Sendero a prisión: Parte 8

DELITOS CIVILIZADOS

Ya dije que hay dos delitos naturales: el homicidio y la violación, y puede tomarse como liviano o positivista terminar la cadena de delitos solo en esas dos cosas, cuando el mundo se parece más a una habitación del infierno que a un jardín atravesado por un arcoíris.

Pensemos que, vivir, conlleva aceptar una inmensidad de reglas, son miles y miles de reglas de las cuales desconocemos, arriesgándome al dar un número, alrededor del 90% de ellas. Sin embargo, ahí están, y estas reglas son los tipos penales, que están deseosos de aplastar cualquier cuerpo, por supuesto, ese ejercicio de reducir una vida es más sencillo si quien recibe el peso de la carga no puede pagar un buen abogado.

Bien, si lo resumo rápido, cada delito que no sea natural es una degeneración de las propias paredes (esas miles de reglas a seguir) que el sistema nos impone. ¿Le libra esto a una persona sobre su responsabilidad? Penalmente no, moralmente, ya veremos…

Instantes después de salir del vientre materno, comenzamos a recibir todo tipo de etiquetas y derechos, somos sujetos de derecho. Más simple: nuestra vida pertenece a la ley, y la nacionalidad es específica, por lo tanto, vivimos para el estado. Por supuesto que hay una parte buena, y esta parte buena son: todos los cuidados obligatorios que recibimos, pero todo esto, sobre todo la parte que nos corresponde como humanos, es pura teoría. Que haya salud de mayor o de menor calidad, dependerá de las políticas de un gobierno, que haya educación, igual, oportunidades, igual, y crecimiento y adquisición de un techo básico, igual: gobierno, estado.

Que se entienda bien: esta necesidad de leyes, de legisladores, de controles, en la teoría, es humanista, es esencia humana mirando al otro, a cualquier otro, es brindar por y para todos, y es lo mejor que tenemos como especie, nuestra mejor acción evolutiva. El problema es que lamentablemente, la teoría de derechos y obligaciones no se aplica con tanta certeza como en una cuestión matemática, y ningún marco teórico político sobrevive un día de realidad.

Entonces, al nacer existe nuestra firma sobre un contrato, el famoso contrato social, por supuesto, esto es algo impuesto que jamás firmamos, pero si no hubiera impunidad de una de las partes, no vería mal esa imposición. Y ¿Qué tiene esto que ver con los delitos civilizados? Veamos… Siglos atrás, se desmembraba el cuerpo de un criminal en la plaza pública, cosa que no hubiera cambiado mucho hoy en día, teniendo en cuenta como piensa la gente, y si no hubiera abogados penalistas (y debemos agradecer que hayan, de verdad), pero cambió, hubo múltiples causas para ese cambio, una de esas causas fue para evitar revueltas que podían escalar, es decir, familiares y allegados al mutilado en el cadalso queriendo tomar la ciudad (o la cabeza del rey), y a viento de este simple proceso de evolución cognitiva, una de las cosas que trajo fue el tratado de Beccaria: “De los delitos y las penas”. Donde se teorizó qué era ejercer justicia sin convertirse en delincuente al hacerlo, como en el caso de desmembrar un cuerpo, el estado no podía dar esa imagen de sí mismo. Y así las penas y la justicia fue poco a poco evolucionando hasta nuestro día; y una cuestión importante también en esta evolución, es, por ejemplo: la salud para todos, no es tan humanista, es más bien, productiva: es más económico curar a un empleado que enseñarle a uno nuevo, y más eficiente es ese juego si el empleado paga su propia cura, viene a trabajar enfermo, y sigue rindiendo igual.

Todo muy lindo pero ¿delitos civilizados?
Bien, tenemos por una parte un contrato en el cual la principal regla no escrita es: le damos nuestra vida y le obedecemos (al Estado) a cambio de una variedad de derechos que están asegurados, pero ¿se cumple? Está claro que no, y es el Estado quien no lo hace, y el no cumplirlo, deshabilita (a sí mismo) al Estado, como contraparte de ese contrato; lo deshabilita de exigirnos cualquier tipo de obediencia o alienación a sus leyes, cualquiera sean. Fíjense lo siguiente: los tipos penales (los delitos que el estado vigila que nadie cometa) crecen año a año, con mayor o menor retraso en cuanto a la tecnología, pero avanzan siempre, los derechos no, y de hecho, un fenómeno actual a nivel mundial es que cada vez importan menos los derechos básicos, es decir, ya el Estado no se siente tan obligado, o mejor dicho, no le da tanta vergüenza admitir que los ciudadanos no pueden ni por asomo pagarse los derechos que el mismo Estado vela por que se cumplan. Pero los tipos penales, las prohibiciones y demás, siguen creciendo, cada vez se le da más fuerza y más volumen a los cuerpos policiales y se liberan más las riendas a fiscales (aclaro: ningún fiscal tiene el intelecto suficiente que la investidura del título parece dar, es una simple piraña con un manual de verificación sobre conductas humanas) incluso, logrando llevar a cabo allanamientos sin que hayan órdenes firmadas por jueces (sucede muchísimo en Argentina).

La transformación evolutiva estatal creó un montón de delitos con el fin de matar cualquier tipo de organización paralela, el crecimiento de las mismas y sobre todo, con el fin de aniquilar cualquier irreverencia o rebeldía que ponga en jaque su propia supervivencia (hay que matar todo antes de que algo escale), todo Estado es una máquina difícil de frenar y cuando inventa una ley justa, por así decirlo, se ceba en su hambre de control y extiende la posibilidad o los tipos penales con el fin de controlar más, aniquilar la presión que genera la economía y la desigualdad y además, haciendo deudora a la gran masa social: SI COMETISTE UN DELITO, TU DEUDA ES HACÍA LA SOCIEDAD. ¡Vaya máscara!

