NARCO-BANDIDO
Este Chef, el protagonista de este ensayo, no es un gato mojado en medio de la tormenta, imagino que ya lo tienes claro. Su particularidad es esta: si te quiere, estará dispuesto a ir a prisión por matar por vos (esto es totalmente en serio, este Chef no iba a dudar si necesitaba sacar un arma y que pase lo que tenga que pasar, aunque, aclaro algo: la diferencia entre el ciudadano común cuando saca un arma es que, nosotros perdemos todo el temple, el Chef en esos casos era todo lo contrario), si no te quiere o eres su víctima, sobra toda palabra humana.
Desde que lo encerraron, por la violencia del operativo, y la fuerza imputativa, etc. Está muy claro para mi que lo que menos buscaban era la droga, de hecho parecían enojados de solo haber encontrado eso, pero está bien claro que era por muchas cosas y solo pudieron probar esa. Ahora, sí vuelvo al final del párrafo anterior encuentro una sola cosa firme: extremismo. Extremismo en la familiaridad y el cariño, y extremismo en la violencia. Pero no puedo dejar de ver al Chef, cuando pienso en su situación, en su vida, en su sufrimiento, y en su accionar, en todo el conjunto de su persona, no puedo dejar de ver a un hermano, de distinta sangre pero de mismos códigos. Y me surge una pregunta incómoda: ¿La diferencia entre él y yo es simplemente una cobardía propia que siempre me frenó? Querer responder sería ir en contra de la verdad. Pero de algo estoy seguro, y es una ironía por las que todos pasamos, la familia, o gran parte de ella, siempre te dejará de lado, no le importarás mucho en algún momento, y en ese instante, duradero y sostenido durante algún tiempo, este tipo, el Chef (más allá de mi madre, claro) fue quien me dio el apoyo familiar más cálido, para referirme mejor a esto cito una frase de “Pandillas de Nueva York”, donde el personaje de Di-Caprio reflexiona: “Se siente extraño estar bajo la protección de un dragón”. También, todo ese extremismo que lo maneja (por elección propia) es súper motivador y alentador, tengo varios recuerdos de frases suyas: “vos no sabes lo que podes llegar a ser”, “tenes que seguir, pelear por lo tuyo”, etc, etc, por supuesto, no esperemos una frase de altura, pero la intención estuvo por su parte.
EXTREMISMO, vuelvo a eso al referirme a él, su padre lo abandono, entre otras fuerzas de impacto que ya mencioné en la primera parte de este escrito, nunca hubo nada ni nadie para apaciguar ese extremismo que impactó siempre, cada ciertos años en su vida, ahora vive otro: la prisión.
No hay que equivocarse, el “narco-bandido” es una figura peligrosa, peligrosa para usted que lee, para mí, para todos. Porque no es el típico vendedor de drogas estúpido, movido por las mujeres, sin códigos, que va a entregar a cualquiera, que deja entrar drogadictos a su pieza, etc. Pero tampoco es peligroso, a mi parecer, por la violencia que pueda llegar a ejercer, si se quiere, su peligrosidad es más por su intuición e inteligencia oculta.
Todo en el accionar delictivo del bandido, aunque lamentablemente casi no sepan escribir ni leer (como en el caso del Chef), tiene una inteligencia previa. Es la diferencia crucial que incluso usan ellos para categorizar a un “rastrero” que roba un celular, o ata a una silla a una pareja de abuelos, del bandido de “verdad”, que puede hacerle una especie muy artesanal de golpe táctico a un tranza más grande o de mayor jerarquía, de desvalijar una estancia en tiempo récord sin lastimar a nadie, o, porque no, robar un blindado y huir con el botín. Piense que todo esto requiere coordinación, previsión de escenarios, roles dentro del accionar, cálculo más o menos a “ojo” del tiempo, planificación posterior, y demás. Y si, lo planifican de esa forma, he visto “planificaciones” que si bien no se en que terminaron, las planificaciones ahí estaban, he pasado para el baño justo cuando estaban preparando, en ronda, estas acciones, con armas en sus manos, lamentablemente, y porque, siguiendo la regla de aquí: no escuche nada, ni intente escuchar nada.
