Relato: Diario de ansiedad. Parte #4

“Con los fideos que sobraron del mediodía, ‘O’ cocina torrejas. Son ricas, me cansan un poco
pero no por eso dejan de gustarme; ahora estoy bien, tranquilo, contándote a ti, fumando un
cigarro y tomando mates, el cebador soy yo. Digo esto porque hace un rato me entregué al
miedo. Había que hacer muchas cosas, y el inicio de ese conteo de cosas por hacer siempre
me dispara lejos de mí, porque empiezo a imaginar que en algunos de esos quehaceres,
perderé definitivamente, me angustio porque si no tendría que hacer esas cosas básicas,
quizás entonces seguiría vivo, porque seguro me muero, mientras pedaleo tres cuadras y llego
a la canilla de agua potable, o mientras el bidón se llena, o mientras hago las compras para
comer esta noche, en alguno de esos lugares la quedo. El más difícil siempre es cuando estoy
en el almacén, pienso que al no poder apurar al tipo que atiende, que como alguien normal
mete el pan que le pedí en la bolsa sin ningún tipo de apuro, y luego me pregunta si quiero
algo más, y sí, tengo que llevar algunas cosas más, pero no las llevo, no quiero estar ahí, me
quiero ir, salir corriendo, dejar las compras en el mostrador e irme gritando de espanto hasta
mi casa para poder tirarme a la cama. Lo realmente difícil para mí es la bomba de ansiedad
explotando en mi estómago, esa sensación de un vómito inminente. Sé que es un viejo
mecanismo del cerebro, una herencia genética de la pre-historia alojada en una capa de mi
cabeza, que si no recuerdo mal, dicha parte del cerebro se llama “reptiliana”. Soy consciente
de todo eso, que esta todo dentro mío, en mi cabeza, como me dice ‘O’ y como enojada
también me lo dice mi madre, podrida de los últimos diez años explicándome lo mismo”.

Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/

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