Relato: Diario de ansiedad. Parte #13

“Cuando era niño, creía que septiembre era la mejor época del año que puede existir, este mes
era como una muralla infranqueable por la cual nunca podrían colarse las cosas malas. Fue un
veinte de septiembre del año dos mil seis cuando me enamoré por primera vez, y lo hice de
forma entera, y como era obvio, ese amor me hizo llorar. Recuerdo que cuando el mismo
terminó, meses después, incluso un par de años, me imaginaba a mí mismo recorriendo la
vida, siendo adulto, relacionándome con otras mujeres que no fueran ella, y que podría vivir
muchas cosas, pero estaba seguro entonces de que jamás encontraría la pureza, la inocencia
de ese primer amor, el cosquilleo al caminar abrazados por las calles del centro de la ciudad,
que no volvería a imaginar y a soñar un par de ojos con la misma pasión que como lo había
hecho. Todo terminó al enterarse la madre de ella, porque rompimos reglas, y es que un niño
sabe mejor que un adulto que las reglas están hechas para romperse. Volviendo al final de ese
amor, N y yo teníamos un horario en el cual nos permitían vernos, era la condición de sus
padres, solo en cierta hora y bajo la vigilancia de algún adulto; por mi parte, mi madre luego
de que yo cumpliera nueve años, nunca supo bien por dónde andaba ni que era lo que hacía
en las calles. Bien, teníamos un horario y ese horario no nos alcanzaba, se esfumaba muy
rápido. Ella tenía trece años, yo doce. Una de esas tardes, aún durante el horario permitido,
me comentó que no habría nadie en su casa a la mañana siguiente, y que quería que yo vaya,
que rompa la regla de sus padres. No lo dudé un segundo y aguardé toda la noche la llegada
de la mañana siguiente. Eramos aún inocentes y puros, no hicimos el amor ni nada parecido,
solo estábamos sentados en el tapialito de su vereda, tomados de la mano y dándonos un beso
cada tanto. Una tía de ella llegó de imprevisto a visitar a su madre y se encontró con aquello.
Adiós amor, adiós todo lo que creíamos del futuro. La vieja pu… nos buchoneó por más
lloriqueos de N implorándole que no lo haga. Habrán pasado tres días, no más, y no pude
resistirme, fui hasta su casa, dispuesto a enfrentarme a sus padres. Toque la puerta, temblando
de nervios, atendió su madre. ‘N no tiene permiso para verte, no vuelvas. Además, la
llevamos al campo con sus tíos’. Entonces no supe cual era el crimen que habíamos
cometido, hoy lo sé: ninguno. Pero la vieja era demasiado puritana, por eso ahora yo sonrió
con un poco de placer y maldad al recordar que mi primer amor, decidió a sus veinte años,
declararse lesbiana y casi darle un patatus a esa vieja mojigata. No pude haber planeado yo,
mejor venganza que esa, aún río a carcajadas. Bien hecho primer amor, bien hecho.
Pero, debo decir que tengo cierta particularidad (y que nadie se enoje) con una mujer que se
considera lesbiana. En el cuartito en dónde vivo actualmente, fui atacado por una. Obvio que
muchos meses antes de conocer a ‘O’. Paso así: por la tarde la había llevado, a esta lesbiana
X, en mi moto a realizar unas compras, bien, esta X es la sobrina de la señora mayor, LA
SEÑORA anciana, que vive en el terreno donde está mi cuartito. Esa tarde hicimos varios
viajes, y en cada nuevo viaje, esta susodicha apoyaba con más fuerzas sus tetas sobre mi
espalda, usaba tonos y preguntaba cosas que a uno lo hacen lamentar, porque al ser lesbiana
nada pasará. Y más teniendo en cuenta, que en la vereda del terreno donde todos vivimos,
estaba su pareja tomando cerveza y comiendo helados. La pareja de X era una veterana de
casi cincuenta años, rubia, tan flaca que parecía desnutrida y llena de tatuajes. Pensaba: “está
su novia a cinco metros de la puerta de mi cuartito, y sobre todo es lesbiana, que pena”. Me
quedé en la vereda ya que todos estábamos ahí, incluso charlé un poco con la pareja de X. La
tarde se volvía anochecer y yo estaba ya por entrar a mi cuartito cuando la pareja de X se va a
buscar más cerveza. Adelante de todo el mundo (su madre, su tía, sus primos, otros vecinos
del terreno) X se levanta y da un grito: ‘Guacho no puedo creer como me enamore de vos’, se
me acerca y me come la boca. Todos celebran, su madre incluso festeja: “ahí esta hija, bien,
no te vuelvas a Buenos Aires con ella (la pareja, la vieja de 50 años) quédate conmigo y
quédate con él”. Yo sospechaba que esta lesbiana X quería sacarme plata para más cerveza.
En fin, mi madre también estaba en la vereda y sonreía nerviosa. Como la pareja de X había
regresado, me metí a mi cuarto, me sentía mal por ella, soy así, un idiota. Una hora después,
con la oscuridad ya, mientras yo leía recostado en la cama, X entra a mi cuartito y cierra la
puerta detrás de ella. ‘¿Estás bien, Bautista?’, a mi respuesta que sí, (yo ya sabía lo que se
venía), X sube a la cama conmigo y lleva su mano a mi entrepierna, apretaba con fuerza mi
verga, me pide que la bese, la beso. Toco sus pechos, su cola, esa cola redonda que observé
toda la tarde y que me parecía imposible. Se despega de mi boca, me saca el pantalón y se
mete mi pija en la boca. Me la chupa con frenesí, sube y baja con velocidad, con toda su
mano presiona mis huevos. Entonces, justo en ese momento, sale mi idiota completo y la
freno, le digo que NO, no se puede, su pareja puede entrar, etc. Imaginé que la flaca tatuada
no dudaría un instante en clavarme un cuchillo, X se levanta, se esta yendo. Le digo que
espere, mi idiota completo se arrepiente, hago que apoye las dos manos en la puerta, me
arrodillo detrás de ella, le saco el jean con violencia, a la vista me queda su hermosa cola con
una tanga negra, la desnudo. Le pido que abra las piernas, entierro mi cara en su culo, uso
toda mi lengua, gime, ‘shh, no’, le digo. Me levanto y empezamos a cojer, rápido, hacemos
ruidos, se pega a mi antebrazo y me muerde, me hace doler. Pasan diez minutos, doce, quiero
terminar rápido, que nadie se entere, termino. Nos vestimos en seguida, se da vuelta: ‘quería
asegurarme de que estabas bien’, me da un beso y se va para siempre, me quedo pensando en
que debo tener algo femenino, algún rasgo, o que, probablemente, no entiendo nada de nada.
Bienvenido a los cuartitos en un terreno compartido”.

Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/

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