“Hoy es martes y por lo visto los martes me descontrolo. Fue el martes pasado cuando dejé el
trabajo, y hoy lo volví a hacer. Es el síntoma del cuerpo, sí, el síntoma de que no debo volver
allí, no tengo un peso, nada, así y todo se que no soy capaz de resistir un día más en ese
trabajo. Ahora que ha pasado un par de horas, y con el cuerpo dolorido, me siento muy mal,
no por el fuego mencionado, sino por el hecho de dejar el trabajo. Por más pensador, rebelde,
anarquista, libre, como quiera llamarlo, por más salvaje que sea una persona, abandonar el
puesto laboral duele, y concluyo, sin mucho análisis, que es por el daño hecho, desde la
infancia, la pre-adolescencia, la adolescencia, la adultez joven, como decía Severino Di
Giovanni (el dolor de: tener, no tener, o buscar trabajo, es dolor), toda la vida encaminada
hacia una sola función: trabajar. Dejarlo deja en uno la sensación de que pierde la
oportunidad de vivir algo, de que algo acaba, y eso deja un gusto amargo, de difícil digestión
si tenemos en cuenta la cultura mencionada, la búsqueda de trabajo, la concreción en el
trabajo de la vida misma, del sentido completo de la existencia, dejarlo, es un poco ir en
contra de todo lo que uno es, por la formación obtenida y por la cultura en la cual se vive.
Abandonar el trabajo es siempre perder algo, y muy rara vez tener la oportunidad de hacer
algo nuevo. Se esta mal, no hay otra.
Juego con los números para encontrar una justificación a mi decisión, pienso en lo que cobro
y en lo que sale vivir. Veamos, el sueldo básico ronda los ciento setenta mil pesos, en este
trabajo cobro ochenta mil al mes, uno a cero a mi favor. Gano cuatro mil pesos al día, en
dolar blue son casi seis, en dólar oficial son exactamente diez dólares con nueve centavos,
más gráfico: un kilo de azúcar sale mil doscientos, mil trecientos pesos, por ahí anda; el kilo
de carne en algunos lugares cuatro mil, en otros tres mil seiscientos y así, todos estos
números me dicen que no debo seguir trabajando allí, sin embargo, duele. La cultura y la
pobreza de mi bolsillo, si pienso en ellos, seguiría trabajando allí hasta reventar, y otra vez
vuelve a mi cabeza esa idea de que como nací un martes, esto puede ser algo poético.
Ayer lunes no pude escribir, hoy me encontré con todo esto, y si bien esto es un texto sin
filtros, una improvisación general y no sé si con demasiado sentido, en una libretita verde,
voy anotando tópicos, puntos a modo de que hablar, y partir de allí si me llego a quedar
bloqueado en un momento. Con ironía releo el tópico que esta encabezando la lista hasta
ahora: “de una bici casa y/o cobrar los viernes”. Imagino que si no tuviera miedo viviría en
una bicicleta, o mejor dicho, tirando de mi casillita con una bicicleta. Busque en Google,
usted lector, lo siguiente: “Byke camper”, y si no le aparecen muchos ejemplos intente con:
“Byke camper for homeless”, con este último imagino que verá ejemplos mucho más
creativos y sin tanto sentido comercial que como el primero. Luego, la segunda parte del
tópico dice algo sobre cobrar los viernes. Antes de conocer a ‘O’, mi visión sobre la vida
ideal era crear una byke camper, bien armadita, con aislación y algún tipo de baño, y vivir de
esa forma, haciendo cualquier changuita para cobrar los viernes, y estaría viviendo sin
dudarlo de esa manera si hubiera tenido los sesenta mil pesos que por entonces necesitaba
para construirlo. Luego conocí a ‘O’ e imaginé otro tipo de vida junto a ella, me refiero a esa
postura un poco machista de querer darle a la mujer que ama una “buena vida”, sí, puede que
tenga algo de machismo, no sé cuanto, pero si sé que muchísimo de amor; como decía, no
condenaría a ‘O’ a vivir así, pero un día, hablando por hablar, me dijo: ‘hagámoslo’, entonces
confirmé dos cosas. La primera, que elegí bien, la segunda. que está más ‘loca’ que yo al
estar conmigo, aunque es más sencillo el asunto: es más fuerte. Pero así imaginaba mi vida,
con una bici-casa a mis espaldas y cobrando algún peso el viernes, escribiendo y leyendo
mucho, libre, sobreviviendo a fideos blancos y alguna comida normal (aunque cada vez es
más lujosa). Se sufriría menos, no se pensaría tanto en la llegada del viernes, al menos yo no
pensaría tanto en eso, no haría cuentas para sobrevivir siete días y guardar para el alquiler, la
luz, etc. Cuando ‘O’ me confirmó que en algún momento podríamos hacer esta idea,
estábamos en la plaza San Martín, un atardecer de viernes que hacía parecer que estábamos
en primavera, la gente vestida con remeras y pantalones cortos aunque estuviéramos en
invierno. Yo le dije: ‘Amor, imagínate que ahora no tendríamos que ir a ningún lado, que
nuestra casa estuviera aquí, al lado del banco de plaza, y más tarde, cuando llegue la noche, la
llevaríamos por ahí, nos dispondríamos a dormir y comer, imagínate que no estaríamos
mirando la hora como estamos, para volver al cuartito, pensá que no tendríamos que ir a
ningún lado, ningún apuro por nada, solo aquí, sentados, tres horas más si quisiéramos, y
mañana otra vez, hacer lo que quisiéramos’. Puede que la bici-casa solo sea una quimera, u
otra forma injerta en esta forma que conocemos, haciendo uso de la misma, pero no formando
parte en sí, con el cuerpo, de esta vida de cuentas.
‘O’ interrumpe esta escritura para mostrarme un poema que le regalé hace unos meses,
escrito porque sí, y dedicado luego a ella, dice lo siguiente:
AMARTE
Te puedo amar, por fuera de todo,
Bien lejos de esto, de cada cosa…
Porque acá,
Entre escalinatas y pasillos,
En horarios,
Entre costumbres y consumos,
Mi amor es monedero,
Mi amor son centavos…
Puedo amar, verás cuánto,
Si miras allí…
Donde las formas son escasas,
Y de las reglas nadie sabe,
Donde no esté prohibida la intensidad,
Ni mal visto apostar,
Lejos, te puedo amar,
Aquí dentro, habría riesgos,
De que esté cansado y mi amor, acá, no sea amor…
Y cada gesto que figure regalar,
Solo sea una costumbre, un estándar,
Siempre que haya porvenir, dinero…
Mi amor cero positivo,
Un día nublado,
Y si existiera aquí, la posibilidad—amar…
¿Qué amor podría darte, yo, aceptando?
Solo fuera de todo sería real,
Donde no pueda, regalarte nada. Amor.
Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/