Sendero a prisión: Parte 7

NARCO-BANDIDO

Este Chef, el protagonista de este ensayo, no es un gato mojado en medio de la tormenta, imagino que ya lo tienes claro. Su particularidad es esta: si te quiere, estará dispuesto a ir a prisión por matar por vos (esto es totalmente en serio, este Chef no iba a dudar si necesitaba sacar un arma y que pase lo que tenga que pasar, aunque, aclaro algo: la diferencia entre el ciudadano común cuando saca un arma es que, nosotros perdemos todo el temple, el Chef en esos casos era todo lo contrario), si no te quiere o eres su víctima, sobra toda palabra humana.

Desde que lo encerraron, por la violencia del operativo, y la fuerza imputativa, etc. Está muy claro para mi que lo que menos buscaban era la droga, de hecho parecían enojados de solo haber encontrado eso, pero está bien claro que era por muchas cosas y solo pudieron probar esa. Ahora, sí vuelvo al final del párrafo anterior encuentro una sola cosa firme: extremismo. Extremismo en la familiaridad y el cariño, y extremismo en la violencia. Pero no puedo dejar de ver al Chef, cuando pienso en su situación, en su vida, en su sufrimiento, y en su accionar, en todo el conjunto de su persona, no puedo dejar de ver a un hermano, de distinta sangre pero de mismos códigos. Y me surge una pregunta incómoda: ¿La diferencia entre él y yo es simplemente una cobardía propia que siempre me frenó? Querer responder sería ir en contra de la verdad. Pero de algo estoy seguro, y es una ironía por las que todos pasamos, la familia, o gran parte de ella, siempre te dejará de lado, no le importarás mucho en algún momento, y en ese instante, duradero y sostenido durante algún tiempo, este tipo, el Chef (más allá de mi madre, claro) fue quien me dio el apoyo familiar más cálido, para referirme mejor a esto cito una frase de “Pandillas de Nueva York”, donde el personaje de Di-Caprio reflexiona: “Se siente extraño estar bajo la protección de un dragón”. También, todo ese extremismo que lo maneja (por elección propia) es súper motivador y alentador, tengo varios recuerdos de frases suyas: “vos no sabes lo que podes llegar a ser”, “tenes que seguir, pelear por lo tuyo”, etc, etc, por supuesto, no esperemos una frase de altura, pero la intención estuvo por su parte.

EXTREMISMO, vuelvo a eso al referirme a él, su padre lo abandono, entre otras fuerzas de impacto que ya mencioné en la primera parte de este escrito, nunca hubo nada ni nadie para apaciguar ese extremismo que impactó siempre, cada ciertos años en su vida, ahora vive otro: la prisión.

No hay que equivocarse, el “narco-bandido” es una figura peligrosa, peligrosa para usted que lee, para mí, para todos. Porque no es el típico vendedor de drogas estúpido, movido por las mujeres, sin códigos, que va a entregar a cualquiera, que deja entrar drogadictos a su pieza, etc. Pero tampoco es peligroso, a mi parecer, por la violencia que pueda llegar a ejercer, si se quiere, su peligrosidad es más por su intuición e inteligencia oculta.

Todo en el accionar delictivo del bandido, aunque lamentablemente casi no sepan escribir ni leer (como en el caso del Chef), tiene una inteligencia previa. Es la diferencia crucial que incluso usan ellos para categorizar a un “rastrero” que roba un celular, o ata a una silla a una pareja de abuelos, del bandido de “verdad”, que puede hacerle una especie muy artesanal de golpe táctico a un tranza más grande o de mayor jerarquía, de desvalijar una estancia en tiempo récord sin lastimar a nadie, o, porque no, robar un blindado y huir con el botín. Piense que todo esto requiere coordinación, previsión de escenarios, roles dentro del accionar, cálculo más o menos a “ojo” del tiempo, planificación posterior, y demás. Y si, lo planifican de esa forma, he visto “planificaciones” que si bien no se en que terminaron, las planificaciones ahí estaban, he pasado para el baño justo cuando estaban preparando, en ronda, estas acciones, con armas en sus manos, lamentablemente, y porque, siguiendo la regla de aquí: no escuche nada, ni intente escuchar nada.

Y ahí otra vez vuelve la cuestión: esa inteligencia, ese manejo de tensión, esa planificación, si hubiera visto alguna vez que si existen posibilidades, que es posible otra vida, si alguien lo hubiera acompañado al colegio, si alguien le hubiera preguntado ¿qué quieres ser de grande, veterinario, astronauta, doctor? Seguro su vida hubiera sido distinta. Y te das cuenta, cuando hablas con este tipo de gente, “bandidos”, que ellos saben, y que internamente tienen una pequeña grieta de dolor apuntalada por el ¿qué hubiera podido ser? Los ojos no mienten, y cuando me pongo a hablar de estas cosas con estos tipos, esa tristeza está ahí, porque aunque no pueden ver toda su inteligencia, notan que ven mucho más que el resto, y vuelvo a preguntarme ¿además de cobardía, la diferencia entre el Chef y yo fue solo suerte?

