“¿Cuánto piensa un hombre? Jamás lo sabré. En mi máquina de escribir tengo una
calcomanía, es el retrato de José de San Martín, “serás lo que debas ser, o no serás nada”.
¿Por qué esta frase no está citada en millares de escritos? He leído un libro muy bueno sobre
su vida, “La voz del gran jefe”, ¿Por qué digo todo esto? Es mitad de semana, y no puedo
pensar en nada, intento entonces observar al resto, hay gente que no para, trabaja diez o doce
horas, y luego tiene un volcán dentro que utiliza para seguir haciendo cosas, yo, sutil y de a
tropiezos, apenas llego arrastrado a mi cama. De algo me estoy perdiendo, sin duda.
Por eso juego un poco con la frase de San martín. Desde hace años estoy siendo, al menos
para el mundo, NADA. No sé si habrá algo malo en ello. Siempre estoy pensando en cosas,
un taller literario, un club de ajedrez; también busco una idea loca, prohibida en estos tiempos
(más de dos mil años), esa idea que no encuentro es una respuesta a ¿cómo corno hago para
vivir de la escritura? En esos intentos de dar con algo, escribo cartas a mano, las decoro, las
dibujo y también narro fanzines, nada de esto verá la luz jamás, no se si escribiré bien o mal,
eso lo dicen los siglos, pero soy pésimo haciendo collages y cosas artesanales. ¿Ser solo eso?
Reflexiono y pienso en los autores que admiro, tuvieron sin duda, una vida terrorífica, ¿Cómo
vivir? Me gustaría, en parte, vivir con todos por todos los tiempos, y no creo ser lo suficiente
lucido como para llegar al “punto de no retorno” de Kafka. O a la postura que sugiere
Adriano, ese emperador inventado por Margarite Yourcenar que tiene una reflexión sobre
esto: “el hombre que vive y alcanza la inmortalidad, lo logra por haber vivido toda su vida en
los extremos”, refiriéndose a los extremos de la locura, o del horror, de la tragedia, de la
pobreza o la mala suerte, yo me veo común, tanto como para ver un extremo y temblar. El
hombre sabio quizás los conoce, alcanza los extremos, les degusta la textura, y tiene la
capacidad para salirse de esa posición y volver al camino tranquilo de la vida, y dejar pasar el
tiempo con una mirada en el horizonte. Ayer me tocó un día duro, no pude pensar mucho
luego de la visita de mi jefe y mi confirmación de volver al trabajo, luego de eso, me encontré
hablándole a ‘O’ sobre Vigilar y Castigar, un resumen oral de media hora, para con alguien
que jamás escuchó sobre filosofía o sobre Foucault durante treinta años hasta ayer a la noche.
¿Qué fui? ¿qué gané? ¿Fui lo que se supone que soy?
Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/