Entonces, la invención de todo tipo penal que no vaya contra un delito natural (asesinato, violación) es, con el tiempo, una autoprotección estatal. Sabiendo esto, volvamos al Chef, a nuestro Chef de principio del ensayo, violados sus hermanos, él mismo, explotado laboralmente en su infancia, ¿por qué el estado no veló por sus derechos? ¿por qué la sociedad no hizo algo? Acaso… ¿no nos rasgamos las vestiduras ante las injusticias?
Puro cuento. Me pregunto, el estado ¿cumplió su contrato?

Sabes, vi tantos comentarios de odio por parte de gente desconocida, cuando salieron en redes las noticias del allanamiento, que no puedo entender ni justificar su existencia(de esas personas que comentaron), y más allá de lo que deberá y está pagando penalmente el Chef, ¿Qué pide la sociedad? ¿ética, moral? Vuelvo a decirlo: vi como condenaron a un hombre con todas las reglas y todo el músculo de un sistema al cual no fue jamás incluido, invitado, ni nada por el estilo. Y no olvidemos que fue condenado por vender droga a consumidores dentro de ese sistema. Pero el consumo no es delito, no escala en organización que puede amenazar el poder, solo la propia vida del consumidor. Y si hablamos de ética y moral, los individuos del sistema, en todas las jerarquías, son los consumidores del vendedor más negro y más villero que te puedas imaginar.

Pero esto también es una farsa, ¿sabes cuantos tipos, cuantas tipas, de 30, 40, 50 años estafan a familiares, hermanos, madres, padres, amigos, económica, moral y éticamente? Millones.

Pero falta mi conclusión especifica: quién dispara la primera bala, es más culpable que el que la justicia termina condenando con bombos y platillos. Porque más allá de que hayamos sopesado las posibilidades del estado y su egocentrismo, antes que nadie, fallaron los primeros responsables: los padres.

Todo padre o madre que abandona a un hijo, entrega al mundo un problema, y condena un alma, ellos deberían estar presos. Pero no se busca la justicia, sino la propaganda, los pasos exactos, con todos los flashes de cámaras activos, para que todos vean la maquinaría funcionando mientras un hombre analfabeto llegó a su última parada de este gran sendero a prisión.

Allí quizás haríamos el mundo un poco más justo de verdad, faltaría mucho, pero sería el primer granito de arena en la inmensidad de injusticias de este mundo.

Sendero a prisión: Parte 7

NARCO-BANDIDO

Este Chef, el protagonista de este ensayo, no es un gato mojado en medio de la tormenta, imagino que ya lo tienes claro. Su particularidad es esta: si te quiere, estará dispuesto a ir a prisión por matar por vos (esto es totalmente en serio, este Chef no iba a dudar si necesitaba sacar un arma y que pase lo que tenga que pasar, aunque, aclaro algo: la diferencia entre el ciudadano común cuando saca un arma es que, nosotros perdemos todo el temple, el Chef en esos casos era todo lo contrario), si no te quiere o eres su víctima, sobra toda palabra humana.

Desde que lo encerraron, por la violencia del operativo, y la fuerza imputativa, etc. Está muy claro para mi que lo que menos buscaban era la droga, de hecho parecían enojados de solo haber encontrado eso, pero está bien claro que era por muchas cosas y solo pudieron probar esa. Ahora, sí vuelvo al final del párrafo anterior encuentro una sola cosa firme: extremismo. Extremismo en la familiaridad y el cariño, y extremismo en la violencia. Pero no puedo dejar de ver al Chef, cuando pienso en su situación, en su vida, en su sufrimiento, y en su accionar, en todo el conjunto de su persona, no puedo dejar de ver a un hermano, de distinta sangre pero de mismos códigos. Y me surge una pregunta incómoda: ¿La diferencia entre él y yo es simplemente una cobardía propia que siempre me frenó? Querer responder sería ir en contra de la verdad. Pero de algo estoy seguro, y es una ironía por las que todos pasamos, la familia, o gran parte de ella, siempre te dejará de lado, no le importarás mucho en algún momento, y en ese instante, duradero y sostenido durante algún tiempo, este tipo, el Chef (más allá de mi madre, claro) fue quien me dio el apoyo familiar más cálido, para referirme mejor a esto cito una frase de “Pandillas de Nueva York”, donde el personaje de Di-Caprio reflexiona: “Se siente extraño estar bajo la protección de un dragón”. También, todo ese extremismo que lo maneja (por elección propia) es súper motivador y alentador, tengo varios recuerdos de frases suyas: “vos no sabes lo que podes llegar a ser”, “tenes que seguir, pelear por lo tuyo”, etc, etc, por supuesto, no esperemos una frase de altura, pero la intención estuvo por su parte.

EXTREMISMO, vuelvo a eso al referirme a él, su padre lo abandono, entre otras fuerzas de impacto que ya mencioné en la primera parte de este escrito, nunca hubo nada ni nadie para apaciguar ese extremismo que impactó siempre, cada ciertos años en su vida, ahora vive otro: la prisión.

No hay que equivocarse, el “narco-bandido” es una figura peligrosa, peligrosa para usted que lee, para mí, para todos. Porque no es el típico vendedor de drogas estúpido, movido por las mujeres, sin códigos, que va a entregar a cualquiera, que deja entrar drogadictos a su pieza, etc. Pero tampoco es peligroso, a mi parecer, por la violencia que pueda llegar a ejercer, si se quiere, su peligrosidad es más por su intuición e inteligencia oculta.

