Apple en el corazón y los pobres en el discurso

Desde distintos sectores políticos se extiende un discurso unificado, memorizado, y que parece llenar de sentido del día a día de todos, ya sea porque comparte y cree en el mensaje de dicho discurso, o ya sea porque debe adaptarse al mismo para no ser atacado en algún punto por cualquier persona que conozca su discrepancia privada al mismo.

La contradicción que se desprende desde un sector político es la siguiente: una apología a la pobreza, un mensaje de acercamiento y de dignificación, derechos, oportunidades y sobre todo un gran énfasis en la igualdad y en que, el político, esta allí para salvar al pobre. Pero, como generalmente sucede en Argentina, y también en el resto de Latinoamérica, el político de turno esta muy lejos de la vida de un pobre, se viste con la mejor ropa del mercado “capitalista”, usa la tecnología más cara y se alimenta con un presupuesto del cual comerían 20 familias o más.

¿Cuál es el error aquí?

Hay que entender que usar los elementos “top” en las distintas categorías que el mercado ofrece no es ningún problema, ni tampoco debería ser criticable, con una simple excepción moral y ética, si me encuentro en un puesto de administración pública y mi posición es llorar por los pobres, mientras gasto y consumo como un empresario, haciendo uso del poder adquirido, tanto económico como jerárquico, allí es entonces donde la crítica cabe con toda validez.

Pongamos el siguiente ejemplo:

Si yo hablará en este blog de la desigualdad del mundo, de la necesidad de ayudar a los que menos tienen, de la igualdad de los seres humanos sin importar su consumo ni poder adquisitivo, pero lo hiciera desde un puesto político por el cual me pagan uno de los sueldos mensuales más altos del país, y a su vez, vivo con comodidades exquisitas, como comúnmente lo hacen nuestros políticos: computadoras apple (las pc rinden exactamente igual a día de hoy, pero la marca es la marca y el ego es el ego), ropa importada de primera línea, autos 0km, departamentos de lujo, crecimiento del patrimonio personal a escalas millonarias, gustos personales como los de un adolescente millonario y caprichoso, etc., etc., etc.

Si yo hiciera todo eso, creo sinceramente que mis palabras y sobre todo mi persona y mi pensamiento, valdrían absolutamente cero.

EL ERROR esta en que las palabras y los pensamientos no coinciden con las acciones diarias de estas personas, su realidad, su estilo de vida y sobre todo su nivel de gastos (el cual aman), esta muy lejos de sus pensamientos superiores, inclusivos y progresistas. No es muy creíble alguien que se deshaga en lágrimas por la gente que vive en la calle o por aquellos que no tienen para comer mientras en su muñeca lleva un reloj de unos 10.000 dólares. O, en su defecto, alguien que sale a repartir viandas a los sin techos, con un pequeño detalle, en todas las prendas que viste hay un presupuesto de más de 2 millones de pesos.

Argentina esta llena de este tipo de personas, que hablan y hablan y dan discursos reflexivos escasos de profundidad, pero “correctos” e “inclusivos”, pero en enero los ves vacacionando en Miami, Barcelona, Venecia, Paris, etc. (Estas ciudades no son el problema, pero esos pobres que a ellos “les quitan el sueño” jamás en su vida irán de vacaciones allí).

ES MÁS VALIDO que un tipo diga: “me gusta la guita, me gusta las cosas buenas, vivir bien, darme mis gustos, y quiero ganar más y más plata para vivir cada vez mejor, el mundo, me importa un carajo, está lleno de miserias e injusticias, pero no puedo ni quiero hacer nada por ellas.” Una persona que me responda así, o que tenga esa forma de andar por la vida, sin duda podría llegar a ser mi amigo, no por como piensa, ya que no estaríamos generalmente ni un 5% de acuerdo en cuanto a política y demás, pero si habría una totalidad de honestidad y entereza, que es mucho más importante a nivel intelectual y humano. Desde ya, hay casos excepcionales de ambos lados, tanto de aquel que habla del pobre, como aquel que quiere “matar a todos”, ambos son dos sectores extremadamente dañinos para cualquier tipo de sociedad.