Acá es dónde vuelvo irremediablemente a las fuerzas que interactúan día a día sobre nuestras vidas y nos van empujando a distintos caminos y decisiones, fuerzas físicas reales, que moldean la realidad del cuerpo y la existencia, sin importar si la fuerza es origen objetivo o subjetivo, y ahí toma más volumen para mi la irresponsabilidad estatal de querer medir con sumas básicas la complejidad de la existencia, y medir la vida así no es un error, es adrede, porque usar las mejores mentes para prevenir esto requiere intervención, y el estado solo se salva a sí mismo. Y cómo hace la persona sin herramientas para contrarrestar tanta tendencia hacia ciertos sectores, si no tiene nada para evitarlo. Si todo lo que ve en televisión son personalidades endiosadas hablando de sicarios y hablando (usando el lenguaje) como si fueran sicarios y vistiendo igual (la música es un punto de inspiración y pertenencia, aquí es la glorificación, la justificación, el modelo a seguir, el GRAN PORQUE), está claro que es importantísimo una cultura vacía, porque los que están dentro de la tendencia y se dirigen al delito, no ven nada, y los otros, los buenos ciudadanos, tampoco.

Cuando yo me refiero a que siento al Chef como mi hermano, de otra sangre y de iguales códigos, estoy diciendo la verdad. Y quiero resaltar algo sobre los códigos, son reales, e incluso no te dejan entrar a ciertas cosas. Una vez, como yo necesitaba más estabilidad económica, le propuse usar mi capacidad técnica para comenzar a cifrar y encriptar poco a poco toda la red de comunicaciones, tanto la de sus posibles “soldados” como las de sus posibles jefes, y no me dejó entrar. Hoy veo que fue más bien una forma de protegerme, porque este sector que llamo “bandidos” protege y realza al tipo y a la mina buena gente, no los quiere introducir a ningún camino. Una cosa más, como anécdota sobre los códigos: desde que estoy viviendo aquí, casi cuatro años, en terrenos vecinos, la policía y los fiscales se habrán llevado a 15 personas aproximadamente, 3 o 4 mujeres entre esos 15. ¿Cómo se diferencia a un bandido o a una bandida? He visto gente que se jactaba de su mafia, de su maldad, que luego entregó a cuanta persona pudo para salvar su cuello, temblando de miedo ante un policía o un fiscal, estos tipos que son DE VERDAD, no entregan a nadie (al que le encuentran droga y sale, te aseguro que vendió a todos sus “amigos”), nada, una anécdota. Pero me lleva a pensar, tiene más valor la palabra de una o de un “bandido” que la de tu propio compañero de trabajo que estaría dispuesto a venderte o buchonearte con tal de ganar 200 dólares más al mes ¿cual es la verdadera ética o moral?

EXTREMO, todo en el Chef es extremo. El primer golpe extremo fue el abandono de su padre, luego las violaciones a sus hermanos por parte de su padrastro. Y me pregunto ¿Si el padre hubiera estado, si hubiera un castigo penal para quien quiera lavarse las manos? Este Chef sería así, o sería distinto. Estoy convencido que sería distinto, lo que me lleva a concluir que el primer delincuente es el padre que abandona, el único delincuente real es él, el que desató la cadena de eventos.

Sendero a prisión: Parte 6

EL DROGADICTO DE A PIE

Veo, como usted, miles de veces en canales de televisión a periodistas, investigadores o personas de cualquier puesto político diciendo más o menos cosas parecidas entre ellos: “El drogadicto, la droga, es un problema de salud pública”.

HAY QUE QUITARSE LA VENDA: Si no les hiciera tanto ruido, ya que sería como una demostración de avaricia explícita, la droga, por sus jugosas ganancias, sería un negocio controlado por el estado. Pero allí romperían su sentido de pureza moral que les justifica su existencia, es un paso que los deleita y que al mismo tiempo temen dar.

Bien, volviendo al hecho de los drogadictos como gasto público, es, en ciertos vectores sociales, una mentira inmensa. Piense en una mujer y en un hombre mayor de 25 años, con tatuajes feos, mal hechos, con cuerpos flacos, ropa muy usada encima, ropa sucia o de aroma neutro, piense en personas que todo el tiempo están pensando en consumir, en vender las sillas, las garrafas, algunos y algunas con nódulos que provienen de sus muelas, y también manchas en distintas partes del cuerpo, en gente que puede caminar 12 kilómetros buscando al proveedor, que jamás sabe si tiene un resfrío o cáncer pulmonar, u otro tipo de cáncer, o sida, o cualquier enfermedad que nos aterra. Come cada día por medio, pues no le apetece, no le “nace” el hambre, incluso está más dispuesto a una changa mínima en pos de drogarse antes que de comer. Así viven décadas, muchísimos años, bien puede pensar: “qué exagerado”, pues conozco gente de más de 60 años que se comportan así, quizás algunos cambian hacia un alcoholismo con un único fin: cirrosis. Entonces, si el 99% de esta gente no va a acudir a un hospital público durante décadas, pregunto: ¿dónde está el gasto público?