Todo en el accionar delictivo del bandido, aunque lamentablemente casi no sepan escribir ni leer (como en el caso del Chef), tiene una inteligencia previa. Es la diferencia crucial que incluso usan ellos para categorizar a un “rastrero” que roba un celular, o ata a una silla a una pareja de abuelos, del bandido de “verdad”, que puede hacerle una especie muy artesanal de golpe táctico a un tranza más grande o de mayor jerarquía, de desvalijar una estancia en tiempo récord sin lastimar a nadie, o, porque no, robar un blindado y huir con el botín. Piense que todo esto requiere coordinación, previsión de escenarios, roles dentro del accionar, cálculo más o menos a “ojo” del tiempo, planificación posterior, y demás. Y si, lo planifican de esa forma, he visto “planificaciones” que si bien no se en que terminaron, las planificaciones ahí estaban, he pasado para el baño justo cuando estaban preparando, en ronda, estas acciones, con armas en sus manos, lamentablemente, y porque, siguiendo la regla de aquí: no escuche nada, ni intente escuchar nada.

Y ahí otra vez vuelve la cuestión: esa inteligencia, ese manejo de tensión, esa planificación, si hubiera visto alguna vez que si existen posibilidades, que es posible otra vida, si alguien lo hubiera acompañado al colegio, si alguien le hubiera preguntado ¿qué quieres ser de grande, veterinario, astronauta, doctor? Seguro su vida hubiera sido distinta. Y te das cuenta, cuando hablas con este tipo de gente, “bandidos”, que ellos saben, y que internamente tienen una pequeña grieta de dolor apuntalada por el ¿qué hubiera podido ser? Los ojos no mienten, y cuando me pongo a hablar de estas cosas con estos tipos, esa tristeza está ahí, porque aunque no pueden ver toda su inteligencia, notan que ven mucho más que el resto, y vuelvo a preguntarme ¿además de cobardía, la diferencia entre el Chef y yo fue solo suerte?

Acá es dónde vuelvo irremediablemente a las fuerzas que interactúan día a día sobre nuestras vidas y nos van empujando a distintos caminos y decisiones, fuerzas físicas reales, que moldean la realidad del cuerpo y la existencia, sin importar si la fuerza es origen objetivo o subjetivo, y ahí toma más volumen para mi la irresponsabilidad estatal de querer medir con sumas básicas la complejidad de la existencia, y medir la vida así no es un error, es adrede, porque usar las mejores mentes para prevenir esto requiere intervención, y el estado solo se salva a sí mismo. Y cómo hace la persona sin herramientas para contrarrestar tanta tendencia hacia ciertos sectores, si no tiene nada para evitarlo. Si todo lo que ve en televisión son personalidades endiosadas hablando de sicarios y hablando (usando el lenguaje) como si fueran sicarios y vistiendo igual (la música es un punto de inspiración y pertenencia, aquí es la glorificación, la justificación, el modelo a seguir, el GRAN PORQUE), está claro que es importantísimo una cultura vacía, porque los que están dentro de la tendencia y se dirigen al delito, no ven nada, y los otros, los buenos ciudadanos, tampoco.

Cuando yo me refiero a que siento al Chef como mi hermano, de otra sangre y de iguales códigos, estoy diciendo la verdad. Y quiero resaltar algo sobre los códigos, son reales, e incluso no te dejan entrar a ciertas cosas. Una vez, como yo necesitaba más estabilidad económica, le propuse usar mi capacidad técnica para comenzar a cifrar y encriptar poco a poco toda la red de comunicaciones, tanto la de sus posibles “soldados” como las de sus posibles jefes, y no me dejó entrar. Hoy veo que fue más bien una forma de protegerme, porque este sector que llamo “bandidos” protege y realza al tipo y a la mina buena gente, no los quiere introducir a ningún camino. Una cosa más, como anécdota sobre los códigos: desde que estoy viviendo aquí, casi cuatro años, en terrenos vecinos, la policía y los fiscales se habrán llevado a 15 personas aproximadamente, 3 o 4 mujeres entre esos 15. ¿Cómo se diferencia a un bandido o a una bandida? He visto gente que se jactaba de su mafia, de su maldad, que luego entregó a cuanta persona pudo para salvar su cuello, temblando de miedo ante un policía o un fiscal, estos tipos que son DE VERDAD, no entregan a nadie (al que le encuentran droga y sale, te aseguro que vendió a todos sus “amigos”), nada, una anécdota. Pero me lleva a pensar, tiene más valor la palabra de una o de un “bandido” que la de tu propio compañero de trabajo que estaría dispuesto a venderte o buchonearte con tal de ganar 200 dólares más al mes ¿cual es la verdadera ética o moral?

EXTREMO, todo en el Chef es extremo. El primer golpe extremo fue el abandono de su padre, luego las violaciones a sus hermanos por parte de su padrastro. Y me pregunto ¿Si el padre hubiera estado, si hubiera un castigo penal para quien quiera lavarse las manos? Este Chef sería así, o sería distinto. Estoy convencido que sería distinto, lo que me lleva a concluir que el primer delincuente es el padre que abandona, el único delincuente real es él, el que desató la cadena de eventos.

Sendero a prisión: Parte 6

EL DROGADICTO DE A PIE

Veo, como usted, miles de veces en canales de televisión a periodistas, investigadores o personas de cualquier puesto político diciendo más o menos cosas parecidas entre ellos: “El drogadicto, la droga, es un problema de salud pública”.

HAY QUE QUITARSE LA VENDA: Si no les hiciera tanto ruido, ya que sería como una demostración de avaricia explícita, la droga, por sus jugosas ganancias, sería un negocio controlado por el estado. Pero allí romperían su sentido de pureza moral que les justifica su existencia, es un paso que los deleita y que al mismo tiempo temen dar.

