Fanzine “Guerra Total”. #02. TU ESCLAVITUD

Vos SOS esclavo, no importa que digas, SOS ESCLAVO Y YO SOY ESCLAVO, y lo serán también tus hijos como ya lo fueron tus padres.

Es un problema ser esclavo y no poder quitarse la venda de los ojos. Muchas cosas justifican la cruz de agachar la cabeza por un par de pesos.

Tristemente, hay más familias que amos, y los niños tienen que comer. Veo la familia y su concepción clásica como una cárcel, algo subjetiva, que lleva a convertirte en la mula perfecta. En un prostituta adicta. Bienvenida, bienvenido, a las caras ocultas.

Voto por golpear, al menos una vez en la vida, a nuestro patrón de turno. Y si no puedes golpearlo, humillarlos psicológica y verbalmente. Haciéndole saber que su sueño vale tanto como nuestra mierda.

Trabajé de desarrollador de software, fui técnico de PC, ayudante de electricista, repartidor, hice pantalones en un procesadora, di cursos de programación, tatué un puñado de pieles, fui dibujante de paredes, hice pastelitos para vender, vendí casas, administré una constructora, fui oficial electricista, volví a vender casas, puse una empresa de limpieza, mandé a la mierda a los clientes, anduve de delivery 3 años, abrí un taller de reparación de celulares, fui encargado de electrónica y electromecánica, insulte al jefe de taller, emprendí de nuevo, vino la policía y se llevó todo. Ahora escribo y corto el pelo… 

En todos los trabajos, sobre todo bajo patrón, vi 3 tipos de personas:

  • Los machos cabizbajos.
  • Los alcahuetes inservibles.
  • Siempre, el patrón explotador.



Pienso: hasta dónde un hombre o una mujer pueden aguantar el maltrato, ya sea esporádico, ya sea diario.

También, como es que una persona común y corriente, pobre como uno, puede mandar a un compañero a la hoguera por un aplauso o un visto bueno, y si esa persona educa hijos para actuar igual de miserable.

Por supuesto, en mis pensamientos también están los patrones, los jefes. (Con uno, todo terminó en golpes y comisaría).

NINGUNO ES COMO EN CASA.


Muchos hombres con los que compartí horario laboral, también tuve la suerte de compartir momentos de reuniones y asados con ellos, fuera del ámbito del trabajo. 

Sabes, muchos eran tipos duros (o eso parecían), de esos que nunca le faltan el respeto a nadie, pero que tampoco se lo puedes faltar a él. Recuerdo un caso específico de cuando trabajaba en un taller de camiones. El encargado del área de mecánica, tenía un trabajo extra los fines de semana. Hacía de seguridad de uno de los boliches de la ciudad. Lo conocido como “patovicas”. No tenía mucha altura, pero el tipo estaba cuadrado. Cuando he ido a su casa, y veía la relación entre el y sus hijos, o entre el y su esposa, y como reaccionaban a las anécdotas que él contaba, note que este hombre era un héroe y tenía a su familia felizmente maravillados…

Muchas veces, también vi si dureza de carácter para plantarse en situaciones un poco jodidas o peligrosas.
Ahora, una vez que entramos al galpón, marcabamos tarjeta y la jornada comenzaba, toda esa dureza de carácter y física, se evaporaba.

El primer día que arranque a trabajar allí, el jefe de taller vino a hablarme enojado, y se fue más caliente aún, no habían pasado tres horas desde que comenzó mi primer día y yo ya moría de ganas por enterrarle una llave en la cabeza. 

No lo sabía, en todo taller mecánico se habla mal, se jetonea, es parte de la “jerga” de ese contexto. Sin embargo, muchas veces la “jerga” se rompía y los insultos y el maltrato, iban en serio. Entonces, veía a este tipo rudo que describí anteriormente, y el agachaba la cabeza, cerraba la boca y aguantaba todo. 

Imagínense una persona con la cual no podríamos pelear ni dos minutos, nos mataría en ese plazo. Un tipo así totalmente entregado, mirándose los pies, mientras un hombre escuálido vestido de oficina lo humilla impunemente, es imposible que no se te rompa el corazón, por el tipo primero, y luego por lo indefenso que estamos frente al hambre o su posibilidad.

LOS ALCAHUETES

Toda aquella persona que trabaja 10 años o más en un proyecto que no es propio, no sirve absolutamente para nada. Ya no tiene alma, o jamás la tuvo.
Me he topado con varios de este tipo. Muchos repiten cosas parecidas, algo como:

– Yo por el patrón pongo las manos en el fuego.

