Fanzine “Guerra Total”. #06 Allanamiento y volver a escribir

 Allanamiento, sed de venganza. 


19 de junio del año 2025. Eran las 19:07 pm y veo por la ventana una luz blanca muy potente, escucho gritos, ¡Policía, al piso, al piso! ¡Allanamiento! 

Estos gritos aún no eran en mi cuarto/casa. Vivía y aún (enero de 2026) vivo, en un terreno en donde hay 6 casas de lajas, en un barrio que puede considerarse una villa, o el comienzo o el ingreso a una villa, las primeras cuadras. 

Volviendo a los gritos, primero pensé que era en el terreno de al lado, pues, también hay como aquí varias casas de lajas, a las cuales se accede por un pasillo. Pero no, el circulo de luz potente venía desde este terreno. 

Yo me encontraba sentado en mi laboratorio de electrónica, reparando celulares, por supuesto que comprendí al instante lo que sucedía, suelto lo que estoy haciendo giró hacía mi madre que en ese momento estaba hablando por teléfono y le digo: “Quédate tranquila, allanamiento”, “¡No!” llegó a responderme y un segundo después un oficial con su rostro cubierto, vestido como esos policías de grupos tácticos, patea la puerta volviendo a repetir los gritos ya mencionados en el primer párrafo.
 
    • ¡Las manos, las manos, levanta las manos! – refiriéndose a mí, mientras me apuntaba a la cabeza con su ametralladora. Luego de que alcé mis brazos continua – arrodíllate – lo hice – ¡tírate boca abajo, dale! – me acuesto en el piso, siento que pone su pie en mi espalda, pisándome y apoya su arma en la parte lateral de mi cabeza, ya que yo tenía la misma apoyada de costado en el suelo. Entonces entra otro oficial apuntando hacia la cabeza de mi madre, y hacen lo mismo. 

Ese día me esposaron por primera vez, pero nunca voy a olvidar la ametralladora apuntando hacia mi madre. ¿Por qué? Nosotros estábamos tranquilos, porque sabíamos de antemano que no era para nosotros todo ese despliegue y circo, pero… ¿Ese es el poder de investigación de los poderes federales? 

Bien, esa noche, me tuvieron esposado hasta las 3 de la mañana, y luego me llevaron a la comisaria hasta las 5 am. 

En el medio, se llevaron a un vecino que convivía en el mismo terreno donde yo alquilaba y aún alquilo, a este vecino, lo condenaron a 4 años de prisión en un juicio abreviado por tenencia de 800g de marihuana. Por el momento no hablaré más sobre él, ya que estoy creando otro texto sobre su vida y que lleva a un hombre a prisión.

Lo que yo nunca me esperé, es que, por el simple hecho de vivir en un barrio marginal, en un cuarto de aspecto rudimentario, se llevarán todo mi esfuerzo, porque por las dudas incautaron todo mi taller y todos los equipos que encontraron, es decir, por proximidad, yo, para la justicia (y cualquier persona ya que así funcionan) era un delincuente. 

Me quitaron absolutamente todo con lo que trabajaba y me dejaron una deuda gigante, ya que tuve que reponer equipos nuevos a muchísimos clientes. Es decir, de un día para el otro me encontraba sin nada, sin propósito, sin herramientas, endeudado e investigado penalmente por así decirlo. Solo por el hecho de vivir en el mismo terreno. 

Recuerdo la charla con el oficial en la comisaria: 
    • ¿Tomas merca? 
    • No.
    • ¿Fumas faso? 
    • No. 
    • Decime Peralta, ¿Qué haces ahí? 
    • Mi nombre es Diego Fernández. No se con quien me esta confundiendo. 
    • Bueno Fernández, contame que pasa ahí. 

Dibujé una sonrisa y no dije nada. El silencio duro un rato mientras el tipo escribía en la computadora.
 
    • Anda para tu casa pibe. 

Uno como lector asiduo entiende y sabe que suceden estas cosas, sabe de la impunidad policial y judicial, de la violencia con la que son tratados los pibes, las pibas, las familias, los niños (Si, porque varios niños sufrieron pisotones al cruzársele a los oficiales cuando irrumpieron en el terreno). Pero vivirlo de cerca, en la propia piel, lo único que despierta es un odio sediento de sangre y venganza y violencia desatada. 

Al menos, en primera instancia. 

LA DEPRESIÓN

Antes de que eso sucediera, yo tenia la creencia de que a veces estaba deprimido, pero allí conocí en verdad la depresión, no bañarme en dos meses, no poder salir al patio, no pensar, casi no comer, dormir y dormir. Perder los sueños, las metas, los objetivos y las herramientas para conseguirlo, incluso hasta mi propio celular para poder comunicarme con los clientes, y con los cientos de contactos de clientes realizados en un año y medio de trabajo. 

