe intentar imitarlos, solo me pregunto a veces de
donde sacaron las fuerzas para seguir aún sin comer (puede que la historia de la literatura sea una mentira completa, y nadie escribió sin comer).

Me pregunto por qué decido escribir, la respuesta es simple: es gratis. Me siento seguro al
hacerlo, ya que ni siquiera la escases de dinero me lo puede quitar. Es así de simple, creo que
ese es el motor principal, logro montármelo frente a mis ojos, a este rollo de escribir, como
algo que es para siempre (si, me gustan las cosas que tienden a lo “para siempre”), sin
importar de que trabaje, sin importar qué este comiendo, algo rico o la misma mierda de
siempre, lo que sea, lo que suceda, podré seguir escribiendo en la condición que sea, ese es
mi motivo principal, nunca me lo podrán sacar, ni siquiera la pobreza.
Es también una forma de terapia, de decirse cosas a uno mismo. Por ejemplo, se dice que la
novela debe ser universal, en cada fibra humana puede actuar el narrador, el escritor de
novelas, para explicar el mundo, lo exterior; en cambio, el poeta, mira hacía adentro,
buscando una sensibilidad parecida, una herida con cortes similares, un corazón igual de roto.
Hay pecados, si no me equivoco, Joan Margarit dijo que nadie menor a treinta años de edad
podría escribir algo coherente, o quizás dejando ver que no se puede encontrar mucha
profundidad allí, en los textos de alguien que tenga menos de tres décadas en este mundo,
calculo que nunca leyó a Rimbaud, que esta a cien años luz de Margarit, claro, y esta
declaración de Margarit, piense, solo deja ver su dudosa capacidad de poeta. No hay reglas
señores, no las hay. Borges cometió uno parecido, al denostar a Cien años de soledad, bueno,
se nota el talento de Borges al leerlo, de eso no hay duda, pero pienso que valdría más, pasar
una noche con Arlt, Bukowski, Hemingway, que con la enciclopedia virginal de Borges.
Pecados que demuestran que escribir no es una gran ciencia, sino, un arte asesino. Escribir es
gratis y no me lo podrán quitar, por eso lo hago, quiero decir otra cosa sobre el arte en sí: es
el mago más despiadado, no importa el éxito y la guita que trae el éxito, importa hacer algo lo
suficientemente bueno como para que este “mago” llamado arte no te condene al peor
infierno: el olvido”.

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Relato: Diario de ansiedad. Parte #15

“Sábado por la mañana, dos semanas ya desde que estos textos comenzaron, un poco la
situación cambió, principalmente la parte del trabajo. Estoy descubriendo síntomas nuevos,
me sorprende hasta dónde puede retorcerse el estómago, no puedo imaginarme como es lo
que sienten aquellas personas que han pasados semanas enteras sin probar bocado. Busqué
por todos los rincones del cuartito y encontré poco menos que medio paquete de arroz, por lo
visto llevaba meses tirado debajo de montañas de ropa, arroz, viejo enemigo personal, vieja
salvación. Hemos comido un platito de arroz y por suerte hemos conseguido un frasco de
mermelada, algo de gusto, al fin, bendición. Sé que esto es ser un maricón. La semana pasada
retiré de la biblioteca, La sombra del viento, de Zafón. Hasta ahora súper recomendable, es
un libro para amantes serios de la literatura, de todo el mundillo que envuelve a los libros,
con aromas y páginas amarillas. ‘O’ por su parte lee La engañada, de Thomas Mann, desde el
horario de la siesta todo está en paz, mi madre tranquila, ‘O’ y yo, tranquilos. Ojo, sigo sin
trabajo, pero al menos hasta el lunes al mediodía logré solucionar, el tema de la comida, sería
más correcto decir que arañaremos comida hasta el lunes, pero antes de estar mirándonos con
el estómago vacío, es mucho mejor.
No se corre mientras se escribe, se pule el estilo por repetición, debo recordarme esto para no terminar tipeando mierda.