– Al patrón le debo todo. Hay que cuidarlo.


Etc. Etc. Etc.
También he notado que se pelean por ver quién fue el último en hablar con el jefe y cuánto es que cada uno hablo con el mismo (refiriéndome a cuanto tiempo duró la charla). Por supuesto, si el argumento de la charla es importante, más valor tiene dentro del país de lame bolas:

– Ayer hablé con Pedro (el jefe). Si. Estuvimos hablando largo rato – se regocija.

– A mi me llamó está mañana – dice otro que no quiere ser menos.

– A mi me dijo que hoy, pase por la casa – sentencia el ganador, para envidia de los otros.


No entiendo la manía de querer estar con el jefe, de acompañarlo en los viajes o acompañarlo a elegir un auto para la jefa. Cuando el objetivo es cumplir todos los deseos de quien manda, en vez de hacer la tarea asignada y punto, el hombre se transforma en un cornudo. Un cornudo consciente, literalmente, como a ese hombre que lo engaña la mujer, y la misma le deja todas las migajas y ya sea por torpeza o a propósito, y el tipo no lo ve, un boludo de monumento.

– Hace 9 años que trabajo acá, estoy muy agradecido – me dijo uno sacando chapa. Le hice ver qué mientras el maneja una motocicleta 110cc sin plásticos y hecha pedazos porque no la puede mantener, el jefe actualizaba su auto importado todos los años, por supuesto, no me entendió.


Jamás podré entender el “porque” de una persona pobre, mandando al frente a otra persona pobre.
¿Para qué? ¿Para seguir siendo pobre?

Cuando uno está trabajando, el único objetivo es el cuello del patrón. Y, hay que erradicar eso de que “no hay amigos en el trabajo”. Esa, es la mayor victoria de ellos.

A LAS MANOS

El encargado general nos citó a todos en el depósito. Allí estaban todas las cuadrillas, el ingeniero, el arquitecto, los chóferes y el dueño de la empresa. Mí rol era el de oficial electricista, era el único de la empresa y me tocaba hacer ese servicio en todas las obras. Trabajé 2 años y literalmente les comí la cabeza a todos mis compañeros, tanto, que para cuando me fui, todos ganaban más que si trabajarán en la línea de producción de la importante fábrica de motos de nuestra ciudad.

Comenzó la reunión y el dueño se puso a mi derecha. Me odiaba tanto como yo a él, así que sospeche que habría problemas al ponerse tan cerca. Empezó a hablar diciendo que la economía estaba difícil, que había averiguado y nuestros sueldos estaban muy altos, nadie hablaba. 

Siguió con más bla, bla, bla y nadie decía nada. Semanas antes, me había enterado que un compañero le contaba todo lo que yo decía o planeaba. Él seguía hablando y todos estaban cayados, hasta que exploté. 

Sentí un grito a modo de reclamo al lado mío, gire la cabeza y vi venir una piña, el cuerpo la esquivo solo, de forma inconsciente, luego, una patada en las costillas me sacó el aire, como pude, logré tomarlo, agarrarme de su suéter a la altura del pecho y empecé a tirar golpes. 

Solo pude asestar dos directos en su rostro, caí al piso y sentí otra patada a la altura de los riñones. Vi que dos compañeros (el topo y Charizard) de levantaron y casi lo matan. Esa tarde nos ocupó a todos esperando en la comisaría.

A los meses, me crucé con el chico que le contaba al dueño mis dichos y planes. Estaba haciendo una changa como peón de albañil, arrastrando unos baldes llenos de mezcla. Me contó que por suerte agarró esa changuita, ya que el dueño de la constructora había estafado a cinco clientes (vendió las casas pero no las hizo) y con esa plata de fue a vivir a España. 

Fanzine “Guerra Total”. #01

Absueltos que aplauden, si, ellos aplauden motivos desconocidos, es gratis vivir así, desligados de todo, la gran obra maestra es haberte convertido en juez, jurado y verdugo.

Todo sin lograrlo vos, un regalo del cielo que no fue buscado, pero si aprovechado con goce y enojo, con énfasis el derecho no pedido de ciudadano

Nadie pelea por nada. 

El problema de aplaudir un conglomerado desconocido es abogar por la propia guillotina, que no lleva nombre alguno y que es tan indiferente que la justicia, cómo tal, filosofía y teoría, solo es un adorno, una especie de marco teórico para ilusos y drogadictos.


No es apoyar el crimen, ni nada de eso, es encauzar el diálogo: poder ejercido por humanos contra humanos.