Recuerdo que en una de las audiencias imitativas hacia mi vecino, el fiscal incluyo, todo mi taller, y todos los equipos de mis clientes, incluyendo el mío, como: “parte de pago de droga”, y que, además, la cantidad de dispositivos electrónicos dejaban ver irrefutablemente el accionar criminal. 
Yo quedé estupefacto, increíble, no me van a devolver absolutamente nada, y, además, lo usan para como “carga probatoria” hacia mi vecino. LA JUSTICIA ARGENTINA. 

¿Qué podía hacer? 

Estaba quebrado por pagar todos los celulares y notebooks de los clientes, placas de video, fuentes conmutadas, etc. 

Y cualquier intento de emprendimiento corría y aún corre el riesgo de correr con la misma suerte: incautación por las dudas. 
Pensé: “lo que sea que haga, tiene que ser mental, intelectual, algo que nunca puedan quitarme”. 
La conclusión: seguir escribiendo, volver a encontrarme con mi voz, y crear, no solo arte, sino fuego. 

Fanzine “Guerra Total”. #05 Llegamos tarde para una casa

 7300 días de vida cuesta comprar una casa. Resguardando cada peso de cada día. ¿Por qué seguimos ciegamente peleando o creyendo en algo inalcanzable?


El sueño de regalarle una casa a mamá, está muerto.

Ya no hay vacantes para nosotros los pobres, no queda una oportunidad. Pero así y todo reímos, y no sé si es algo bueno o malo dibujar un gesto estúpido en este constante entierro.

Imagino que debe ser bueno, si, que no nos saquen la risa.

COMPRAR UNA CASA

Quien tenga una casa, ya sea comprada, heredada, regalada, puede tirar este texto a la basura. Si decides quedarte, hay una gran posibilidad de que te enojes y no me importa.

No es este un estudio económico, es la ruptura de un símbolo.

Una casa pintada es una cobardía, un refugio para enaltecer toda la fuerza del ego, veamos: llegar a casa, al refugio privado exclusivo, lo que más defiende la constitución nacional, es un motivo de absolución propia.

“Mientras aquí todo esté bien, no debo preocuparme por nada, no debo pelear por nada, toda injusticia en el mundo se acaba si aquí dentro todo va bien”.

El esfuerzo que conlleva (nada menor), luego de obtenida la vivienda, afloja los músculos. Se absuelve y se extingue todo lo malo e injusto que hay ahí afuera, con el “que se le va a hacer”.

LLEGAMOS TARDE.

Una vez le dije a mí madre: “deja de pensar en una vida común, cómo la que te dio el abuelo en tu infancia, el mundo cambio, eso ya no existe, nunca más va a existir, la casa, las habitaciones, pintada, amueblada, propia o alquilando, no existe para nosotros, así que deja de sufrir por eso y olvídate”.

Todos conocen que antes si, se podía, llenos de historias y de ejemplos estúpidos, de que un abuelo se logró comprar tal cosa, que mí viejo esto y lo otro, etc etc. Pero si, un hombre, con esfuerzo, lograba adquirir su terreno y hacer su vivienda. Pero no reconocer que hace años todo eso se esfumó, es ser un estúpido que perpetua una mentira.

A veces juego con lo que decía Virginia Woolf en “Una habitación propia”. Es como si ese derecho fundamental de la mujer libre, dueña, siendo como se le cante en su espacio propio y en la vida; hubiese mutado y aunque esa habitación propia siga siendo una necesidad universal y aplastante y necesaria, hoy en día, trascendió los distintos géneros de las personas. Y ahora se ha sumado un nuevo ser opresor, subjetivo y carnalmente despiadado: el dinero.

Viendo lo tarde que llegamos como para poder ser dueños, es una triste quimera todas esas espaldas de hombres y mujeres, destruidas a su edad adulta en busca de este espejismo de la casa propia.

También es interesante hacer notar, como es que se motivan otros deseos más accesibles para la economía actual, motivación que viene desde los poderes, claro esta.

Es fundamental para ellos motivar estos tipos de deseos que carecen de alma, y sobre todo, deseos que están vacíos de “derechos”, ya que tales objetos (referenciados por esos deseos) no son nada necesarios para la vida.

De esta forma se apaga toda lucha con posibilidad de ser masiva, poniéndonos deseos vacíos, unos tras otros, como pequeñas dosis de dopamina.

La arquitectura del olvido y la indiferencia, es el consumo.

Nunca sabremos lo que se siente, esa “paz”, ese tipo de paz. Y hago énfasis en que es un tipo de paz, como miles de otros.

