Relato: Diario de ansiedad. Parte #8

“Viernes señores; siento que puedo mandar un poco a todo el mundo a la mierda, ¡Viernes!
Hasta el lunes al menos. Estoy tan cansado que se me ocurrió la posibilidad, de ser
compatible, de que un albañil, después de una jornada exhaustiva de trabajo, termine
practicando yoga.
Lo dibujo un poco en el pensamiento, una sesión de yoga al atardecer, en un patio muy
bonito, las colchonetas limpias y correctas apoyadas sobre un cesped de corte prolijo, mujeres
con calza, hombres con ropa de gimnasia, toda prenda correspondiente a una marca obvio, y
el albañil apareciendo entre el grupo, él pensó, que podría utilizar cualquier ropa, una que por
supuesto no esté tan manchada por el trabajo que realiza. No es ropa de marca. A la sesión
asiste gente de variada edad, algunos al borde de la edad jubilatoria, otros y otras
comenzando sus estudios universitarios, pongamos que nuestro albañil ronda los treinta años;
en una jornada demasiado calurosa para él, hoy tocó hacer una viga de hormigón en la planta
alta de una vivienda, esto es, armar más de tres cuerpos de andamio e ir subiendo una fila
interminable de hormigón hecho a máquina, es un trabajo con baldes en el que no se puede
descansar. Si frenas un segundo, el resto va a comenzar a insultarte, sientes el corazón latir
con fuerza, los músculos respondiendo con dolor, pero sigues, porque no hay ninguna otra
cosa que puedas hacer, al menos no por la que te paguen. Aparte, el oficial observa todo, y
peón que descansa es peón que no sirve. Una vez me tocó realizar la instalación eléctrica de
una vivienda en la localidad de Murphy, en el terreno de al lado, unos rosarinos levantaban
otra vivienda de ladrillo, comenzaban temprano por la mañana, y una hora después, alrededor
de las ocho de la mañana, estaban totalmente borrachos, con la piel rosa y los ojos rojos de
alcohol, así seguían todo el día, bebiendo y trabajando sin descanso alguno hasta las siete de
la tarde. Mi madre me preguntó una vez, por qué viven y trabajan así. ‘De otra forma nadie
podría resistir, sin alcohol, sin la música tan fuerte como para invadir el pensamiento, nadie
puede soportar eso’. Y volviendo a nuestro pobre albañil que resiste desde hace media hora la
postura, mientras se concentra en el aire entrando y saliendo de su nariz, concluyo que es
improbable, tú puedes trabajar de cualquier cosa y así y todo puedes asistir a yoga, el cuerpo
y la costumbre te lo permitirán, pero no creo que la albañilería ayude en algo a integrarse con
la energía o la posición de quietud que el yoga busca. Así pienso (por eso me explaye un
poco sobre esta boludez) que cualquier teoría de buscar el yo y el desapego del yo, fluir,
energías, etc… Sigue siendo, como todo, una cuestión socioeconómica”.

Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/

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