“Sábado por la mañana, dos semanas ya desde que estos textos comenzaron, un poco la
situación cambió, principalmente la parte del trabajo. Estoy descubriendo síntomas nuevos,
me sorprende hasta dónde puede retorcerse el estómago, no puedo imaginarme como es lo
que sienten aquellas personas que han pasados semanas enteras sin probar bocado. Busqué
por todos los rincones del cuartito y encontré poco menos que medio paquete de arroz, por lo
visto llevaba meses tirado debajo de montañas de ropa, arroz, viejo enemigo personal, vieja
salvación. Hemos comido un platito de arroz y por suerte hemos conseguido un frasco de
mermelada, algo de gusto, al fin, bendición. Sé que esto es ser un maricón. La semana pasada
retiré de la biblioteca, La sombra del viento, de Zafón. Hasta ahora súper recomendable, es
un libro para amantes serios de la literatura, de todo el mundillo que envuelve a los libros,
con aromas y páginas amarillas. ‘O’ por su parte lee La engañada, de Thomas Mann, desde el
horario de la siesta todo está en paz, mi madre tranquila, ‘O’ y yo, tranquilos. Ojo, sigo sin
trabajo, pero al menos hasta el lunes al mediodía logré solucionar, el tema de la comida, sería
más correcto decir que arañaremos comida hasta el lunes, pero antes de estar mirándonos con
el estómago vacío, es mucho mejor.
No se corre mientras se escribe, se pule el estilo por repetición, debo recordarme esto para no terminar tipeando mierda.
Hay sandeces inexplicables, pero el ser humano sigue fuerte. Aunque hagamos locuras,
aunque estemos dentro de estos muros absurdos, sucede, como comenté antes, que sí
perdemos ese temple para aceptar y resignarnos ante las cosas malas, incendiaríamos todo.
Muchas veces pienso que si pudiera convertir la mesa en una cena eterna, ese sería el paraíso,
la dicha completa que se coloca muy por encima de la felicidad común del placer / goce. Una
cena eterna, de sobremesa, ya satisfecha la cuestión biológica, con las personas que aún están,
con las que se fueron, incluso las mascotas, y que así pasen siglos, sin darnos cuenta del
tiempo escurriéndose, charlando, felices, todos, allí, palpables.
Por eso me siento un estúpido al desesperarme por la posibilidad del hambre, un débil, un
maricón (sin atacar a nadie). Hay gente que a muerto, hay ahora mientras tipeo, mucha gente
luchando conectada a un respirador, o sufriendo un crimen atroz, o siendo el personaje de una
posición atroz, mucho más atroz que mi situación. Quizás este escrito pueda ser una forma de
terminar con mis pánicos “sonsos” y dar fin a esa búsqueda que me quema, a esa duda de si
se podrá, de si podré vivir de otra manera, terminar con la duda y lanzarme completo al
intento, a la acción, dejar de llorar y quejarme y bancarme lo que venga por lo que sea que
sueñe, porque muchos se fueron ya sin poder lograrlo, sin poder intentarlo, por enfermedades
monstruosas o por la simple rutina y el tiempo ¿por qué no?”
Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/