Entender que esa pérdida de posibilidad, no es un justificante que de pueda seguir aplicando, por lo tanto cualquier excusa que invite a matarnos en el trabajo para de forma ilusionada algún día conseguir la casa propia, es una mentira.

Esto no es motivo de pena, al contrario, es nafta para el fuego. Una liberación y un planteamiento que nos ayude a encarar el sin sentido. Porque tenemos, si queremos, en esta imposibilidad de hierro, la certeza de la inutilidad del Estado, su economía, y sus formas, de la cual el cuento capitalista es parte.

Entonces, relájate y cultivate, si ves una injusticia, pelea. No hay nada por perder y mucho por ganar.

El poder estatal y económico, cree que cuánto menos tenemos, más fácil es manejarnos. Pero se olvidan que somos los que más a menudo vamos al conflicto, sin retroceder, cara a cara.

EL ALQUILER

Una de las relaciones más detestables del sistema económico, es todo lo que engloba una relación entre inquilino y dueño. Sobretodo al alquilar a alguien que tiene 4 o 5 propiedades y se enriquece con la necesidad de vivienda, o, visto desde otro punto, con nuestra resistencia a dormir en un banco de plaza.

Se me hace una relación (más allá del odio a todo compromiso contractual) muy desigual, en donde reina el patotismo par parte de los dueños, amparados por las cobardes inmobiliarias. Además, se puede sostener que el acto de alquilar una vivienda es una virtualidad, es decir, una especie de ficción temporal, sostenida con dinero, hasta que tu salud, tu suerte o tu paciencia en el trabajo, aguanten.

Sin esa virtualidad, nuestra realidad es la indigencia, un partido con potencial de millones de adeptos.

Discúlpeme, orgullosamente me crié en una casa usurpada, y con todo gusto erradicaría las inmobiliarias (todas parásitos) y los propietarios de múltiples construcciones.

Fanzine “Guerra Total”. #04. El derecho a despedirse

 Se nos negó en algún punto de la historia reciente, el derecho a morir y a poder despedir a quienes perdemos.

Mejor dicho, se dolarizó el derecho al adiós.

El servicio de velar a un familiar, en la Argentina, arranca en un piso de $1.500 dólares.

Lo que equivale a decirnos: “ustedes, los pobres, no pueden despedir a sus muertos”.

Una burla que grita que si queremos llorar, paguemos.

DESDE LA ALTITUD A LA VERDAD

Hay ciertas teorías, con todos sus teóricos que profesan el último adiós como algo innecesario; que es un ejercicio penoso para un cuerpo que ya no tiene alma ni nada de aquello que lo representaba y lo acercaba a uno. Y es verdad.
Para el cuerpo, pero NO PARA EL RESTO.

Antes de atacar el negociado que juega con el dolor, primero hay que erradicar ese discurso de jolgorio dicho siempre desde la comodidad de una biblioteca ordenada, un café de por medio, y un ambiente calefaccionado.

En la calle, en el barrio, en la penuria de la mayoría de cada vida, es un acto necesario. Justificable hasta lo máximo que la palabra pueda describir y explicar. Saquemos de la ecuación, claro, a los viejos y viejas pelotudas que hacen, de un entierro y un velorio, un juego de chismerios.

El velatorio y el entierro, es algo fundamental en la vida de cada persona humilde para poder despedirse, y la justificación es muy sencilla: solo tenemos personas.

Al hecho de terror de perder a un ser querido, debemos agregar, además, el espejo de la vergüenza, las maldiciones autoprovocadas por “inútiles” al no poder hacer nada con el hecho de tener unos pocos pesos en nuestro bolsillo. No es suficiente la impotencia de la muerte, sino que debemos cargar también con la bronca de no poder cubrir los costos de un servicio velatorio mínimo.

Una última congoja, un beso en la frente, el abrazo con cada uno que llega a intentar llevarse parte de esa carga que genera la pérdida irreparable. Todo nos es negado, porque para alguien esto fue un negocio, es un negocio, que además, evita gastos al Estado.

Es una muestra más de la perversión del libre mercado: hay que tener plata, hasta para morirnos.

ANTES, ANTES…

En nuestro país, se podía velar a un familiar en nuestro propio domicilio. Sin tener que salir a cubrir el costo de ningún servicio, sin tener que hacer pública, como humillación, el pedido de limosna para poder pagar el servicio, sin quedar expuestos ante la sociedad, como castigo, al tener que declarar: no sirvo para nada (el goce allí es excesivo por parte del mercado). Sin tener que pasar de ser dolientes, a convertirnos en un individuo o familia que es juzgada por no tener.

Brotaba entonces, con los velatorios en los domicilios, un presupuesto que año a año se hacía más elevado, lo que equivale a decir que, dejaba en evidencia la falta de recursos para tal logística. Ambulancias y personal disponible.