Bien, volviendo al hecho de los drogadictos como gasto público, es, en ciertos vectores sociales, una mentira inmensa. Piense en una mujer y en un hombre mayor de 25 años, con tatuajes feos, mal hechos, con cuerpos flacos, ropa muy usada encima, ropa sucia o de aroma neutro, piense en personas que todo el tiempo están pensando en consumir, en vender las sillas, las garrafas, algunos y algunas con nódulos que provienen de sus muelas, y también manchas en distintas partes del cuerpo, en gente que puede caminar 12 kilómetros buscando al proveedor, que jamás sabe si tiene un resfrío o cáncer pulmonar, u otro tipo de cáncer, o sida, o cualquier enfermedad que nos aterra. Come cada día por medio, pues no le apetece, no le “nace” el hambre, incluso está más dispuesto a una changa mínima en pos de drogarse antes que de comer. Así viven décadas, muchísimos años, bien puede pensar: “qué exagerado”, pues conozco gente de más de 60 años que se comportan así, quizás algunos cambian hacia un alcoholismo con un único fin: cirrosis. Entonces, si el 99% de esta gente no va a acudir a un hospital público durante décadas, pregunto: ¿dónde está el gasto público?

En serio nos tenemos que tragar esa mentira, cuando al gasto público en salud no le importa ni los dientes de los pobres, que apenas pueden cuidar los manchados y cariados dientes (3 o 4) que le quedan en su boca, por más que jamás se haya drogado. Si ni esas personas son atendidas con la prevención de la enfermedad en la acción de evitar que una gripe se convierta en una neumonía, o un caso de apendicitis termine en peritonitis, y así podría seguir.

Nos hablan, nos gritan desde sus pedestales morales, tanto el estado como el buen ciudadano, sobre cómo tienen que ser los días en convivencia ciudadana. ¿Sabe el estadista como es la mañana del adicto? ¿Cómo es cuando llega la noche? ¿Saben los grises ciudadanos del bien? ¿O simplemente escuchan los decires basados en datos que no son para nada reales?

El único gasto que un drogadicto le dará al estado, es el de ver en donde lo enterramos o a que casa velatoria le envían el cheque para su cremación, gasto que generamos todos los pobres, seamos drogadictos o no.

CENTROS DE REHABILITACIÓN

Pienso que para que una persona busque ayuda en un centro de rehabilitación, cualquier sea, e internar a un familiar, debe haber una estructura cognitiva distinta, debe saber y conocer un mundo mejor, entre comillas claro, mundo alejado de aquí, de terrenos con 15 casas de lajas, dónde cada uno es un micro barrio con sus reglas. Tiene que haber visto que si, que claramente es posible cambiar, no desperdiciar el resto de lo que quede de vida, bien, todo este tipo de logros y realidades alcanzables, aquí se desconocen, hay ambición, si, hay sueños, si, pero realmente están muy lejos de lo que cualquier persona de clase media puede ver, pensar, sentir o construir con constancia y esfuerzo, todo ese combo de mixturas que es necesaria para tomar la decisión de internar a alguien, y si no se poseen los recursos, ahí si cargar el saturado sistema público nacional.

El único gasto público de un pobre, está en su nacimiento, la infancia (cada vez menos aportes estatales) y, como ya dije, en su muerte.

Lamentablemente hay que entender cosas muy duras y son las siguientes: si alguien escribe la palabra “hola” ¿por qué asumimos que no es un analfabeto? Saber leer y escribir, tiene que dejar de ser la vara del analfabetismo, al menos por estos lados. Aquí no se conoce el concepto ni la palabra “rehabilitación”, imagínense que me han preguntado: ¿qué es una garantía? O, me han llamado cientos de veces para que les traduzca (con mi nulo conocimiento penal), la citación de turno de la justicia, o la presentación en PDF del fiscal o fiscales de turno que dieron en alguna audiencia imputativa. ¿Por qué digo todo eso? Porque intento explicar que no hay un GPS de mejora que pueda aplicarse, nada llevará a estas personas a pensar en rehabilitación como algo necesario para una vida mejor, como el primer paso.

Vuelvo a decirlo: aquí, el drogadicto jamás será un gasto público. Ese mensaje que dan, es solo un refuerzo moral y sistémico. Hay vidas enteras de puestos burocráticos que dependen de la droga vista como problema para sostener sus vidas económicas, para tiparlas y clasificarlas, para hablar sobre droga. El estado hace todo el negocio completo con la droga a excepción de uno solo: no la vende. No puede permitirse perder su imagen de pureza. Sin embargo, tiene un circuito de justificación inmenso alrededor de la droga.

Piénselo un segundo: ¿De qué hablaría? No vaya a ser cosa que lo único ilegal que llegue a los medios de comunicación sean los delitos de guante blanco, los fraudes bancarios y empresariales donde los ganadores, siempre viven en los mismos barrios privados, con estrafalarios apellidos, etc. Un montón de lugares a donde la policía no puede ir a justificar, ni a ejercer la misma violencia y avasallamiento espectacular de derechos para luego salir aplaudidos en redes sociales. Hay cosas que no se tocan.

El drogadicto como gasto de salud público no mueve ninguna vara, no es un problema político, es una necesidad estatal, disfrazada, muy disfrazada.

