Relato: Diario de ansiedad. Parte #16

“Si en la rutina cuesta comer, debo entender que en otra forma cuesta aún más, por no decir
que directamente no se come. Que va, estoy atado por la normalidad, por las reglas que
critico y ataco con todos mis nervios, no soy un hombre valiente. Me encuentro pensando a
veces, si tuviera esto, o esto otro, seguro viviría como quisiera, mirándome al espejo, lo dudo.
Sí, podría tener algún terrenito propio, o un localcito en el cual colocar estanterías y acumular
libros usados, ofrecerlos por un módico precio, vivir esa vida, pero no tengo nada de eso, y si
lo tuviera, creo que este chaleco de fuerza llamado costumbre, vida, días, rutina, seguiría,
porque a lo mejor mi propio tormento no es tener que vivir de cierta manera, siguiendo
ciertas reglas, sino, es mi completa falta de huevos.
Ayer por ejemplo sucedió algo extraño, fui a cobrar mis días adeudados, me pagaron, deje la
ropa y volví a mi casa. Al llegar me encontré que tenía una llamada perdida, era C, me
ofreció trabajo de nuevo y acepté (no soy el único loco en este mundo). Ahí quedó toda mi
rebeldía, los farsantes que llevo dentro. En este punto recuerdo a lo que hizo Bukowski, si ya
se, podrá gustarle o parecerle horrible (al cuartito llega un aroma a flores hermoso), pero este
tipo, tan en contra de todo, también suplico en su momento, mediante una carta, volver a su
puesto en la oficina de correos. Verá que escribo sobre muchos, mejor dicho que hablo sobre
algunos autores que menciono, nadie debe intentar imitarlos, solo me pregunto a veces de
donde sacaron las fuerzas para seguir aún sin comer (puede que la historia de la literatura sea una mentira completa, y nadie escribió sin comer).

Me pregunto por qué decido escribir, la respuesta es simple: es gratis. Me siento seguro al
hacerlo, ya que ni siquiera la escases de dinero me lo puede quitar. Es así de simple, creo que
ese es el motor principal, logro montármelo frente a mis ojos, a este rollo de escribir, como
algo que es para siempre (si, me gustan las cosas que tienden a lo “para siempre”), sin
importar de que trabaje, sin importar qué este comiendo, algo rico o la misma mierda de
siempre, lo que sea, lo que suceda, podré seguir escribiendo en la condición que sea, ese es
mi motivo principal, nunca me lo podrán sacar, ni siquiera la pobreza.
Es también una forma de terapia, de decirse cosas a uno mismo. Por ejemplo, se dice que la
novela debe ser universal, en cada fibra humana puede actuar el narrador, el escritor de
novelas, para explicar el mundo, lo exterior; en cambio, el poeta, mira hacía adentro,
buscando una sensibilidad parecida, una herida con cortes similares, un corazón igual de roto.
Hay pecados, si no me equivoco, Joan Margarit dijo que nadie menor a treinta años de edad
podría escribir algo coherente, o quizás dejando ver que no se puede encontrar mucha
profundidad allí, en los textos de alguien que tenga menos de tres décadas en este mundo,
calculo que nunca leyó a Rimbaud, que esta a cien años luz de Margarit, claro, y esta
declaración de Margarit, piense, solo deja ver su dudosa capacidad de poeta. No hay reglas
señores, no las hay. Borges cometió uno parecido, al denostar a Cien años de soledad, bueno,
se nota el talento de Borges al leerlo, de eso no hay duda, pero pienso que valdría más, pasar
una noche con Arlt, Bukowski, Hemingway, que con la enciclopedia virginal de Borges.
Pecados que demuestran que escribir no es una gran ciencia, sino, un arte asesino. Escribir es
gratis y no me lo podrán quitar, por eso lo hago, quiero decir otra cosa sobre el arte en sí: es
el mago más despiadado, no importa el éxito y la guita que trae el éxito, importa hacer algo lo
suficientemente bueno como para que este “mago” llamado arte no te condene al peor
infierno: el olvido”.

Podés encontrarlo completo en: https://ceroobediencia.site/2026/05/24/relato-diario-de-ansiedad/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *