Sendero a prisión: Parte 1

Se puede pensar que en el mundo hay realmente tres delitos, dos que podríamos considerar como delitos naturales y graves, y uno a evaluar según el caso. Estos son: violación y homicidio (los graves) y robo con violencia (cada caso a evaluar).

Aunque esto suena a reduccionismo brusco y simplista. Por ende agregaré otra categoría de delitos: los delitos civilizados.

Por el momento, atrevámonos a pensar de esta manera, solo con estas categorías. Pero ¿Por qué?

Sucede que el Estado (al menos los tipos de Estado que funcionan en esta parte del mundo), ese pesado e inoperante, como un elefante inmóvil, no tiene derecho a exigir más a sus ciudadanos, no tiene justificaciones que apuntalen su exigencia, entonces usa todo su poder penal para hacerlo. Y como no encuentra la forma de exigir, debido a su incapacidad de velar por los derechos humanos básicos de cada individuo, pero que aún (y cada vez con más fuerza) debe justificarse de forma infinita, demuestra con luces y publicidad que si no se obedece, hay una larga colección de cargas penales existentes, dispuestas a vaciarse sobre cualquier cabeza sin importar su historia, contexto ni razón, y esta acción de vaciado penal el público poco avispado la ama, aplaudiendo la estafa estatal. Y veo este movimiento de fuerza como LA gran estafa, una inoperancia debido a que solo se castiga un hecho que no se previno ni se prevendrá ya que nunca el estado analiza las fuerzas que desencadenaron una acción, y no ejerce ningún movimiento de contra-fuerza para revertir la tendencia del sistema (las conductas criminales), sólo ejecuta una obra de teatro policial para generar espejismos.

LA IGNORANCIA DEL CIUDADANO HONRADO Y TRABAJADOR ES SU MAYOR GOCE.

DE VUELTA A LA REALIDAD

En mi devenir económico, antes de tener que vivir en la villa, alquilaba un departamento nuevo, con todos los servicios y comodidades, alejado de todo lo que hoy vivo y he vivido estos últimos cuatro años. Siempre cooperé con lo social, en esta tarea era muy activo desde mis dieciocho años, hasta mis veintitrés años aproximadamente. Luego, me absorbió el tema de llegar a fin de mes y ya el cuerpo no lo podía poner tanto. Sin embargo, mi origen e intuición siempre me dijo a donde pertenezco, y siempre defendí al que menos tiene, física, conceptual y filosóficamente. Aunque estuve viviendo con ricos, aunque haya generado riqueza, nunca me moví de esa forma perteneciente / propia. Esto lo comento para que se pueda comprender la siguiente situación: llegó un punto en que mi rebeldía no me permitió seguir trabajando en ciertos sectores y comencé a tener problemas con el alquiler y el mantenimiento de mi estilo de vida; como sea, terminé trabajando de delivery, para una cadetería local. Y cuando trabajaba de delivery, hay una vivencia que no se me va de la memoria:

Eran las tres de la tarde de un día de semana y me tocó hacer un viaje a Cabral pasando Mattasi (un sector complicado de mi ciudad, aunque no el más), yo iba en una moto cero kilómetro, a una zona que sabía que era jodida, pero a pesar de todo, siendo pleno día, no me baje de la moto ni apague la misma, por si tenía que correr, y esa misma dirección a la que tuve que concurrir, que me aterraba, es en la que meses después, (y actualmente) me encontré viviendo. Siendo parte del día a día, y aprendiendo todo lo que mi teoría defendía, desde aquí, desde adentro.

Terminar viviendo en la misma dirección exacta, se me hace algo irónico.

Por ende, todo lo que viví aquí da lugar a este texto. La siguiente reflexión será lo más objetiva posible, y cuenta la vida de un hombre de 25 años, condenado en juicio abreviado a 4 años de prisión por narco-menudeo, en su vivienda, fue encontrado con 800g de marihuana. La justicia festeja, y las señoras y señores (éticos, morales, responsables, trabajadores, impolutos) aplauden por Facebook, yo me río, porque si supieran “las cosas”, con su moral cambiante y poco fiable, terminarían pidiendo perpetua, y un hombre de corazón gigante, se pudriría en prisión.

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