Sendero a prisión: Parte 5

ALGUNAS ACLARACIONES BREVES

En el capítulo anterior hablé bastante o di varias referencias sobre cálculo diferencial y formas matemáticas, pensará que a lo mejor esto está por convertirse en un postulado algorítmico sobre la cuestión principal que se trata, pues no. Y he aquí un secreto si usted no conoce cálculo avanzado: no se trata de resolver cuentas, se trata de “operar” ideas, cuando usted ve un algoritmo o fórmulas con simbolismos matemáticos raros, tómelo como una forma de comportamiento y además un símbolo de abreviatura, ya que sino, para explicar la fórmula o algoritmo, deberíamos escribir párrafos u hojas enteras, por eso la necesidad de representación y simbología en matemática. Pero el secreto es simple: pensar. Cuando usted está pensando si alguno de sus proyectos funcionará o no, ya está haciendo cálculo avanzado, que es simplemente operar ideas. Seguiré con esa línea, refiriéndome a las distintas cuestiones como fuerzas y acciones que interactúan entre sí.

LAS FUERZAS IGNORADAS

¿Cuál es el peso de un abandono? ¿Y el de una violación? O, ¿el de todos los golpes recibidos?

Vivir no es algo lineal, vaya novedad. Si pudiéramos dibujar la vida podríamos emularla, o paralelizarla mediante un gráfico con subidas y bajadas, movimientos que son respuestas u obligaciones a cuestiones muchas veces ajenas a uno, otras, infringidas directamente por uno mismo. ¿Por qué propongo esta forma algo abstracta sobre la existencia? Porque a mi parecer hay fuerzas que aparecen y desaparecen en nuestro camino, puedes llamarle a estas fuerzas como decisiones, traumas, golpes de suerte, de mala suerte, equivocaciones, aciertos, personalidad y todas sus sub-categorías, soledad, muertes, tragedias, placer y goce, ira, ego, y una lista larga de etcéteras. Todo es una fuerza que opera sobre esa gráfica que nuestros días van dibujando.

Entonces, cada cosa de nuestra vida es una fuerza que mueve nuestro día a día, pero podemos pensarlo así:
El abandono de un padre no es una ‘falta de algo’, es una fuerza de impacto. Es el momento donde la gráfica de la vida de un niño sufre una desviación angular tan violenta que, sin una contra-fuerza igual de potente, el destino queda sellado hacia todo otro abanico de espacios (hacia los cuales la gráfica queda dirigida, o el auto-vector si quieres pensarlo como álgebra lineal).

El Estado ve al hombre de 25 años vendiendo marihuana, pero se niega a ver la aceleración inicial y todas las fuerzas posteriores. El Estado es ciego a la dinámica; solo es experto en lo penal porque es algo estático. Sigamos profundizando un poco más y entendamos que, si nosotros podemos ver una decena de fuerzas físicas destructivas interactuando sobre un individuo, bien podemos ver o predecir con exactitud máxima, hacía dónde se dirige X individuo. Pero el Estado no quiere ver esto, porque ahí, realmente debería intervenir, en cambio, prefiere ver una estadística y juzgar un punto dentro de toda la gráfica compuesta por miles o millones de puntos, ¿Por qué? Si somos perversos como el poder, podríamos concluir que no lo hace porque sino no habría delincuentes, pero la cuestión es más egoísta y egocéntrica: teme morir, teme en todo momento, y acapara todo el dinero que puede, por eso la prevención física real es casi inexistente, y motivado por el temor solo gasta con ganas en una sola cosa: policía, policía y policía. Entonces, la política, el poder, la justicia, con sus propias invenciones es un observador inerte:

– La Justicia es Aritmética: 1+1=2. (Hecho + Ley = Cárcel).

– La Realidad es Cálculo: ∫F(t)dt. (La suma de todas las fuerzas en el tiempo).

El Estado odia la integral porque la integral reparte culpas. Si integramos la vida del Chef, el resultado no da “800g de marihuana”, el resultado da un sistema de fuerzas donde el Estado aparece como un coeficiente de fricción que nunca ayudó, o peor, como una fuerza que aceleró la caída.

NO estoy diciendo que cualquiera es inocente y por lo tanto cualquier responsabilidad queda extinta, voy un poco más cerca de ti y te cuento que he visto desplegar toda la fuerza estatal, todo el brazo de la ley para condenar a hombres y mujeres, con reglas éticas y penales de un sistema al cual nunca nadie los invitó y nadie se preocupó por que formen parte.

¿Cómo se le puede exigir a hombres y mujeres cuasi analfabetos, fidelidad a un contrato que nunca firmaron? ¿Cómo se les puede juzgar por no formar parte de una sociedad que solo los reconoce cuando los tiene que esposar? Es la estafa definitiva: el Estado te mantiene fuera de la ecuación del bienestar, pero te pone en el centro de la ecuación del castigo. El delincuente no natural (que no mató ni violó) es la válvula de presión utilizada para avalar lo establecido, para nunca jamás cambiar nada ¿y por qué? Porque si hay delincuentes, se puede sostener el temor infinitamente, por ejemplo: se traslada una falta de variada gravedad cometida por un desconocido (desconocido por vos y ajeno a tu vida), se traslada hacia una ofensa directa a tu ego y cobardía, porque todo delito es una deuda para con la sociedad. ¡Es la máquina de matar más perfecta que ha existido en la historia del planeta!.

LA FUERZA CONTENIDA

Si usted quiere saber por qué ya no se descuartiza un delincuente en la plaza pública lea “Vigilar y Castigar”, pero le dejó algo de spoiler: simplemente porque un hombre muerto ya no produce, no paga impuestos, no consume. ¿El preso produce? No. Pero puede volver a producir. Es un recurso en pausa. Además claro, de que semejante bestialidad de fuerza aplicada sobre los deudos, podría desatar una bomba atómica de sangre.

