Sendero a prisión: Parte 8

DELITOS CIVILIZADOS

Ya dije que hay dos delitos naturales: el homicidio y la violación, y puede tomarse como liviano o positivista terminar la cadena de delitos solo en esas dos cosas, cuando el mundo se parece más a una habitación del infierno que a un jardín atravesado por un arcoíris.

Pensemos que, vivir, conlleva aceptar una inmensidad de reglas, son miles y miles de reglas de las cuales desconocemos, arriesgándome al dar un número, alrededor del 90% de ellas. Sin embargo, ahí están, y estas reglas son los tipos penales, que están deseosos de aplastar cualquier cuerpo, por supuesto, ese ejercicio de reducir una vida es más sencillo si quien recibe el peso de la carga no puede pagar un buen abogado.

Bien, si lo resumo rápido, cada delito que no sea natural es una degeneración de las propias paredes (esas miles de reglas a seguir) que el sistema nos impone. ¿Le libra esto a una persona sobre su responsabilidad? Penalmente no, moralmente, ya veremos…

Instantes después de salir del vientre materno, comenzamos a recibir todo tipo de etiquetas y derechos, somos sujetos de derecho. Más simple: nuestra vida pertenece a la ley, y la nacionalidad es específica, por lo tanto, vivimos para el estado. Por supuesto que hay una parte buena, y esta parte buena son: todos los cuidados obligatorios que recibimos, pero todo esto, sobre todo la parte que nos corresponde como humanos, es pura teoría. Que haya salud de mayor o de menor calidad, dependerá de las políticas de un gobierno, que haya educación, igual, oportunidades, igual, y crecimiento y adquisición de un techo básico, igual: gobierno, estado.

Que se entienda bien: esta necesidad de leyes, de legisladores, de controles, en la teoría, es humanista, es esencia humana mirando al otro, a cualquier otro, es brindar por y para todos, y es lo mejor que tenemos como especie, nuestra mejor acción evolutiva. El problema es que lamentablemente, la teoría de derechos y obligaciones no se aplica con tanta certeza como en una cuestión matemática, y ningún marco teórico político sobrevive un día de realidad.

Entonces, al nacer existe nuestra firma sobre un contrato, el famoso contrato social, por supuesto, esto es algo impuesto que jamás firmamos, pero si no hubiera impunidad de una de las partes, no vería mal esa imposición. Y ¿Qué tiene esto que ver con los delitos civilizados? Veamos… Siglos atrás, se desmembraba el cuerpo de un criminal en la plaza pública, cosa que no hubiera cambiado mucho hoy en día, teniendo en cuenta como piensa la gente, y si no hubiera abogados penalistas (y debemos agradecer que hayan, de verdad), pero cambió, hubo múltiples causas para ese cambio, una de esas causas fue para evitar revueltas que podían escalar, es decir, familiares y allegados al mutilado en el cadalso queriendo tomar la ciudad (o la cabeza del rey), y a viento de este simple proceso de evolución cognitiva, una de las cosas que trajo fue el tratado de Beccaria: “De los delitos y las penas”. Donde se teorizó qué era ejercer justicia sin convertirse en delincuente al hacerlo, como en el caso de desmembrar un cuerpo, el estado no podía dar esa imagen de sí mismo. Y así las penas y la justicia fue poco a poco evolucionando hasta nuestro día; y una cuestión importante también en esta evolución, es, por ejemplo: la salud para todos, no es tan humanista, es más bien, productiva: es más económico curar a un empleado que enseñarle a uno nuevo, y más eficiente es ese juego si el empleado paga su propia cura, viene a trabajar enfermo, y sigue rindiendo igual.