¡Cuidado! Porque no estás exento de ser pobre o de ser un estúpido. En ambos casos sufrirás tu propio aplauso.


DETRÁS DE UN APLAUSO


Las soluciones inadecuadas nacen desde bocas comunes, esclavas. El olvido como premonición y la voz cualquiera como motor. Un tipo común, una mujer común, ancianos comunes, piden muerte, bombas. Derrumbar un edificio con todos los presos adentro.


“No sé pierde nada”, “por algo están ahí”, “se lo merecen”.


Confianza ciega. El poder excita y se auto-excita, te da lo que quieres, pero para la justicia, el hecho de que aplaudas sin contexto ni pruebas es: “el fin justificando los medios”.


Muchas veces, solo con un lugar y momento equivocado, es suficiente para caer en prisión. No tener nada en la billetera incrementa las posibilidades. Son miles los inocentes tras las rejas en este país. No es ser estúpido, es ver el funcionamiento judicial. Los fiscales aman encerrar, sin análisis, todo el supuesto de una causa es un supuesto ( en los casos inocentes ).


Pero, ¿Cómo una persona puede suponer las acciones y las motivaciones que como acusaciones caen sobre el inocente?
¿Cómo hace un rico para imaginar en dónde come, en dónde caga y cómo duerme un pobre? ¿Qué sueña su alma y cuál supuesto lo encierra?


Foucault sugería que “cierta” alma lograba hacerse cuerpo, y la justicia es adicta a esa clase de alma, al punto tal de necesitar inventar causas. También es importante preguntarse de donde nace el deseo de venganza de los aplaudidores, al punto de llegar al enloquecimiento de no reconocer inocentes de culpables. 

La historia de la evolución del poder logra hacerte a vos, víctima; la deuda es con la sociedad, es con vos, hombre bueno y noble. Viendo esto, emerge una trampa de doble filo. Por un lado, seas inocente o culpable, tu deuda es con todos, y al ser la sociedad la víctima, es esa masa infinita de gente, la que comienza a juzgarte. 

Pareciera que, extraños al victimario y a la victima, son quienes tienen el derecho y el privilegio del perdón. Por otro lado, al generalizar, se corre el peligro de cometer una absolución, pero ojo, este movimiento está calculado. 

Ya que quien condena, es la sociedad (en ese riesgo de auto – absolución judicial ) y no el debido proceso, por lo tanto, toda suposición, toda causa e investigación pareciera una mera etapa para y por la sociedad, es decir, dar un comunicado al público general. Convirtiéndose, la justicia, en un mecanismo perverso que necesita darle respuestas a la sociedad, y ya no tanto determinar de forma objetiva de la culpabilidad.


Seguí aplaudiendo querido, pero no te olvides que si jugamos tu sangre, no vamos a encontrar pureza. Solo tienes la economía para no estar en los momentos justos. Cómo un allanamiento a un amigo. 

No hay inocentes. Nuestra naturaleza es el error.


El funcionamiento actual de nuestro país, se parece mucho a la expansión y seguimiento étnico de los nazis. La única diferencia es que no extermina.

Me baso en que, el condenado, no solo es el que sufre en cuerpo y alma, también sus familiares tienen una gran carga de condena social, incluso sus amistades se interrogan preguntándose si quieren seguir siendo parte de ese círculo, o si es correcto, o si le traería problemas a su propio cuello. Por supuesto, todo sueño y alma desaparece.

Si toda condena no sería social, quizás la justicia se tomaría más tiempo en decidir si arruina o no una vida, si esto es merecido o no.

Siguiendo con este modelo que tiene facetas de los nazis de la segunda guerra, la gente de “a pie” no sabe que puede ser perseguida casi por cualquier cosa. Un engaño, una actitud egoísta, una pequeña ventaja, un castigo parental, un crimen atroz, cruzar justo por donde no debías cruzar, ser vecino de alguien, saludar, sonreír, felicitar con un apretón de manos a un criminal menor, casi insignificante, te puede convertir en el mayor monstruo sobre la tierra para cualquier fiscal de turno. 

No hay una delgada línea, no de gran trazo. Toda investigación carece del intelecto suficiente para lograr parcialidad, y estar o no en prisión depende de un momento, un lugar y si se está por casualidad allí o no, sin olvidar nunca la economía. 

El egoísmo, la trampa, la cobardía y el amor son nuestras monedas, y estoy seguro que si cualquier fiscal tuviera acceso a la cotidianidad y privacidad de cada persona, el 95% de la civilización humana, por el más mínimo detalle, conocería la prisión.