Sendero a prisión: El ensayo completo (PDF)

Aquí está el mapa completo de la caída. Este ensayo es el resultado de cuatro años habitando el choque entre la marginalidad y la academia; una disección técnica sobre por qué el Estado no solo falla, sino que necesita el delito para auto-justificarse.

Desde la mudanza en diez minutos hasta las ecuaciones de Lotka-Volterra que explican la simbiosis entre el fiscal y el vendedor, “Sendero a prisión” utiliza el cálculo diferencial para demostrar que el sistema penal es una estática muerta frente a la dinámica viva de la calle.

No es literatura de denuncia; es un reporte técnico de un despojo.

Si este material te sirve de munición, puedes apoyar el mantenimiento de la infraestructura y las próximas traducciones a través de Ko-fi.

Fanzine “Guerra Total”. #06 Allanamiento y volver a escribir

 Allanamiento, sed de venganza. 


19 de junio del año 2025. Eran las 19:07 pm y veo por la ventana una luz blanca muy potente, escucho gritos, ¡Policía, al piso, al piso! ¡Allanamiento! 

Estos gritos aún no eran en mi cuarto/casa. Vivía y aún (enero de 2026) vivo, en un terreno en donde hay 6 casas de lajas, en un barrio que puede considerarse una villa, o el comienzo o el ingreso a una villa, las primeras cuadras. 

Volviendo a los gritos, primero pensé que era en el terreno de al lado, pues, también hay como aquí varias casas de lajas, a las cuales se accede por un pasillo. Pero no, el circulo de luz potente venía desde este terreno. 

Yo me encontraba sentado en mi laboratorio de electrónica, reparando celulares, por supuesto que comprendí al instante lo que sucedía, suelto lo que estoy haciendo giró hacía mi madre que en ese momento estaba hablando por teléfono y le digo: “Quédate tranquila, allanamiento”, “¡No!” llegó a responderme y un segundo después un oficial con su rostro cubierto, vestido como esos policías de grupos tácticos, patea la puerta volviendo a repetir los gritos ya mencionados en el primer párrafo.
 
    • ¡Las manos, las manos, levanta las manos! – refiriéndose a mí, mientras me apuntaba a la cabeza con su ametralladora. Luego de que alcé mis brazos continua – arrodíllate – lo hice – ¡tírate boca abajo, dale! – me acuesto en el piso, siento que pone su pie en mi espalda, pisándome y apoya su arma en la parte lateral de mi cabeza, ya que yo tenía la misma apoyada de costado en el suelo. Entonces entra otro oficial apuntando hacia la cabeza de mi madre, y hacen lo mismo. 

Ese día me esposaron por primera vez, pero nunca voy a olvidar la ametralladora apuntando hacia mi madre. ¿Por qué? Nosotros estábamos tranquilos, porque sabíamos de antemano que no era para nosotros todo ese despliegue y circo, pero… ¿Ese es el poder de investigación de los poderes federales? 

Bien, esa noche, me tuvieron esposado hasta las 3 de la mañana, y luego me llevaron a la comisaria hasta las 5 am. 

En el medio, se llevaron a un vecino que convivía en el mismo terreno donde yo alquilaba y aún alquilo, a este vecino, lo condenaron a 4 años de prisión en un juicio abreviado por tenencia de 800g de marihuana. Por el momento no hablaré más sobre él, ya que estoy creando otro texto sobre su vida y que lleva a un hombre a prisión.

Lo que yo nunca me esperé, es que, por el simple hecho de vivir en un barrio marginal, en un cuarto de aspecto rudimentario, se llevarán todo mi esfuerzo, porque por las dudas incautaron todo mi taller y todos los equipos que encontraron, es decir, por proximidad, yo, para la justicia (y cualquier persona ya que así funcionan) era un delincuente. 

Me quitaron absolutamente todo con lo que trabajaba y me dejaron una deuda gigante, ya que tuve que reponer equipos nuevos a muchísimos clientes. Es decir, de un día para el otro me encontraba sin nada, sin propósito, sin herramientas, endeudado e investigado penalmente por así decirlo. Solo por el hecho de vivir en el mismo terreno. 