Es decir, el traslado del cuerpo en las condiciones correctas al domicilio, y luego al cementerio correspondiente, era y es un gasto para el estado. Al infiltrarse “lo privado” dentro de estas formas, el estado, además de ahorrarse esos costos, dejaba de recibir críticas que no podían responderse.

Pero también entró en juego toda una tecnología en relación al féretro, (excusas inventadas por un mercado enfermo y obsesivo). Tales tecnologías recaen en los materiales necesarios para la construcción del cajón, el tipo de material, la correcta preservación del mismo con los años, los permisos necesarios, etc. Todo un listado de estándares que solo hacen una cosa: justificar el negocio y el precio. Siempre que hay una norma, el precio se sube, más, si es algo tan fundamental de brindar a la sociedad: un espacio adecuado para sus muertos. ¿Y los pobres? Bueno, no se puede pensar en eso al hacer un negocio, al poner un precio esa es la regla inviolable.

Así, el estado vió un camino en el cual podía dejar de sangrar dinero (porque los pobres no solo nos reproducimos de mas para ellos, sino que también nos morimos más) y a su vez, implementar un sistema de verificación y calidad, agregando burocracia a la cuestión, maniobra común para justificar la existencia del mismo, y también, un sector fructífero al cual cobrarles impuestos, como a cualquier otra empresa o comercio.

UN PASO MÁS

Pareciera que cada vez podemos hacer menos ante el hecho de la deshumanización completa.

Porque no podemos quejarnos ante el libre mercado. El estado dice:

¿Pero cómo vamos a prohibir un tipo de negocio? Eso sería ir en contra de los valores de la libertad. Por supuesto, siempre hay que agregar que esa libertad que se prolifera, siempre viene acompañada de dinero, de mucho dinero.

El Estado impotente solo sirve para juzgarnos y atarnos las manos. Para que impotentes mantengamos el status quo que la economía dicte.

Incluso, ante la propia muerte.

Por eso, siempre la queja y la lucha, en todos los niveles, será la única solución. Aún, al costo de tener que pelear contra los mismos ciudadanos que defienden, ciegos y tontos, lo establecido.

Hace unos años, en Venado Tuerto, el municipio cubría la totalidad, o de forma parcial, el servicio (mínimo aunque sea). Pero, amparados bajo ese gran y bello bastión de, lo que corresponde según los mandamientos del dinero, tal ayuda dejó de existir.

Un aplauso, a los vecinos que tiene que dibujar la O con un vaso, mientras sonríen al pagar su propia muerte. Orgullosos y dignos.

Fanzine “Guerra total”. #03. Severino Di Giovanni

El hombre más peligroso. Enemigo público número uno. Hábil con las armas y asesino de militares y sus familias. Disparos, amor y una vida de prófugo. Los huevos de oro que tenía Severino Di Giovanni se encuentran pocas veces.

Anarquista, italiano. Veía en la violencia la única forma de llevar a cabo un cambio social.

Horas antes de ser fusilado, mientras aguarda la muerte en su celda, escribe:

“No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí, elegí la lucha. Pasar monótonamente las horas enmohecidas de la gente común, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar, llevar encima una masa informe de carne y huesos. A la vida hay que ofrecerle la exquisita rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso”.

Severino colocó bombas, mato gente. Siempre apuntando al poder y a sus representantes. Sus acciones más violentas y que generaron estupor en aquellos años de la Argentina fueron, volar el banco de Boston en el centro porteño, volar el City Bank. La embajada de Estados Unidos, y el consulado de Italia, por ese entonces, llenó de militantes fascistas a favor de Mussolini. También, asesinó a un policía disparándole en el rostro.

Llegó de Italia a la Argentina en 1923. Escapando debido a su activismo anarquista contra el fascismos creciente de Mussolini.

El 1 de febrero de 1923 fue fusilado por orden del presidente de la República Argentina. Roberto Arlt escribe en sus aguafuertes porteñas, de si fusilamiento. Ya que fue a cubrir el mismo. Súper recomendable que lo leas.

Si último panfleto anarquista dijo: “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán su cuerpo. Sepa el comercio, la banca, la industria, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.

FRASES COLLAGE DEL FANZINE:

“El estado avala toda munición. Luego, clasifica un sistema de poderes, judicial, policial, para pensar cada disparo”.

“La legitimidad de un arma es para usarse contra vos mismo”.

“¿Por qué no usarlas a discreción?”

“Contra un oficial corrupto y hueco”

“Para un fiscal egocéntrico”

“Un jefe explotador”

“Un banquero orgulloso”

“Un político sádico”

“Para toda mentira contra los pobres, lo más efectivo es un disparo”.