Y basado en eso llegamos al encierro moderno: la prisión. ¿Qué cree usted que puede pasar? Si a una vida que la interacción de fuerzas demoledoras, sea por elección o por destino, la llevamos a un cubículo derruido y húmedo, y metemos más fuerzas de demolición como: las violaciones, la humillación, la tensión constante, el tener que matar o morir, el abuso constante de los servicios penitenciarios (otros delincuentes encubiertos según la ética ciudadana, y me refiero a tu ética). ¿En serio puede creer que la tendencia destructiva fue corregida? Aquí puede surgir su conclusión más miedosa y cobarde: hay que matarlos, pero tranquilo, vos apoyas el capitalismo, y la justicia evolucionó para no matar un cuerpo que con algunas correcciones (por más inexistentes que sean) volverá a consumir, producir y pagar impuestos, así que, aquí va un alimento para tu terror: buena suerte cuando salgan.

Sendero a prisión: Parte 3

EL MUNDO COMPLETO Y LA INFANCIA

Desde que llegó el allanamiento hacia el Chef (aunque caímos todos en la bolsa y todos terminamos con una ametralladora en la cabeza mientras un pie nos aplastaba el pecho contra el piso), sospeché y sospecho que lo querían agarrar como sea, y la condena fue mínima por lo que pudieron encontrar (si hubieran allanado otro día la condena hubiera tenido de mínima, 2 dígitos), sin embargo, en mis escalas de delitos, no entra, sigue siendo inocente (no tengo razón y no tengo porqué tenerla), y es una escala, necesaria. Bien, luego de 4 años viviendo aquí, las cosas que se hacían en secreto u ocultas a ojos de mi madre, de mi pareja o de mi mismo, dejaron de hacerse ocultas y simplemente se hacían en el patio. Sí, he visto ladrillos de marihuana apilados mientras iba al baño (el baño era y es compartido y queda en el fondo del terreno), he visto armas, he charlado e incluso han trabajado en mi empresa de limpieza (antes de que la cierre) algunos pibes que fueron los causantes de tiroteos y amenazas o ajustes de cuenta por droga. Conocí todos los secretos, los vi, porque es inevitable, vivimos en el mismo terreno, y más allá de que no participé en todo eso, uno sale al baño o al patio y se encuentra a un grupo de pibes manipulando lo mencionado. ¿Qué haría usted, buen ciudadano? ¿Llamaría a la policía, usted, ejemplo del bien? ¿Los denunciaría? A esos pibes dispuestos a “batallar” por usted, al Chef, quien respondería por usted si pasa algún momento malo y no tiene para comer, le prestará dinero o le traerá comida, sin esperar favores a cambio, ni apurar con el tiempo de devolución del dinero. Alguien que lo invitará a su mesa en las navidades y años nuevo, por más que no te guste o no pienses ser parte, si denuncias a alguien así, viviendo en su terreno, déjame decirte que probablemente ya no tengas alma ni razón que justifique tu permanencia, por carne, por humano, por especie, aunque claro, el sistema estará encantado contigo.

Conocerlo todo, llevó también a que el Chef se abriera conmigo, y que su esposa se abriera con mi madre. Así supimos de la infancia del Chef (recuerde que cuando llegamos a vivir aquí ambos tenían 21 años y un hijo, 4 años atrás).

Y si vemos su vida, conocemos a un chico que probablemente haya sido abusado (aunque él nunca lo dijo), pero su hermana siendo niña fue violada por su padrastro, al igual que su hermano cuando era niño. Si no fuera eso suficiente para arruinar todo porvenir, al tener que seguir conviviendo con el violador, su madre, a partir de los 6 años del Chef, lo obligaba a ir a los semáforos a pedir monedas, y tenía que volver con plata porque sino el castigo era una golpiza. Luego, a los 13 años, cuando ya no podía conseguir dinero en los semáforos tan fácil, se convirtió en algo inútil y fue echado a la calle. Con lo contado hasta acá, es más que suficiente para fabricar un asesino despiadado. Pero tenemos como resultado, un hombre con las sensibilidades que ya mencioné.

Luego de vivir en la calle un tiempo, el estado no lo acogió, pues nunca supo de él hasta que decidió ser un delincuente. Como si eso pudiera decidirse. Como sea, la única fracción social que le dio cobijo fue alguna bandita mal organizada y precaria. Fue cocinero, de droga primero, y luego, vaya a saber por qué curiosidad, quiso ser Chef, un niño sufrido, desamparado, cocinando cocaína, quiere ser Chef en un restaurante. Situación por lo menos interesante de ver. Y más curioso aún es que se convirtió realmente en Chef, logró recibirse. Entonces, había esfuerzo y capacidad. Por supuesto, todo eso terminó cuando decidió hacerse un autorobo en el restaurante donde trabajaba(nadie sospechó de él). No juzgo ese accionar, es inevitable este acto, no hay ninguna base, ningún control o camino elegido, más que el propio.

Luego, comenzó descuartizando a cuanto animal de campo se le cruzó, así se alimentó y vivió un par de años, mientras, escuche usted ciudadano “honesto”, según me contó, y luego de otros testimonios que sugieren lo mismo: cocinaba para gendarmería y se encargaba de llevar las cuentas del negocio, todo avalado por la policía, gendarmes y un fiscal. Desconozco si hubo algún juez metido también, así que por el momento zafan. Por supuesto, no puedo dar nombres.

¿Quién sería el culpable en este caso mencionado, el Chef, al que se le dificulta leer, o todos los que tienen la educación formal y son parte de esa banda delictiva? Si le caemos al Chef morocho y con pinta de chorro, estamos muy mal de la cabeza.