Y ahí otra vez vuelve la cuestión: esa inteligencia, ese manejo de tensión, esa planificación, si hubiera visto alguna vez que si existen posibilidades, que es posible otra vida, si alguien lo hubiera acompañado al colegio, si alguien le hubiera preguntado ¿qué quieres ser de grande, veterinario, astronauta, doctor? Seguro su vida hubiera sido distinta. Y te das cuenta, cuando hablas con este tipo de gente, “bandidos”, que ellos saben, y que internamente tienen una pequeña grieta de dolor apuntalada por el ¿qué hubiera podido ser? Los ojos no mienten, y cuando me pongo a hablar de estas cosas con estos tipos, esa tristeza está ahí, porque aunque no pueden ver toda su inteligencia, notan que ven mucho más que el resto, y vuelvo a preguntarme ¿además de cobardía, la diferencia entre el Chef y yo fue solo suerte?
Acá es dónde vuelvo irremediablemente a las fuerzas que interactúan día a día sobre nuestras vidas y nos van empujando a distintos caminos y decisiones, fuerzas físicas reales, que moldean la realidad del cuerpo y la existencia, sin importar si la fuerza es origen objetivo o subjetivo, y ahí toma más volumen para mi la irresponsabilidad estatal de querer medir con sumas básicas la complejidad de la existencia, y medir la vida así no es un error, es adrede, porque usar las mejores mentes para prevenir esto requiere intervención, y el estado solo se salva a sí mismo. Y cómo hace la persona sin herramientas para contrarrestar tanta tendencia hacia ciertos sectores, si no tiene nada para evitarlo. Si todo lo que ve en televisión son personalidades endiosadas hablando de sicarios y hablando (usando el lenguaje) como si fueran sicarios y vistiendo igual (la música es un punto de inspiración y pertenencia, aquí es la glorificación, la justificación, el modelo a seguir, el GRAN PORQUE), está claro que es importantísimo una cultura vacía, porque los que están dentro de la tendencia y se dirigen al delito, no ven nada, y los otros, los buenos ciudadanos, tampoco.
Cuando yo me refiero a que siento al Chef como mi hermano, de otra sangre y de iguales códigos, estoy diciendo la verdad. Y quiero resaltar algo sobre los códigos, son reales, e incluso no te dejan entrar a ciertas cosas. Una vez, como yo necesitaba más estabilidad económica, le propuse usar mi capacidad técnica para comenzar a cifrar y encriptar poco a poco toda la red de comunicaciones, tanto la de sus posibles “soldados” como las de sus posibles jefes, y no me dejó entrar. Hoy veo que fue más bien una forma de protegerme, porque este sector que llamo “bandidos” protege y realza al tipo y a la mina buena gente, no los quiere introducir a ningún camino. Una cosa más, como anécdota sobre los códigos: desde que estoy viviendo aquí, casi cuatro años, en terrenos vecinos, la policía y los fiscales se habrán llevado a 15 personas aproximadamente, 3 o 4 mujeres entre esos 15. ¿Cómo se diferencia a un bandido o a una bandida? He visto gente que se jactaba de su mafia, de su maldad, que luego entregó a cuanta persona pudo para salvar su cuello, temblando de miedo ante un policía o un fiscal, estos tipos que son DE VERDAD, no entregan a nadie (al que le encuentran droga y sale, te aseguro que vendió a todos sus “amigos”), nada, una anécdota. Pero me lleva a pensar, tiene más valor la palabra de una o de un “bandido” que la de tu propio compañero de trabajo que estaría dispuesto a venderte o buchonearte con tal de ganar 200 dólares más al mes ¿cual es la verdadera ética o moral?
EXTREMO, todo en el Chef es extremo. El primer golpe extremo fue el abandono de su padre, luego las violaciones a sus hermanos por parte de su padrastro. Y me pregunto ¿Si el padre hubiera estado, si hubiera un castigo penal para quien quiera lavarse las manos? Este Chef sería así, o sería distinto. Estoy convencido que sería distinto, lo que me lleva a concluir que el primer delincuente es el padre que abandona, el único delincuente real es él, el que desató la cadena de eventos.