“El mundo se divide en explotadores y explotados, y la única solución es la violencia”.

JAMAS RESPETAR LA AUTORIDAD.


Severino le confesó a su defensor asignado (el teniente Franco). Lo siguiente:
“Yo voy a declarar en una sola forma: la verdad. Solo le pido que no me haga mentir de mí ideología. Soy anarquista y de eso no reniego, no ante la muerte. Soy consciente de mí situación y no pienso rehuir responsabilidades de ninguna clase. Jugué, perdí. Cómo buen perdedor, pago con la vida’.

El teniente Franco hizo bien su trabajo de defenderlo y velo por sus derechos. Luego de ejecutado Severino, Franco fue arrestado, dado de baja del ejército y posteriormente desterrado.

Las palabras de Severino golpean con la misma fuerza que lo hicieron sus acciones. Leerlo es desgarrarse a un nivel nuevo, que su figura te hace alcanzar.
Es inevitable que una personalidad tan fuerte haya terminado de esa manera. Es para respetar su abandono a un hablador de café, y su paso a poner el cuerpo por lo que creía. Ya sea luchar contra el capitalismo, el fascismo, buscar nuevos derechos o unirse a la causa que si sangre hirviente lo impulsa.

Lo siguiente serán fragmentos de su ensayo: “El derecho al ocio y a la expropiación individual”.

Pero donde se agranda nuestro sufrimiento hasta adquirir caracteres trágicos, es al desentrañar la vergonzosa comedia de la falsa piedad que se desarrolla a nuestro derredor, mordiéndonos de rabia por nuestra impotencia y también por sentirnos un poco viles —vileza que es a veces justificada, pero que casi siempre no tiene justificación alguna frente a esta inicua y cínica hipocresía que nos hace pasar a nosotros, trabajadores, como los beneficiados, cuando somos los benefactores; que nos coloca en situación de mendigos a quienes se quita el hambre por misericordia, mientras que en realidad somos nosotros los que damos de comer a todos los parásitos y les procuramos el bienestar de que gozan: que consumimos nuestras vidas entre los horrores de las privaciones, para saturar de goces las de ellos, para permitir sus expansiones, sus placeres, —su ocio—, teniendo conciencia del despojo a que se nos somete. Quiere prohibírsenos hasta el poder sonreír ante las maravillas de la naturaleza, porque se nos considera como instrumentos, nada más que como instrumentos para embellecer su vida parasitaria. Nos damos cuenta de toda la insensatez de nuestros afanes; sentimos lo trágico, mejor dicho lo ridículo de nuestra situación: imprecamos, maldecimos, nos sabemos locos y nos sentimos viles, pero todavía continuamos bajo la influencia (como cualquier mortal) del ambiente que nos circunda, que nos envuelve en una malla de frívolos deseos, de mezquinas ambiciones de «pobres cristos» que creen mejorar un poco sus condiciones materiales, intentando arrancar de entre los dientes de los lobos —de los que poseen y defienden la riqueza— una migaja de pan que no se consigue más que al elevado precio de nuestra carne y de nuestra sangre dejadas en los engranajes del mecanismo social. Y, a pesar nuestro, por necesidad o sugestión colectiva, nos dejamos arrastrar por el torbellino de la locura común.

Otro fragmento de su ensayo:

No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una befa sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar en una forma elevada, espiritual. Sólo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar. A pesar de sus hipócritas cantores, el trabajo, en la presente sociedad, no es sino una condena y una abyección.

Cada párrafo es mejor que el anterior:

El llamarnos «trabajadores honrados» es tomarnos el pelo, es burlarse de nosotros, es, después del daño, agregarnos la burla. ¡Oh soberbios y magníficos vagabundos que sabéis vivir al margen de las conformaciones sociales, yo os saludo! Humillado, admiro vuestra fiereza y vuestro espíritu de insumisión y reconozco que tenéis mucha razón en gritarnos: «es fácil acostumbrarse a la esclavitud».***¡No!, el trabajo no redime, sino que embrutece. Los bellos cantos a las masas activas, laboriosas, pujantes: los himnos a los músculos vigorosos: las aladas peroraciones al trabajo que ennoblece, que eleva, que nos libra de las malas tentaciones y de todos los vicios, no son más que puras fantasías de gentes que nunca han tomado el martillo ni el escalpelo, de gentes que nunca han encorvado el lomo sobre un yunque, que jamás se han ganado el pan con el sudor de su frente.