Hay sandeces inexplicables, pero el ser humano sigue fuerte. Aunque hagamos locuras,
aunque estemos dentro de estos muros absurdos, sucede, como comenté antes, que sí
perdemos ese temple para aceptar y resignarnos ante las cosas malas, incendiaríamos todo.
Muchas veces pienso que si pudiera convertir la mesa en una cena eterna, ese sería el paraíso,
la dicha completa que se coloca muy por encima de la felicidad común del placer / goce. Una
cena eterna, de sobremesa, ya satisfecha la cuestión biológica, con las personas que aún están,
con las que se fueron, incluso las mascotas, y que así pasen siglos, sin darnos cuenta del
tiempo escurriéndose, charlando, felices, todos, allí, palpables.
Por eso me siento un estúpido al desesperarme por la posibilidad del hambre, un débil, un
maricón (sin atacar a nadie). Hay gente que a muerto, hay ahora mientras tipeo, mucha gente
luchando conectada a un respirador, o sufriendo un crimen atroz, o siendo el personaje de una
posición atroz, mucho más atroz que mi situación. Quizás este escrito pueda ser una forma de
terminar con mis pánicos “sonsos” y dar fin a esa búsqueda que me quema, a esa duda de si
se podrá, de si podré vivir de otra manera, terminar con la duda y lanzarme completo al
intento, a la acción, dejar de llorar y quejarme y bancarme lo que venga por lo que sea que
sueñe, porque muchos se fueron ya sin poder lograrlo, sin poder intentarlo, por enfermedades
monstruosas o por la simple rutina y el tiempo ¿por qué no?”

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Relato: Diario de ansiedad. Parte #14

“Sí, septiembre me parecía un mes mágico. Siempre sucedía algo interesante, un proyecto,
alguna conquista, algún pequeño éxito económico que me dejaba unos billetes en el bolsillo,
algo siempre pasaba. Pero la cosa fue cambiando, mientras más crecía más difícil era que este
mes fuera aquello que había sido: aromas frescos que el invierno no podía alcanzar,
atardeceres con algún sentido. De forma gradual y silenciosa, este mes tomó el cuerpo de una
bestia dura y pérfida. Un diecisiete de septiembre falleció mi hermana menor, después de eso
todos los meses son malos, cuando todo florece, cuando los estudiantes y la vida completa se
vuelve festiva, me sumergí en lo más oscuro que pude vivir y me doy cuenta que aún no
puedo irme de allí, de ese cuarto frío donde mi hermana ya no esta. Hoy tengo hambre,
recuerdo a mi hermana, veo a mi madre, veo a ‘O’, y no se porque permití convertirme en
este infeliz que no tiene ni trescientos pesos para poder comprar un paquete de fideos.
Me acerqué a ‘O’, que esta tirada en un rincón del cuarto, sobre un colchón de goma espuma
pelada, decaída, la beso y le digo que me encanta su perfume. Sonríe. Pienso en mi hermana,
no quiero hablar de ella en este libro, creo que no podría hacerlo, su memoria merece algo
mejor, pensar en ella requiere un trabajo interno, de abstracción fuerte, para mí, la muerte de
mi hermana menor implicaba por una cuestión biológica, mi propia muerte. Es seguro que
esto, para mi madre, para cualquier padre, es mucho peor, uno muere antes que los hijos, que
una hermana menor, el problema entonces es que seguimos aquí, y no terminamos, no
termino mejor dicho, de entender esta última parte, aún vivo, y no se muy bien que hacer con
esa cuestión.
Estar con hambre implica una cercanía a la calle, de seguro en algún momento, si no puedo
comer, menos aún podre pagar el alquiler. Hace dos meses tuve la idea de sacar un folletín
literario con entrega semanal, escribí tres o cuatro y ahí quedo mi proyecto, esperando. El
primero de esos folletines se titula: “¿Qué tiene la calle?”. Una oda casi al pavimento frío y
sucio, allí terminamos desnucados, y en el folletín aplaudo esto, terminar así. La realidad es
dolorosa y toda teoría es un espejismo poético, luego esta el mundo y lo que cada cual tiene
en el bolsillo. Edgar Allan Poe murió en un callejón, Pizarnik necesitaba ayuda para trámites
básicos, y así hubo muchos más. Rondan desde millones de esquinas estos tipos de almas
parecidas, destinadas a la calle, algunos escriben, otros pintan, otros mueren bravos, otros
viven a los tiros, todos de alguna forma, los cercados por la inutilidad para con las cosas,
morimos por, en, o cerca de la calle. El banco de la plaza puede ser el precio, tal vez. Lo de
escritores en la calle lo puedo llamar como el padecimiento de escribir, la enfermedad, una
adicción maldita. Hoy en día los escritores necesitamos apoyarnos en nuestros fans, el
mecenazgo de nuestros seguidores, según el marketing, etc etc… Es más o menos lo que
sucedía antes, pero necesitando muchas más personas. Tiempo atrás bastaba solo ser amigo
de un príncipe, de algún rey, para andar escribiendo todo el tiempo bajo el padrinazgo del
mismo, sucedía en Europa, acá, los latinos probablemente siempre sufrieron bastante.
Quiroga es un ejemplo de ello, que sin llegar a la calle, su propia vida parece sacada de su
libro: “cuentos de horror, locura y muerte”. Un profesor gallego de filosofía explicaba que el
mayor enclave de un filosofo era que corno hacía con su relación con la ciudad, si se
mantenía dentro o fuera y sobre todo, si decidía quedarse dentro, como lo iba a lograr. A mi
lo que me interesaría saber es dónde se desencadena esa tormenta de desgracia, poder
describirla, hacerla carne y quizás ponerla en un cartel: ESCRIBIR PUEDE SER MALO.
Bukowski decía que no importaba. Llego a la misma conclusión, escribir no implica comer o
ganar dinero, es otra cosa, es incluso olvidar las rutinas biológicas, si se come, bien, si no se
come, mal, pero hay que escribir. La calle esta ahí, seamos escritores o metalúrgicos, siempre
espera, hay que reconocerle su paciencia y el fantasma que creamos alrededor de ella es
nuestro fantasma, un concepto social que se escapo de los marcos teóricos y tiene el filo de
una guillotina. Escribir es eso. Por eso quizás me parecen tan falsos estos narradores progres,
de la nueva era, con una birra artesanal en la mano, leyendo poesía en un bar del centro, en un
ambiente aclimatado, bien lejos de la canción del oro, de Rubén Darío”.