Luego, cuando todo eso tuvo que frenar por cuestión de cambios de gobiernos, fiscales y demás, y eran otros los que se iban a encargar de esa parte (ese negocio sucio estatal nunca frena, no se equivoque, no sea iluso), comenzó su camino en el narco-menudeo.

Sendero a prisión: Parte 2

PRIMEROS CONTACTOS

Argentina le ganaba a México 2 a 0 en el mundial de Qatar, y al finalizar el partido, en 10 minutos, organicé todo lo necesario para mudarme. Fue un movimiento de escape, debía 2 meses de alquiler, y para todo dueño eso es imperdonable. Encima, el dueño del departamento que alquilaba vivía a dos casas de distancia. Primero, me aseguré de que su camioneta no estuviera en la vereda, y recién entonces llamé al fletero. Mi madre pensó que sería una mudanza normal, organizada; nada de eso, la apuré y me apuré, 10 minutos, sino, debería dar explicaciones y demás. Aparte, sabía a dónde íbamos y mi madre no, ella pensó que entraría todo lo que teníamos en ese departamento, en el nuevo lugar, pues no, solo era un cuarto de lajas de tres metros por tres metros con chapa vieja y oxidada a poco más de dos metros de altura. Le grité lo que debía dejarse, ya que ella no notaba que la cosa debía realizarse con urgencia. Las mesas y las sillas no van, su cama de dos plazas tampoco, el lavarropas tampoco, nada, solo el colchón de dos plazas, la cama mía, que luego ella usaría y yo dormiría en el piso, y las bolsas de ropa. El televisor, los cuatrocientos libros (sin la biblioteca), y cualquier cosa que entrara en una caja, nada más. A, si, llevamos la cocina, mi plan era cambiarla por un ventilador ya que el verano estaba llegando y sabría que allí, el calor, sería infernal, y como la cocina estaba preparada para gas de línea, y no contaba con plata ni para garrafas ni para cambiarle los picos, adiós cocina. Como sea, metí a la gata en una bolsa (porque jamás volvería a abandonar un animal por ser pobre) para llevarla con nosotros, y adiós departamento.

Al llegar estaban todos en la vereda, recuerde que era época donde el calor comenzaba. Unas 8 personas adultas vivían en el terreno, cada cual, en su piecita, y unos 6 niños. Ahora, nos agregábamos mi madre y yo. También, cuando llegamos, estaba la “bandita” que el Chef manejaba o que, por fuerza de atracción o carisma, se acercaban a él. Las caras eran raras, duras, feas, nada amigables. Pero pensé: “bueno, el Chef tiene una remera de que trabajaba en espacios públicos en la municipalidad, no va a pasar nada, sino no trabajaría allí”. Me preocupaba mi madre más que nada. Todos se portaron perfecto ese primer día, y siempre, pero estamos hablando de ese día en específico. Me ayudaron a descargar todo de la camioneta del flete, y a ingresar todo a mi cuartito, me saludaban, era todo relativamente normal. El Chef me llamó aparte y me explicó: “acá somos humildes, pero somos todos familia, todos los que viven acá (los adultos y niños a los que me referí) son familiares, lo único, es que somos humildes, nada más”. ¿Se estaba disculpando? Este Chef era el biotipo perfecto, la delicia de un fiscal y de cualquier carga penal. Gordito, moreno, pelo cortado al estilo Daddy Yankee, y con una cara de malo que parecía a propósito. Hablaba casi gritando, y elevaba las manos siempre que hablaba. La primera noche yo imaginaba que mientras estuviésemos durmiendo, entrarían y se sacarían fotos con nuestras cabezas apoyadas en sus armas, y esas cosas de delirio, pero me tranquilizaba la remera de la municipalidad, soy un estúpido.

Hoy, a la distancia, incluso con todos los malhumores y “deficiencias” en cuanto a las reglas de convivencia que no existen casi y que me tuve que fumar en estos años, todos, en mayor o menor medida, me ofrecieron en esos primeros contactos, una especie de disculpa por la humildad del lugar, por tener que vivir de esa forma. Es decir, gente a la cual mucho la ilegalidad de un hecho le es indiferente, se disculpaban por ser humildes. Por tener que compartir un baño, por usar como puerta de ese baño, simplemente una cortina. Por cada costumbre que ellos intuían me eran ajenas o raras, por todo lo que me pudiera parecer desagradable: sus disculpas. Y el primero que lo hizo fue el mismo tipo que hoy está condenado, y a quien todos aplauden su condena por ser un criminal. No quiero pasarme a la romantización, o a la atmósfera poética que mi cabeza rara pueda crear, sino que, este Chef, hacedor de robos armados, se disculpaba ante un completo desconocido que entraba en su mundo, por la humildad del mismo. Un punto importante de resaltar, es que nunca cometió un delito violento contra el individuo común. Siempre, si usaba la violencia era para robarle a otro “transa”. Y me lleva a pensar ¿Cómo dañó a la sociedad? Si, también aquí, muy lejos del centro y de esos bares progresistas que tienen precios elevadísimos, la droga actúa de otra forma, y arruina vidas realmente. Pero no vi cómo, no veo como, la droga, para gente pobre, consumida por gente pobre, se convierte en un problema de salud pública, y por lo tanto en un gasto estatal, y por ende en un delito contra el estado o la administración. En todo caso, lo que si es, es un suicidio en vida. Corpóreo. Te aseguro que ningún “fisura” o drogadicto se convierte en un problema de salud, será, a lo mejor, un debate de en dónde enterrarlo luego. Pero no generará un gasto de salud mientras viva. Seguiré con este detalle más adelante.

Ahora, en esos primeros momentos que se convirtieron en meses, aprendí algunas reglas de por aquí, una: nunca mires ni intentes curiosear nada. No preguntes. Y no te hagas el “poronga” porque vas a tener que responder. Si se quiere, las partes más salvajes de las reglas. Pero, me empezó a interesar este Chef, su forma de ser. Bromista, compañero, preocupado.