Un párrafo más de su ensayo inevitable:

No se hallan ya los artesanos, los artistas. La producción capitalista, no los pide, no los precisa. Se han inventado cosas para cada necesidad y máquinas para hacerlo todo, y hemos llegado al punto de tener que crear nuevas necesidades para poder fabricar nuevos productos. En realidad, es esto lo que ya se hace y es por esto que la vida se va siempre complicando más y el vivir se hace cada día más difícil. Se ha suprimido la estética de las cosas y no se crea más que en serie, en montón. Se han educado los gustos en línea general; se ha distribuido en los individuos cualquier, originalidad artística, cualquier antojo diferente, y se ha alcanzado —¡oh, prodigio de la propaganda!— hacer apetecer a la generalidad aquello que a los capitalistas conviene fabricar: una misma cosa para cada individualidad distinta.

Fanzine “Guerra Total”. #02. TU ESCLAVITUD

Vos SOS esclavo, no importa que digas, SOS ESCLAVO Y YO SOY ESCLAVO, y lo serán también tus hijos como ya lo fueron tus padres.

Es un problema ser esclavo y no poder quitarse la venda de los ojos. Muchas cosas justifican la cruz de agachar la cabeza por un par de pesos.

Tristemente, hay más familias que amos, y los niños tienen que comer. Veo la familia y su concepción clásica como una cárcel, algo subjetiva, que lleva a convertirte en la mula perfecta. En un prostituta adicta. Bienvenida, bienvenido, a las caras ocultas.

Voto por golpear, al menos una vez en la vida, a nuestro patrón de turno. Y si no puedes golpearlo, humillarlos psicológica y verbalmente. Haciéndole saber que su sueño vale tanto como nuestra mierda.

Trabajé de desarrollador de software, fui técnico de PC, ayudante de electricista, repartidor, hice pantalones en un procesadora, di cursos de programación, tatué un puñado de pieles, fui dibujante de paredes, hice pastelitos para vender, vendí casas, administré una constructora, fui oficial electricista, volví a vender casas, puse una empresa de limpieza, mandé a la mierda a los clientes, anduve de delivery 3 años, abrí un taller de reparación de celulares, fui encargado de electrónica y electromecánica, insulte al jefe de taller, emprendí de nuevo, vino la policía y se llevó todo. Ahora escribo y corto el pelo… 

En todos los trabajos, sobre todo bajo patrón, vi 3 tipos de personas:

  • Los machos cabizbajos.
  • Los alcahuetes inservibles.
  • Siempre, el patrón explotador.



Pienso: hasta dónde un hombre o una mujer pueden aguantar el maltrato, ya sea esporádico, ya sea diario.

También, como es que una persona común y corriente, pobre como uno, puede mandar a un compañero a la hoguera por un aplauso o un visto bueno, y si esa persona educa hijos para actuar igual de miserable.

Por supuesto, en mis pensamientos también están los patrones, los jefes. (Con uno, todo terminó en golpes y comisaría).

NINGUNO ES COMO EN CASA.


Muchos hombres con los que compartí horario laboral, también tuve la suerte de compartir momentos de reuniones y asados con ellos, fuera del ámbito del trabajo. 

Sabes, muchos eran tipos duros (o eso parecían), de esos que nunca le faltan el respeto a nadie, pero que tampoco se lo puedes faltar a él. Recuerdo un caso específico de cuando trabajaba en un taller de camiones. El encargado del área de mecánica, tenía un trabajo extra los fines de semana. Hacía de seguridad de uno de los boliches de la ciudad. Lo conocido como “patovicas”. No tenía mucha altura, pero el tipo estaba cuadrado. Cuando he ido a su casa, y veía la relación entre el y sus hijos, o entre el y su esposa, y como reaccionaban a las anécdotas que él contaba, note que este hombre era un héroe y tenía a su familia felizmente maravillados…

Muchas veces, también vi si dureza de carácter para plantarse en situaciones un poco jodidas o peligrosas.
Ahora, una vez que entramos al galpón, marcabamos tarjeta y la jornada comenzaba, toda esa dureza de carácter y física, se evaporaba.

El primer día que arranque a trabajar allí, el jefe de taller vino a hablarme enojado, y se fue más caliente aún, no habían pasado tres horas desde que comenzó mi primer día y yo ya moría de ganas por enterrarle una llave en la cabeza. 

No lo sabía, en todo taller mecánico se habla mal, se jetonea, es parte de la “jerga” de ese contexto. Sin embargo, muchas veces la “jerga” se rompía y los insultos y el maltrato, iban en serio. Entonces, veía a este tipo rudo que describí anteriormente, y el agachaba la cabeza, cerraba la boca y aguantaba todo. 

Imagínense una persona con la cual no podríamos pelear ni dos minutos, nos mataría en ese plazo. Un tipo así totalmente entregado, mirándose los pies, mientras un hombre escuálido vestido de oficina lo humilla impunemente, es imposible que no se te rompa el corazón, por el tipo primero, y luego por lo indefenso que estamos frente al hambre o su posibilidad.