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Relato: Diario de ansiedad. Parte #13

“Cuando era niño, creía que septiembre era la mejor época del año que puede existir, este mes
era como una muralla infranqueable por la cual nunca podrían colarse las cosas malas. Fue un
veinte de septiembre del año dos mil seis cuando me enamoré por primera vez, y lo hice de
forma entera, y como era obvio, ese amor me hizo llorar. Recuerdo que cuando el mismo
terminó, meses después, incluso un par de años, me imaginaba a mí mismo recorriendo la
vida, siendo adulto, relacionándome con otras mujeres que no fueran ella, y que podría vivir
muchas cosas, pero estaba seguro entonces de que jamás encontraría la pureza, la inocencia
de ese primer amor, el cosquilleo al caminar abrazados por las calles del centro de la ciudad,
que no volvería a imaginar y a soñar un par de ojos con la misma pasión que como lo había
hecho. Todo terminó al enterarse la madre de ella, porque rompimos reglas, y es que un niño
sabe mejor que un adulto que las reglas están hechas para romperse. Volviendo al final de ese
amor, N y yo teníamos un horario en el cual nos permitían vernos, era la condición de sus
padres, solo en cierta hora y bajo la vigilancia de algún adulto; por mi parte, mi madre luego
de que yo cumpliera nueve años, nunca supo bien por dónde andaba ni que era lo que hacía
en las calles. Bien, teníamos un horario y ese horario no nos alcanzaba, se esfumaba muy
rápido. Ella tenía trece años, yo doce. Una de esas tardes, aún durante el horario permitido,
me comentó que no habría nadie en su casa a la mañana siguiente, y que quería que yo vaya,
que rompa la regla de sus padres. No lo dudé un segundo y aguardé toda la noche la llegada
de la mañana siguiente. Eramos aún inocentes y puros, no hicimos el amor ni nada parecido,
solo estábamos sentados en el tapialito de su vereda, tomados de la mano y dándonos un beso
cada tanto. Una tía de ella llegó de imprevisto a visitar a su madre y se encontró con aquello.
Adiós amor, adiós todo lo que creíamos del futuro. La vieja pu… nos buchoneó por más
lloriqueos de N implorándole que no lo haga. Habrán pasado tres días, no más, y no pude
resistirme, fui hasta su casa, dispuesto a enfrentarme a sus padres. Toque la puerta, temblando
de nervios, atendió su madre. ‘N no tiene permiso para verte, no vuelvas. Además, la
llevamos al campo con sus tíos’. Entonces no supe cual era el crimen que habíamos
cometido, hoy lo sé: ninguno. Pero la vieja era demasiado puritana, por eso ahora yo sonrió
con un poco de placer y maldad al recordar que mi primer amor, decidió a sus veinte años,
declararse lesbiana y casi darle un patatus a esa vieja mojigata. No pude haber planeado yo,
mejor venganza que esa, aún río a carcajadas. Bien hecho primer amor, bien hecho.
Pero, debo decir que tengo cierta particularidad (y que nadie se enoje) con una mujer que se
considera lesbiana. En el cuartito en dónde vivo actualmente, fui atacado por una. Obvio que
muchos meses antes de conocer a ‘O’. Paso así: por la tarde la había llevado, a esta lesbiana
X, en mi moto a realizar unas compras, bien, esta X es la sobrina de la señora mayor, LA