Recuerdo la charla con el oficial en la comisaria: 
    • ¿Tomas merca? 
    • No.
    • ¿Fumas faso? 
    • No. 
    • Decime Peralta, ¿Qué haces ahí? 
    • Mi nombre es Diego Fernández. No se con quien me esta confundiendo. 
    • Bueno Fernández, contame que pasa ahí. 

Dibujé una sonrisa y no dije nada. El silencio duro un rato mientras el tipo escribía en la computadora.
 
    • Anda para tu casa pibe. 

Uno como lector asiduo entiende y sabe que suceden estas cosas, sabe de la impunidad policial y judicial, de la violencia con la que son tratados los pibes, las pibas, las familias, los niños (Si, porque varios niños sufrieron pisotones al cruzársele a los oficiales cuando irrumpieron en el terreno). Pero vivirlo de cerca, en la propia piel, lo único que despierta es un odio sediento de sangre y venganza y violencia desatada. 

Al menos, en primera instancia. 

LA DEPRESIÓN

Antes de que eso sucediera, yo tenia la creencia de que a veces estaba deprimido, pero allí conocí en verdad la depresión, no bañarme en dos meses, no poder salir al patio, no pensar, casi no comer, dormir y dormir. Perder los sueños, las metas, los objetivos y las herramientas para conseguirlo, incluso hasta mi propio celular para poder comunicarme con los clientes, y con los cientos de contactos de clientes realizados en un año y medio de trabajo. 

Recuerdo que en una de las audiencias imitativas hacia mi vecino, el fiscal incluyo, todo mi taller, y todos los equipos de mis clientes, incluyendo el mío, como: “parte de pago de droga”, y que, además, la cantidad de dispositivos electrónicos dejaban ver irrefutablemente el accionar criminal. 
Yo quedé estupefacto, increíble, no me van a devolver absolutamente nada, y, además, lo usan para como “carga probatoria” hacia mi vecino. LA JUSTICIA ARGENTINA. 

¿Qué podía hacer? 

Estaba quebrado por pagar todos los celulares y notebooks de los clientes, placas de video, fuentes conmutadas, etc. 

Y cualquier intento de emprendimiento corría y aún corre el riesgo de correr con la misma suerte: incautación por las dudas. 
Pensé: “lo que sea que haga, tiene que ser mental, intelectual, algo que nunca puedan quitarme”. 
La conclusión: seguir escribiendo, volver a encontrarme con mi voz, y crear, no solo arte, sino fuego. 

Fanzine “Guerra Total”. #05 Llegamos tarde para una casa

 7300 días de vida cuesta comprar una casa. Resguardando cada peso de cada día. ¿Por qué seguimos ciegamente peleando o creyendo en algo inalcanzable?


El sueño de regalarle una casa a mamá, está muerto.

Ya no hay vacantes para nosotros los pobres, no queda una oportunidad. Pero así y todo reímos, y no sé si es algo bueno o malo dibujar un gesto estúpido en este constante entierro.

Imagino que debe ser bueno, si, que no nos saquen la risa.

COMPRAR UNA CASA

Quien tenga una casa, ya sea comprada, heredada, regalada, puede tirar este texto a la basura. Si decides quedarte, hay una gran posibilidad de que te enojes y no me importa.

No es este un estudio económico, es la ruptura de un símbolo.

Una casa pintada es una cobardía, un refugio para enaltecer toda la fuerza del ego, veamos: llegar a casa, al refugio privado exclusivo, lo que más defiende la constitución nacional, es un motivo de absolución propia.

“Mientras aquí todo esté bien, no debo preocuparme por nada, no debo pelear por nada, toda injusticia en el mundo se acaba si aquí dentro todo va bien”.

El esfuerzo que conlleva (nada menor), luego de obtenida la vivienda, afloja los músculos. Se absuelve y se extingue todo lo malo e injusto que hay ahí afuera, con el “que se le va a hacer”.

LLEGAMOS TARDE.

Una vez le dije a mí madre: “deja de pensar en una vida común, cómo la que te dio el abuelo en tu infancia, el mundo cambio, eso ya no existe, nunca más va a existir, la casa, las habitaciones, pintada, amueblada, propia o alquilando, no existe para nosotros, así que deja de sufrir por eso y olvídate”.