LOS ALCAHUETES

Toda aquella persona que trabaja 10 años o más en un proyecto que no es propio, no sirve absolutamente para nada. Ya no tiene alma, o jamás la tuvo.
Me he topado con varios de este tipo. Muchos repiten cosas parecidas, algo como:

– Yo por el patrón pongo las manos en el fuego.

– Al patrón le debo todo. Hay que cuidarlo.


Etc. Etc. Etc.
También he notado que se pelean por ver quién fue el último en hablar con el jefe y cuánto es que cada uno hablo con el mismo (refiriéndome a cuanto tiempo duró la charla). Por supuesto, si el argumento de la charla es importante, más valor tiene dentro del país de lame bolas:

– Ayer hablé con Pedro (el jefe). Si. Estuvimos hablando largo rato – se regocija.

– A mi me llamó está mañana – dice otro que no quiere ser menos.

– A mi me dijo que hoy, pase por la casa – sentencia el ganador, para envidia de los otros.


No entiendo la manía de querer estar con el jefe, de acompañarlo en los viajes o acompañarlo a elegir un auto para la jefa. Cuando el objetivo es cumplir todos los deseos de quien manda, en vez de hacer la tarea asignada y punto, el hombre se transforma en un cornudo. Un cornudo consciente, literalmente, como a ese hombre que lo engaña la mujer, y la misma le deja todas las migajas y ya sea por torpeza o a propósito, y el tipo no lo ve, un boludo de monumento.

– Hace 9 años que trabajo acá, estoy muy agradecido – me dijo uno sacando chapa. Le hice ver qué mientras el maneja una motocicleta 110cc sin plásticos y hecha pedazos porque no la puede mantener, el jefe actualizaba su auto importado todos los años, por supuesto, no me entendió.


Jamás podré entender el “porque” de una persona pobre, mandando al frente a otra persona pobre.
¿Para qué? ¿Para seguir siendo pobre?

Cuando uno está trabajando, el único objetivo es el cuello del patrón. Y, hay que erradicar eso de que “no hay amigos en el trabajo”. Esa, es la mayor victoria de ellos.

A LAS MANOS

El encargado general nos citó a todos en el depósito. Allí estaban todas las cuadrillas, el ingeniero, el arquitecto, los chóferes y el dueño de la empresa. Mí rol era el de oficial electricista, era el único de la empresa y me tocaba hacer ese servicio en todas las obras. Trabajé 2 años y literalmente les comí la cabeza a todos mis compañeros, tanto, que para cuando me fui, todos ganaban más que si trabajarán en la línea de producción de la importante fábrica de motos de nuestra ciudad.

Comenzó la reunión y el dueño se puso a mi derecha. Me odiaba tanto como yo a él, así que sospeche que habría problemas al ponerse tan cerca. Empezó a hablar diciendo que la economía estaba difícil, que había averiguado y nuestros sueldos estaban muy altos, nadie hablaba. 

Siguió con más bla, bla, bla y nadie decía nada. Semanas antes, me había enterado que un compañero le contaba todo lo que yo decía o planeaba. Él seguía hablando y todos estaban cayados, hasta que exploté. 

Sentí un grito a modo de reclamo al lado mío, gire la cabeza y vi venir una piña, el cuerpo la esquivo solo, de forma inconsciente, luego, una patada en las costillas me sacó el aire, como pude, logré tomarlo, agarrarme de su suéter a la altura del pecho y empecé a tirar golpes. 

Solo pude asestar dos directos en su rostro, caí al piso y sentí otra patada a la altura de los riñones. Vi que dos compañeros (el topo y Charizard) de levantaron y casi lo matan. Esa tarde nos ocupó a todos esperando en la comisaría.

A los meses, me crucé con el chico que le contaba al dueño mis dichos y planes. Estaba haciendo una changa como peón de albañil, arrastrando unos baldes llenos de mezcla. Me contó que por suerte agarró esa changuita, ya que el dueño de la constructora había estafado a cinco clientes (vendió las casas pero no las hizo) y con esa plata de fue a vivir a España. 

Fanzine “Guerra Total”. #01

Absueltos que aplauden, si, ellos aplauden motivos desconocidos, es gratis vivir así, desligados de todo, la gran obra maestra es haberte convertido en juez, jurado y verdugo.

Todo sin lograrlo vos, un regalo del cielo que no fue buscado, pero si aprovechado con goce y enojo, con énfasis el derecho no pedido de ciudadano. 

Nadie pelea por nada. 

El problema de aplaudir un conglomerado desconocido es abogar por la propia guillotina, que no lleva nombre alguno y que es tan indiferente que la justicia, cómo tal, filosofía y teoría, solo es un adorno, una especie de marco teórico para ilusos y drogadictos.