En serio nos tenemos que tragar esa mentira, cuando al gasto público en salud no le importa ni los dientes de los pobres, que apenas pueden cuidar los manchados y cariados dientes (3 o 4) que le quedan en su boca, por más que jamás se haya drogado. Si ni esas personas son atendidas con la prevención de la enfermedad en la acción de evitar que una gripe se convierta en una neumonía, o un caso de apendicitis termine en peritonitis, y así podría seguir.

Nos hablan, nos gritan desde sus pedestales morales, tanto el estado como el buen ciudadano, sobre cómo tienen que ser los días en convivencia ciudadana. ¿Sabe el estadista como es la mañana del adicto? ¿Cómo es cuando llega la noche? ¿Saben los grises ciudadanos del bien? ¿O simplemente escuchan los decires basados en datos que no son para nada reales?

El único gasto que un drogadicto le dará al estado, es el de ver en donde lo enterramos o a que casa velatoria le envían el cheque para su cremación, gasto que generamos todos los pobres, seamos drogadictos o no.

CENTROS DE REHABILITACIÓN

Pienso que para que una persona busque ayuda en un centro de rehabilitación, cualquier sea, e internar a un familiar, debe haber una estructura cognitiva distinta, debe saber y conocer un mundo mejor, entre comillas claro, mundo alejado de aquí, de terrenos con 15 casas de lajas, dónde cada uno es un micro barrio con sus reglas. Tiene que haber visto que si, que claramente es posible cambiar, no desperdiciar el resto de lo que quede de vida, bien, todo este tipo de logros y realidades alcanzables, aquí se desconocen, hay ambición, si, hay sueños, si, pero realmente están muy lejos de lo que cualquier persona de clase media puede ver, pensar, sentir o construir con constancia y esfuerzo, todo ese combo de mixturas que es necesaria para tomar la decisión de internar a alguien, y si no se poseen los recursos, ahí si cargar el saturado sistema público nacional.

El único gasto público de un pobre, está en su nacimiento, la infancia (cada vez menos aportes estatales) y, como ya dije, en su muerte.

Lamentablemente hay que entender cosas muy duras y son las siguientes: si alguien escribe la palabra “hola” ¿por qué asumimos que no es un analfabeto? Saber leer y escribir, tiene que dejar de ser la vara del analfabetismo, al menos por estos lados. Aquí no se conoce el concepto ni la palabra “rehabilitación”, imagínense que me han preguntado: ¿qué es una garantía? O, me han llamado cientos de veces para que les traduzca (con mi nulo conocimiento penal), la citación de turno de la justicia, o la presentación en PDF del fiscal o fiscales de turno que dieron en alguna audiencia imputativa. ¿Por qué digo todo eso? Porque intento explicar que no hay un GPS de mejora que pueda aplicarse, nada llevará a estas personas a pensar en rehabilitación como algo necesario para una vida mejor, como el primer paso.

Vuelvo a decirlo: aquí, el drogadicto jamás será un gasto público. Ese mensaje que dan, es solo un refuerzo moral y sistémico. Hay vidas enteras de puestos burocráticos que dependen de la droga vista como problema para sostener sus vidas económicas, para tiparlas y clasificarlas, para hablar sobre droga. El estado hace todo el negocio completo con la droga a excepción de uno solo: no la vende. No puede permitirse perder su imagen de pureza. Sin embargo, tiene un circuito de justificación inmenso alrededor de la droga.

Piénselo un segundo: ¿De qué hablaría? No vaya a ser cosa que lo único ilegal que llegue a los medios de comunicación sean los delitos de guante blanco, los fraudes bancarios y empresariales donde los ganadores, siempre viven en los mismos barrios privados, con estrafalarios apellidos, etc. Un montón de lugares a donde la policía no puede ir a justificar, ni a ejercer la misma violencia y avasallamiento espectacular de derechos para luego salir aplaudidos en redes sociales. Hay cosas que no se tocan.

El drogadicto como gasto de salud público no mueve ninguna vara, no es un problema político, es una necesidad estatal, disfrazada, muy disfrazada.