Todo muy lindo pero ¿delitos civilizados?
Bien, tenemos por una parte un contrato en el cual la principal regla no escrita es: le damos nuestra vida y le obedecemos (al Estado) a cambio de una variedad de derechos que están asegurados, pero ¿se cumple? Está claro que no, y es el Estado quien no lo hace, y el no cumplirlo, deshabilita (a sí mismo) al Estado, como contraparte de ese contrato; lo deshabilita de exigirnos cualquier tipo de obediencia o alienación a sus leyes, cualquiera sean. Fíjense lo siguiente: los tipos penales (los delitos que el estado vigila que nadie cometa) crecen año a año, con mayor o menor retraso en cuanto a la tecnología, pero avanzan siempre, los derechos no, y de hecho, un fenómeno actual a nivel mundial es que cada vez importan menos los derechos básicos, es decir, ya el Estado no se siente tan obligado, o mejor dicho, no le da tanta vergüenza admitir que los ciudadanos no pueden ni por asomo pagarse los derechos que el mismo Estado vela por que se cumplan. Pero los tipos penales, las prohibiciones y demás, siguen creciendo, cada vez se le da más fuerza y más volumen a los cuerpos policiales y se liberan más las riendas a fiscales (aclaro: ningún fiscal tiene el intelecto suficiente que la investidura del título parece dar, es una simple piraña con un manual de verificación sobre conductas humanas) incluso, logrando llevar a cabo allanamientos sin que hayan órdenes firmadas por jueces (sucede muchísimo en Argentina).

La transformación evolutiva estatal creó un montón de delitos con el fin de matar cualquier tipo de organización paralela, el crecimiento de las mismas y sobre todo, con el fin de aniquilar cualquier irreverencia o rebeldía que ponga en jaque su propia supervivencia (hay que matar todo antes de que algo escale), todo Estado es una máquina difícil de frenar y cuando inventa una ley justa, por así decirlo, se ceba en su hambre de control y extiende la posibilidad o los tipos penales con el fin de controlar más, aniquilar la presión que genera la economía y la desigualdad y además, haciendo deudora a la gran masa social: SI COMETISTE UN DELITO, TU DEUDA ES HACÍA LA SOCIEDAD. ¡Vaya máscara!

Entonces, la invención de todo tipo penal que no vaya contra un delito natural (asesinato, violación) es, con el tiempo, una autoprotección estatal. Sabiendo esto, volvamos al Chef, a nuestro Chef de principio del ensayo, violados sus hermanos, él mismo, explotado laboralmente en su infancia, ¿por qué el estado no veló por sus derechos? ¿por qué la sociedad no hizo algo? Acaso… ¿no nos rasgamos las vestiduras ante las injusticias?
Puro cuento. Me pregunto, el estado ¿cumplió su contrato?

Sabes, vi tantos comentarios de odio por parte de gente desconocida, cuando salieron en redes las noticias del allanamiento, que no puedo entender ni justificar su existencia(de esas personas que comentaron), y más allá de lo que deberá y está pagando penalmente el Chef, ¿Qué pide la sociedad? ¿ética, moral? Vuelvo a decirlo: vi como condenaron a un hombre con todas las reglas y todo el músculo de un sistema al cual no fue jamás incluido, invitado, ni nada por el estilo. Y no olvidemos que fue condenado por vender droga a consumidores dentro de ese sistema. Pero el consumo no es delito, no escala en organización que puede amenazar el poder, solo la propia vida del consumidor. Y si hablamos de ética y moral, los individuos del sistema, en todas las jerarquías, son los consumidores del vendedor más negro y más villero que te puedas imaginar.

Pero esto también es una farsa, ¿sabes cuantos tipos, cuantas tipas, de 30, 40, 50 años estafan a familiares, hermanos, madres, padres, amigos, económica, moral y éticamente? Millones.

Pero falta mi conclusión especifica: quién dispara la primera bala, es más culpable que el que la justicia termina condenando con bombos y platillos. Porque más allá de que hayamos sopesado las posibilidades del estado y su egocentrismo, antes que nadie, fallaron los primeros responsables: los padres.

Todo padre o madre que abandona a un hijo, entrega al mundo un problema, y condena un alma, ellos deberían estar presos. Pero no se busca la justicia, sino la propaganda, los pasos exactos, con todos los flashes de cámaras activos, para que todos vean la maquinaría funcionando mientras un hombre analfabeto llegó a su última parada de este gran sendero a prisión.

Allí quizás haríamos el mundo un poco más justo de verdad, faltaría mucho, pero sería el primer granito de arena en la inmensidad de injusticias de este mundo.

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