Todos conocen que antes si, se podía, llenos de historias y de ejemplos estúpidos, de que un abuelo se logró comprar tal cosa, que mí viejo esto y lo otro, etc etc. Pero si, un hombre, con esfuerzo, lograba adquirir su terreno y hacer su vivienda. Pero no reconocer que hace años todo eso se esfumó, es ser un estúpido que perpetua una mentira.

A veces juego con lo que decía Virginia Woolf en “Una habitación propia”. Es como si ese derecho fundamental de la mujer libre, dueña, siendo como se le cante en su espacio propio y en la vida; hubiese mutado y aunque esa habitación propia siga siendo una necesidad universal y aplastante y necesaria, hoy en día, trascendió los distintos géneros de las personas. Y ahora se ha sumado un nuevo ser opresor, subjetivo y carnalmente despiadado: el dinero.

Viendo lo tarde que llegamos como para poder ser dueños, es una triste quimera todas esas espaldas de hombres y mujeres, destruidas a su edad adulta en busca de este espejismo de la casa propia.

También es interesante hacer notar, como es que se motivan otros deseos más accesibles para la economía actual, motivación que viene desde los poderes, claro esta.

Es fundamental para ellos motivar estos tipos de deseos que carecen de alma, y sobre todo, deseos que están vacíos de “derechos”, ya que tales objetos (referenciados por esos deseos) no son nada necesarios para la vida.

De esta forma se apaga toda lucha con posibilidad de ser masiva, poniéndonos deseos vacíos, unos tras otros, como pequeñas dosis de dopamina.

La arquitectura del olvido y la indiferencia, es el consumo.

Nunca sabremos lo que se siente, esa “paz”, ese tipo de paz. Y hago énfasis en que es un tipo de paz, como miles de otros.

Entender que esa pérdida de posibilidad, no es un justificante que de pueda seguir aplicando, por lo tanto cualquier excusa que invite a matarnos en el trabajo para de forma ilusionada algún día conseguir la casa propia, es una mentira.

Esto no es motivo de pena, al contrario, es nafta para el fuego. Una liberación y un planteamiento que nos ayude a encarar el sin sentido. Porque tenemos, si queremos, en esta imposibilidad de hierro, la certeza de la inutilidad del Estado, su economía, y sus formas, de la cual el cuento capitalista es parte.

Entonces, relájate y cultivate, si ves una injusticia, pelea. No hay nada por perder y mucho por ganar.

El poder estatal y económico, cree que cuánto menos tenemos, más fácil es manejarnos. Pero se olvidan que somos los que más a menudo vamos al conflicto, sin retroceder, cara a cara.

EL ALQUILER

Una de las relaciones más detestables del sistema económico, es todo lo que engloba una relación entre inquilino y dueño. Sobretodo al alquilar a alguien que tiene 4 o 5 propiedades y se enriquece con la necesidad de vivienda, o, visto desde otro punto, con nuestra resistencia a dormir en un banco de plaza.

Se me hace una relación (más allá del odio a todo compromiso contractual) muy desigual, en donde reina el patotismo par parte de los dueños, amparados por las cobardes inmobiliarias. Además, se puede sostener que el acto de alquilar una vivienda es una virtualidad, es decir, una especie de ficción temporal, sostenida con dinero, hasta que tu salud, tu suerte o tu paciencia en el trabajo, aguanten.

Sin esa virtualidad, nuestra realidad es la indigencia, un partido con potencial de millones de adeptos.

Discúlpeme, orgullosamente me crié en una casa usurpada, y con todo gusto erradicaría las inmobiliarias (todas parásitos) y los propietarios de múltiples construcciones.

Fanzine “Guerra Total”. #04. El derecho a despedirse

 Se nos negó en algún punto de la historia reciente, el derecho a morir y a poder despedir a quienes perdemos.

Mejor dicho, se dolarizó el derecho al adiós.

El servicio de velar a un familiar, en la Argentina, arranca en un piso de $1.500 dólares.

Lo que equivale a decirnos: “ustedes, los pobres, no pueden despedir a sus muertos”.