SEÑORA anciana, que vive en el terreno donde está mi cuartito. Esa tarde hicimos varios
viajes, y en cada nuevo viaje, esta susodicha apoyaba con más fuerzas sus tetas sobre mi
espalda, usaba tonos y preguntaba cosas que a uno lo hacen lamentar, porque al ser lesbiana
nada pasará. Y más teniendo en cuenta, que en la vereda del terreno donde todos vivimos,
estaba su pareja tomando cerveza y comiendo helados. La pareja de X era una veterana de
casi cincuenta años, rubia, tan flaca que parecía desnutrida y llena de tatuajes. Pensaba: “está
su novia a cinco metros de la puerta de mi cuartito, y sobre todo es lesbiana, que pena”. Me
quedé en la vereda ya que todos estábamos ahí, incluso charlé un poco con la pareja de X. La
tarde se volvía anochecer y yo estaba ya por entrar a mi cuartito cuando la pareja de X se va a
buscar más cerveza. Adelante de todo el mundo (su madre, su tía, sus primos, otros vecinos
del terreno) X se levanta y da un grito: ‘Guacho no puedo creer como me enamore de vos’, se
me acerca y me come la boca. Todos celebran, su madre incluso festeja: “ahí esta hija, bien,
no te vuelvas a Buenos Aires con ella (la pareja, la vieja de 50 años) quédate conmigo y
quédate con él”. Yo sospechaba que esta lesbiana X quería sacarme plata para más cerveza.
En fin, mi madre también estaba en la vereda y sonreía nerviosa. Como la pareja de X había
regresado, me metí a mi cuarto, me sentía mal por ella, soy así, un idiota. Una hora después,
con la oscuridad ya, mientras yo leía recostado en la cama, X entra a mi cuartito y cierra la
puerta detrás de ella. ‘¿Estás bien, Bautista?’, a mi respuesta que sí, (yo ya sabía lo que se
venía), X sube a la cama conmigo y lleva su mano a mi entrepierna, apretaba con fuerza mi
verga, me pide que la bese, la beso. Toco sus pechos, su cola, esa cola redonda que observé
toda la tarde y que me parecía imposible. Se despega de mi boca, me saca el pantalón y se
mete mi pija en la boca. Me la chupa con frenesí, sube y baja con velocidad, con toda su
mano presiona mis huevos. Entonces, justo en ese momento, sale mi idiota completo y la
freno, le digo que NO, no se puede, su pareja puede entrar, etc. Imaginé que la flaca tatuada
no dudaría un instante en clavarme un cuchillo, X se levanta, se esta yendo. Le digo que
espere, mi idiota completo se arrepiente, hago que apoye las dos manos en la puerta, me
arrodillo detrás de ella, le saco el jean con violencia, a la vista me queda su hermosa cola con
una tanga negra, la desnudo. Le pido que abra las piernas, entierro mi cara en su culo, uso
toda mi lengua, gime, ‘shh, no’, le digo. Me levanto y empezamos a cojer, rápido, hacemos
ruidos, se pega a mi antebrazo y me muerde, me hace doler. Pasan diez minutos, doce, quiero
terminar rápido, que nadie se entere, termino. Nos vestimos en seguida, se da vuelta: ‘quería
asegurarme de que estabas bien’, me da un beso y se va para siempre, me quedo pensando en
que debo tener algo femenino, algún rasgo, o que, probablemente, no entiendo nada de nada.
Bienvenido a los cuartitos en un terreno compartido”.

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