Siempre se ocupó de que la “abuela”, la señora de mayor edad que vive en el terreno, estuviera cómoda. Antes de poner pisos a su propia casa, se los puso a la abuela, para frenar un poco la húmedad quizás; le cerró una pared, se preocupó por que siempre las cuentas de luz y los costos de la comida estuvieran bien, que no haya nadie sin comer.

Yo arrastraba un problema al mudarme aquí, había vendido una heladera (en ese devenir económico propio) y el tipo que la compró resultó ser el hermano de uno de los traficantes más grandes de venado, en su tiempo claro. Dejó la heladera parada 3 meses, y cuando la prendió no tenía más gas. Una boludez, pero viene al caso, porque tenía que reembolsar la heladera o esta persona, un poco jodida, según decía, cuando me cruce en la calle, me haría cosas. Frenó en su auto importado un día, bajo en tono amenazante, y encaró para mi cuartito. Fue lo peor que pudo hacer, ya que el Chef, por estar en el “mismo rubro” lo conocía, y respondió por mí. A semanas de conocerme no más. Para no hacerla larga, este “mafioso” por ser el hermano de, se fue con los ojos llorosos y nunca más me molestó. Y cada vez que me cruzó, simplemente giró la cabeza hacia otro lado.

Otra cosa que me sorprendió en esos primeros tiempos, es ver que la preocupación por el bienestar de la familia era la misma que tenemos todos. Al menos por parte del Chef.

Tengas el estado económico que tengas, seas rico, clase media, cualquier tipo de trabajador, la preocupación que tienes por tu familia, tus padres, tus hijos, tu pareja, ayudar de vez en cuando a tus amigos, pedir ayudar a tus amigos en malos momentos, es la misma, seas el director de un banco, o quien sueña con robarlo. Por supuesto, lo que rompe con eso, es la adicción a la droga. Y tenemos en ese perfil de adicto perdido, el primer meollo del asunto, teniendo en cuenta lo que está dispuesto a hacer el drogadicto para conseguir más droga. Y este meollo es pura ironía, ya que, no es culpable el que se droga, dispuesto a llevar a cabo, en la faceta más dura de la adicción, cualquier delito para poder obtener más droga. Ese no es culpable, el consumo entra en el ámbito privado de cada persona, ahora, el que la vende sí. Esto es una barrera, una especie de borde moral, donde hay que justificar algo, siempre estatal claro. Porque la cuestión podría ser: el drogadicto no gana dinero por su adicción, no hay rédito económico, entonces, no hay delito. 

Volviendo al hilo: tenemos un tipo que delinque, el Chef. En esos primeros meses de mi estadía yo lo sospechaba, claro, pero no sabía bien en qué delinquía o como.

Como decía, tenemos para usted un delincuente, que debe estar preso, porque según usted (ojalá que no seas ese tipo de “usted”) deben morir todos. Un delincuente que tiene las mismas preocupaciones, que se acuesta pensando en cómo lograr lo que desea, o cómo alcanzar su meta, de la misma forma en que lo hace usted, al menos el origen y la cuestión es la misma, cambia la mecánica que ejecuta. Un gran padre, incluso demasiado liviano, por así decirlo, a la hora de corregir caprichos de su hijo, un esposo que se ocupa de su esposa, de que este bien, que emprenda una tienda de ropa, o un servicio de esculpir y hacer uñas, de que la nona del terreno esta cómoda, que pase lindas fiestas, que los demás chicos coman, estudien, tengan ropa. Alguien que entra a los perros en invierno, porque lloran del frío, y no los quiere hacer sufrir, alguien que no impone como un tirano por su fuerza y su violencia, y para explicarlo daré el siguiente ejemplo:

A los cuatro meses, yo me junté con mi actual pareja, y las mujeres tienen costumbres que los hombres desatendemos, es lamentable pero es así, nosotros siempre seremos niños perdidos que no sabemos muy bien qué hacer, en cambio la mujer es fuerte, decidida y no permite boludeces, menos aún entre mujeres, y mi pareja y la esposa del Chef (por cierto, la dueña del terreno y por lo tanto de todos los cuartitos) chocaban, constantemente chocaban. Cada una intentaba imponer su carácter. Y si no me echaron a la calle o no hubo peleas físicas entre ambas, fue por mi intervención con mi pareja y por el Chef con la suya. Confirmé esto, a los dos años de vivir acá, cuando charlabamos de todo y me contaban, que sí, que el Chef le decía a su pareja, que éramos buenas personas, que había ciertas actitudes que no había que ejercer contra nosotros, y por supuesto la esposa lo entendió. Lo mismo yo con mi pareja, no podes pedir sonrisas y buen trato, si no lo das primera, vos sembras la semilla de lo que quieres ver. A lo que voy, el diálogo siempre era una opción para la resolución de conflictos, sino, bueno, me hubiera mudado hace tiempo porque simplemente nos hubieran echado.

Tenemos en frente un hombre de gran corazón, que puede ser cualquier vecino, el mejor vecino, o un vecino normal, a veces ruidoso, a veces héroe. Pero toda propiedad de ciudadano se pierde al elegir ser delincuente; él las perdió todas: al delinquir todos piden su muerte. ¿Por qué? ¿Arrancamos la flor si lastima con sus espinas a alguien? O ¿aceptamos la singularidad con su rispidez? ¿Qué hay en esa búsqueda de ser digno, por qué hay que ser perfecto, quién gana con que busquemos la figura diáfana del hombre o la mujer ejemplar?