Una burla que grita que si queremos llorar, paguemos.

DESDE LA ALTITUD A LA VERDAD

Hay ciertas teorías, con todos sus teóricos que profesan el último adiós como algo innecesario; que es un ejercicio penoso para un cuerpo que ya no tiene alma ni nada de aquello que lo representaba y lo acercaba a uno. Y es verdad.
Para el cuerpo, pero NO PARA EL RESTO.

Antes de atacar el negociado que juega con el dolor, primero hay que erradicar ese discurso de jolgorio dicho siempre desde la comodidad de una biblioteca ordenada, un café de por medio, y un ambiente calefaccionado.

En la calle, en el barrio, en la penuria de la mayoría de cada vida, es un acto necesario. Justificable hasta lo máximo que la palabra pueda describir y explicar. Saquemos de la ecuación, claro, a los viejos y viejas pelotudas que hacen, de un entierro y un velorio, un juego de chismerios.

El velatorio y el entierro, es algo fundamental en la vida de cada persona humilde para poder despedirse, y la justificación es muy sencilla: solo tenemos personas.

Al hecho de terror de perder a un ser querido, debemos agregar, además, el espejo de la vergüenza, las maldiciones autoprovocadas por “inútiles” al no poder hacer nada con el hecho de tener unos pocos pesos en nuestro bolsillo. No es suficiente la impotencia de la muerte, sino que debemos cargar también con la bronca de no poder cubrir los costos de un servicio velatorio mínimo.

Una última congoja, un beso en la frente, el abrazo con cada uno que llega a intentar llevarse parte de esa carga que genera la pérdida irreparable. Todo nos es negado, porque para alguien esto fue un negocio, es un negocio, que además, evita gastos al Estado.

Es una muestra más de la perversión del libre mercado: hay que tener plata, hasta para morirnos.

ANTES, ANTES…

En nuestro país, se podía velar a un familiar en nuestro propio domicilio. Sin tener que salir a cubrir el costo de ningún servicio, sin tener que hacer pública, como humillación, el pedido de limosna para poder pagar el servicio, sin quedar expuestos ante la sociedad, como castigo, al tener que declarar: no sirvo para nada (el goce allí es excesivo por parte del mercado). Sin tener que pasar de ser dolientes, a convertirnos en un individuo o familia que es juzgada por no tener.

Brotaba entonces, con los velatorios en los domicilios, un presupuesto que año a año se hacía más elevado, lo que equivale a decir que, dejaba en evidencia la falta de recursos para tal logística. Ambulancias y personal disponible.

Es decir, el traslado del cuerpo en las condiciones correctas al domicilio, y luego al cementerio correspondiente, era y es un gasto para el estado. Al infiltrarse “lo privado” dentro de estas formas, el estado, además de ahorrarse esos costos, dejaba de recibir críticas que no podían responderse.

Pero también entró en juego toda una tecnología en relación al féretro, (excusas inventadas por un mercado enfermo y obsesivo). Tales tecnologías recaen en los materiales necesarios para la construcción del cajón, el tipo de material, la correcta preservación del mismo con los años, los permisos necesarios, etc. Todo un listado de estándares que solo hacen una cosa: justificar el negocio y el precio. Siempre que hay una norma, el precio se sube, más, si es algo tan fundamental de brindar a la sociedad: un espacio adecuado para sus muertos. ¿Y los pobres? Bueno, no se puede pensar en eso al hacer un negocio, al poner un precio esa es la regla inviolable.

Así, el estado vió un camino en el cual podía dejar de sangrar dinero (porque los pobres no solo nos reproducimos de mas para ellos, sino que también nos morimos más) y a su vez, implementar un sistema de verificación y calidad, agregando burocracia a la cuestión, maniobra común para justificar la existencia del mismo, y también, un sector fructífero al cual cobrarles impuestos, como a cualquier otra empresa o comercio.

UN PASO MÁS

Pareciera que cada vez podemos hacer menos ante el hecho de la deshumanización completa.

Porque no podemos quejarnos ante el libre mercado. El estado dice:

¿Pero cómo vamos a prohibir un tipo de negocio? Eso sería ir en contra de los valores de la libertad. Por supuesto, siempre hay que agregar que esa libertad que se prolifera, siempre viene acompañada de dinero, de mucho dinero.