No es apoyar el crimen, ni nada de eso, es encauzar el diálogo: poder ejercido por humanos contra humanos.

¡Cuidado! Porque no estás exento de ser pobre o de ser un estúpido. En ambos casos sufrirás tu propio aplauso.


DETRÁS DE UN APLAUSO


Las soluciones inadecuadas nacen desde bocas comunes, esclavas. El olvido como premonición y la voz cualquiera como motor. Un tipo común, una mujer común, ancianos comunes, piden muerte, bombas. Derrumbar un edificio con todos los presos adentro.


“No sé pierde nada”, “por algo están ahí”, “se lo merecen”.


Confianza ciega. El poder excita y se auto-excita, te da lo que quieres, pero para la justicia, el hecho de que aplaudas sin contexto ni pruebas es: “el fin justificando los medios”.


Muchas veces, solo con un lugar y momento equivocado, es suficiente para caer en prisión. No tener nada en la billetera incrementa las posibilidades. Son miles los inocentes tras las rejas en este país. No es ser estúpido, es ver el funcionamiento judicial. Los fiscales aman encerrar, sin análisis, todo el supuesto de una causa es un supuesto ( en los casos inocentes ).


Pero, ¿Cómo una persona puede suponer las acciones y las motivaciones que como acusaciones caen sobre el inocente?
¿Cómo hace un rico para imaginar en dónde come, en dónde caga y cómo duerme un pobre? ¿Qué sueña su alma y cuál supuesto lo encierra?


Foucault sugería que “cierta” alma lograba hacerse cuerpo, y la justicia es adicta a esa clase de alma, al punto tal de necesitar inventar causas. También es importante preguntarse de donde nace el deseo de venganza de los aplaudidores, al punto de llegar al enloquecimiento de no reconocer inocentes de culpables. 

La historia de la evolución del poder logra hacerte a vos, víctima; la deuda es con la sociedad, es con vos, hombre bueno y noble. Viendo esto, emerge una trampa de doble filo. Por un lado, seas inocente o culpable, tu deuda es con todos, y al ser la sociedad la víctima, es esa masa infinita de gente, la que comienza a juzgarte. 

Pareciera que, extraños al victimario y a la victima, son quienes tienen el derecho y el privilegio del perdón. Por otro lado, al generalizar, se corre el peligro de cometer una absolución, pero ojo, este movimiento está calculado. 

Ya que quien condena, es la sociedad (en ese riesgo de auto – absolución judicial ) y no el debido proceso, por lo tanto, toda suposición, toda causa e investigación pareciera una mera etapa para y por la sociedad, es decir, dar un comunicado al público general. Convirtiéndose, la justicia, en un mecanismo perverso que necesita darle respuestas a la sociedad, y ya no tanto determinar de forma objetiva de la culpabilidad.


Seguí aplaudiendo querido, pero no te olvides que si jugamos tu sangre, no vamos a encontrar pureza. Solo tienes la economía para no estar en los momentos justos. Cómo un allanamiento a un amigo. 

No hay inocentes. Nuestra naturaleza es el error.


El funcionamiento actual de nuestro país, se parece mucho a la expansión y seguimiento étnico de los nazis. La única diferencia es que no extermina.

Me baso en que, el condenado, no solo es el que sufre en cuerpo y alma, también sus familiares tienen una gran carga de condena social, incluso sus amistades se interrogan preguntándose si quieren seguir siendo parte de ese círculo, o si es correcto, o si le traería problemas a su propio cuello. Por supuesto, todo sueño y alma desaparece.

Si toda condena no sería social, quizás la justicia se tomaría más tiempo en decidir si arruina o no una vida, si esto es merecido o no.

Siguiendo con este modelo que tiene facetas de los nazis de la segunda guerra, la gente de “a pie” no sabe que puede ser perseguida casi por cualquier cosa. Un engaño, una actitud egoísta, una pequeña ventaja, un castigo parental, un crimen atroz, cruzar justo por donde no debías cruzar, ser vecino de alguien, saludar, sonreír, felicitar con un apretón de manos a un criminal menor, casi insignificante, te puede convertir en el mayor monstruo sobre la tierra para cualquier fiscal de turno. 

No hay una delgada línea, no de gran trazo. Toda investigación carece del intelecto suficiente para lograr parcialidad, y estar o no en prisión depende de un momento, un lugar y si se está por casualidad allí o no, sin olvidar nunca la economía. 

El egoísmo, la trampa, la cobardía y el amor son nuestras monedas, y estoy seguro que si cualquier fiscal tuviera acceso a la cotidianidad y privacidad de cada persona, el 95% de la civilización humana, por el más mínimo detalle, conocería la prisión.