Sendero a prisión: Parte 3

EL MUNDO COMPLETO Y LA INFANCIA

Desde que llegó el allanamiento hacia el Chef (aunque caímos todos en la bolsa y todos terminamos con una ametralladora en la cabeza mientras un pie nos aplastaba el pecho contra el piso), sospeché y sospecho que lo querían agarrar como sea, y la condena fue mínima por lo que pudieron encontrar (si hubieran allanado otro día la condena hubiera tenido de mínima, 2 dígitos), sin embargo, en mis escalas de delitos, no entra, sigue siendo inocente (no tengo razón y no tengo porqué tenerla), y es una escala, necesaria. Bien, luego de 4 años viviendo aquí, las cosas que se hacían en secreto u ocultas a ojos de mi madre, de mi pareja o de mi mismo, dejaron de hacerse ocultas y simplemente se hacían en el patio. Sí, he visto ladrillos de marihuana apilados mientras iba al baño (el baño era y es compartido y queda en el fondo del terreno), he visto armas, he charlado e incluso han trabajado en mi empresa de limpieza (antes de que la cierre) algunos pibes que fueron los causantes de tiroteos y amenazas o ajustes de cuenta por droga. Conocí todos los secretos, los vi, porque es inevitable, vivimos en el mismo terreno, y más allá de que no participé en todo eso, uno sale al baño o al patio y se encuentra a un grupo de pibes manipulando lo mencionado. ¿Qué haría usted, buen ciudadano? ¿Llamaría a la policía, usted, ejemplo del bien? ¿Los denunciaría? A esos pibes dispuestos a “batallar” por usted, al Chef, quien respondería por usted si pasa algún momento malo y no tiene para comer, le prestará dinero o le traerá comida, sin esperar favores a cambio, ni apurar con el tiempo de devolución del dinero. Alguien que lo invitará a su mesa en las navidades y años nuevo, por más que no te guste o no pienses ser parte, si denuncias a alguien así, viviendo en su terreno, déjame decirte que probablemente ya no tengas alma ni razón que justifique tu permanencia, por carne, por humano, por especie, aunque claro, el sistema estará encantado contigo.

Conocerlo todo, llevó también a que el Chef se abriera conmigo, y que su esposa se abriera con mi madre. Así supimos de la infancia del Chef (recuerde que cuando llegamos a vivir aquí ambos tenían 21 años y un hijo, 4 años atrás).

Y si vemos su vida, conocemos a un chico que probablemente haya sido abusado (aunque él nunca lo dijo), pero su hermana siendo niña fue violada por su padrastro, al igual que su hermano cuando era niño. Si no fuera eso suficiente para arruinar todo porvenir, al tener que seguir conviviendo con el violador, su madre, a partir de los 6 años del Chef, lo obligaba a ir a los semáforos a pedir monedas, y tenía que volver con plata porque sino el castigo era una golpiza. Luego, a los 13 años, cuando ya no podía conseguir dinero en los semáforos tan fácil, se convirtió en algo inútil y fue echado a la calle. Con lo contado hasta acá, es más que suficiente para fabricar un asesino despiadado. Pero tenemos como resultado, un hombre con las sensibilidades que ya mencioné.

Luego de vivir en la calle un tiempo, el estado no lo acogió, pues nunca supo de él hasta que decidió ser un delincuente. Como si eso pudiera decidirse. Como sea, la única fracción social que le dio cobijo fue alguna bandita mal organizada y precaria. Fue cocinero, de droga primero, y luego, vaya a saber por qué curiosidad, quiso ser Chef, un niño sufrido, desamparado, cocinando cocaína, quiere ser Chef en un restaurante. Situación por lo menos interesante de ver. Y más curioso aún es que se convirtió realmente en Chef, logró recibirse. Entonces, había esfuerzo y capacidad. Por supuesto, todo eso terminó cuando decidió hacerse un autorobo en el restaurante donde trabajaba(nadie sospechó de él). No juzgo ese accionar, es inevitable este acto, no hay ninguna base, ningún control o camino elegido, más que el propio.

Luego, comenzó descuartizando a cuanto animal de campo se le cruzó, así se alimentó y vivió un par de años, mientras, escuche usted ciudadano “honesto”, según me contó, y luego de otros testimonios que sugieren lo mismo: cocinaba para gendarmería y se encargaba de llevar las cuentas del negocio, todo avalado por la policía, gendarmes y un fiscal. Desconozco si hubo algún juez metido también, así que por el momento zafan. Por supuesto, no puedo dar nombres.

¿Quién sería el culpable en este caso mencionado, el Chef, al que se le dificulta leer, o todos los que tienen la educación formal y son parte de esa banda delictiva? Si le caemos al Chef morocho y con pinta de chorro, estamos muy mal de la cabeza.

Luego, cuando todo eso tuvo que frenar por cuestión de cambios de gobiernos, fiscales y demás, y eran otros los que se iban a encargar de esa parte (ese negocio sucio estatal nunca frena, no se equivoque, no sea iluso), comenzó su camino en el narco-menudeo.