El Estado impotente solo sirve para juzgarnos y atarnos las manos. Para que impotentes mantengamos el status quo que la economía dicte.

Incluso, ante la propia muerte.

Por eso, siempre la queja y la lucha, en todos los niveles, será la única solución. Aún, al costo de tener que pelear contra los mismos ciudadanos que defienden, ciegos y tontos, lo establecido.

Hace unos años, en Venado Tuerto, el municipio cubría la totalidad, o de forma parcial, el servicio (mínimo aunque sea). Pero, amparados bajo ese gran y bello bastión de, lo que corresponde según los mandamientos del dinero, tal ayuda dejó de existir.

Un aplauso, a los vecinos que tiene que dibujar la O con un vaso, mientras sonríen al pagar su propia muerte. Orgullosos y dignos.

Fanzine “Guerra total”. #03. Severino Di Giovanni

El hombre más peligroso. Enemigo público número uno. Hábil con las armas y asesino de militares y sus familias. Disparos, amor y una vida de prófugo. Los huevos de oro que tenía Severino Di Giovanni se encuentran pocas veces.

Anarquista, italiano. Veía en la violencia la única forma de llevar a cabo un cambio social.

Horas antes de ser fusilado, mientras aguarda la muerte en su celda, escribe:

“No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí, elegí la lucha. Pasar monótonamente las horas enmohecidas de la gente común, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar, llevar encima una masa informe de carne y huesos. A la vida hay que ofrecerle la exquisita rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso”.

Severino colocó bombas, mato gente. Siempre apuntando al poder y a sus representantes. Sus acciones más violentas y que generaron estupor en aquellos años de la Argentina fueron, volar el banco de Boston en el centro porteño, volar el City Bank. La embajada de Estados Unidos, y el consulado de Italia, por ese entonces, llenó de militantes fascistas a favor de Mussolini. También, asesinó a un policía disparándole en el rostro.

Llegó de Italia a la Argentina en 1923. Escapando debido a su activismo anarquista contra el fascismos creciente de Mussolini.

El 1 de febrero de 1923 fue fusilado por orden del presidente de la República Argentina. Roberto Arlt escribe en sus aguafuertes porteñas, de si fusilamiento. Ya que fue a cubrir el mismo. Súper recomendable que lo leas.

Si último panfleto anarquista dijo: “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán su cuerpo. Sepa el comercio, la banca, la industria, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.

FRASES COLLAGE DEL FANZINE:

“El estado avala toda munición. Luego, clasifica un sistema de poderes, judicial, policial, para pensar cada disparo”.

“La legitimidad de un arma es para usarse contra vos mismo”.

“¿Por qué no usarlas a discreción?”

“Contra un oficial corrupto y hueco”

“Para un fiscal egocéntrico”

“Un jefe explotador”

“Un banquero orgulloso”

“Un político sádico”

“Para toda mentira contra los pobres, lo más efectivo es un disparo”.

“El mundo se divide en explotadores y explotados, y la única solución es la violencia”.

JAMAS RESPETAR LA AUTORIDAD.


Severino le confesó a su defensor asignado (el teniente Franco). Lo siguiente:
“Yo voy a declarar en una sola forma: la verdad. Solo le pido que no me haga mentir de mí ideología. Soy anarquista y de eso no reniego, no ante la muerte. Soy consciente de mí situación y no pienso rehuir responsabilidades de ninguna clase. Jugué, perdí. Cómo buen perdedor, pago con la vida’.

El teniente Franco hizo bien su trabajo de defenderlo y velo por sus derechos. Luego de ejecutado Severino, Franco fue arrestado, dado de baja del ejército y posteriormente desterrado.

Las palabras de Severino golpean con la misma fuerza que lo hicieron sus acciones. Leerlo es desgarrarse a un nivel nuevo, que su figura te hace alcanzar.
Es inevitable que una personalidad tan fuerte haya terminado de esa manera. Es para respetar su abandono a un hablador de café, y su paso a poner el cuerpo por lo que creía. Ya sea luchar contra el capitalismo, el fascismo, buscar nuevos derechos o unirse a la causa que si sangre hirviente lo impulsa.

Lo siguiente serán fragmentos de su ensayo: “El derecho al ocio y a la expropiación individual”.

Pero donde se agranda nuestro sufrimiento hasta adquirir caracteres trágicos, es al desentrañar la vergonzosa comedia de la falsa piedad que se desarrolla a nuestro derredor, mordiéndonos de rabia por nuestra impotencia y también por sentirnos un poco viles —vileza que es a veces justificada, pero que casi siempre no tiene justificación alguna frente a esta inicua y cínica hipocresía que nos hace pasar a nosotros, trabajadores, como los beneficiados, cuando somos los benefactores; que nos coloca en situación de mendigos a quienes se quita el hambre por misericordia, mientras que en realidad somos nosotros los que damos de comer a todos los parásitos y les procuramos el bienestar de que gozan: que consumimos nuestras vidas entre los horrores de las privaciones, para saturar de goces las de ellos, para permitir sus expansiones, sus placeres, —su ocio—, teniendo conciencia del despojo a que se nos somete. Quiere prohibírsenos hasta el poder sonreír ante las maravillas de la naturaleza, porque se nos considera como instrumentos, nada más que como instrumentos para embellecer su vida parasitaria. Nos damos cuenta de toda la insensatez de nuestros afanes; sentimos lo trágico, mejor dicho lo ridículo de nuestra situación: imprecamos, maldecimos, nos sabemos locos y nos sentimos viles, pero todavía continuamos bajo la influencia (como cualquier mortal) del ambiente que nos circunda, que nos envuelve en una malla de frívolos deseos, de mezquinas ambiciones de «pobres cristos» que creen mejorar un poco sus condiciones materiales, intentando arrancar de entre los dientes de los lobos —de los que poseen y defienden la riqueza— una migaja de pan que no se consigue más que al elevado precio de nuestra carne y de nuestra sangre dejadas en los engranajes del mecanismo social. Y, a pesar nuestro, por necesidad o sugestión colectiva, nos dejamos arrastrar por el torbellino de la locura común.

Otro fragmento de su ensayo:

No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una befa sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar en una forma elevada, espiritual. Sólo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar. A pesar de sus hipócritas cantores, el trabajo, en la presente sociedad, no es sino una condena y una abyección.

Cada párrafo es mejor que el anterior:

El llamarnos «trabajadores honrados» es tomarnos el pelo, es burlarse de nosotros, es, después del daño, agregarnos la burla. ¡Oh soberbios y magníficos vagabundos que sabéis vivir al margen de las conformaciones sociales, yo os saludo! Humillado, admiro vuestra fiereza y vuestro espíritu de insumisión y reconozco que tenéis mucha razón en gritarnos: «es fácil acostumbrarse a la esclavitud».***¡No!, el trabajo no redime, sino que embrutece. Los bellos cantos a las masas activas, laboriosas, pujantes: los himnos a los músculos vigorosos: las aladas peroraciones al trabajo que ennoblece, que eleva, que nos libra de las malas tentaciones y de todos los vicios, no son más que puras fantasías de gentes que nunca han tomado el martillo ni el escalpelo, de gentes que nunca han encorvado el lomo sobre un yunque, que jamás se han ganado el pan con el sudor de su frente.

Un párrafo más de su ensayo inevitable:

No se hallan ya los artesanos, los artistas. La producción capitalista, no los pide, no los precisa. Se han inventado cosas para cada necesidad y máquinas para hacerlo todo, y hemos llegado al punto de tener que crear nuevas necesidades para poder fabricar nuevos productos. En realidad, es esto lo que ya se hace y es por esto que la vida se va siempre complicando más y el vivir se hace cada día más difícil. Se ha suprimido la estética de las cosas y no se crea más que en serie, en montón. Se han educado los gustos en línea general; se ha distribuido en los individuos cualquier, originalidad artística, cualquier antojo diferente, y se ha alcanzado —¡oh, prodigio de la propaganda!— hacer apetecer a la generalidad aquello que a los capitalistas conviene fabricar: una misma cosa para cada individualidad distinta.